Y ya que desde este Foro hemos tratado las operaciones en el exterior
parece oportuno recordar la primera en la que participaron fuerzas españolas,
la operación “Provide Comfort”, (operación
“Alfa Kilo” –Ayuda a Kurdistán- en España), de ayuda humanitaria al
pueblo kurdo en el Norte de Irak.
Al finalizar la primera guerra del Golfo, 28 de Febrero de 1.991, la brutal
represión de Sadam Hussein contra la población kurda, utilizando incluso gases
contra algún poblado, había provocado una huida masiva hacia las montañas del
norte, en la frontera con Turquía e Irán, donde debido a las bajas temperaturas
del final del invierno y a la altura, más de 3.000 metros, la situación de la
población rozaba la catástrofe.
Estados Unidos lideró una operación multinacional de ayuda humanitaria, “Provide
Comfort” (“Proporcionar Alivio”), en cumplimiento de una resolución
del Consejo de Seguridad de la ONU del 5 de Abril para atender a la población
kurda. La operación se inició imponiendo a Irak una zona de exclusión aérea al
Norte del paralelo 36 y desplegando elementos de las fuerzas especiales
norteamericanas, que facilitaron el lanzamiento en paracaídas de la ayuda
humanitaria, mientras se llevaba a cabo el despliegue de las fuerzas terrestres
que iban a proporcionar seguridad, apoyar el regreso de los kurdos, organizar
campamentos de refugiados y estabilizar la situación.
Se había producido una feliz conjunción para España: Se acababa de firmar
el Acuerdo de Coordinación Alfa para articular la participación española en la
defensa integrada de la OTAN, que preveía la posibilidad de proyección exterior
del Ejército de Tierra. Ocupaba el puesto de Comandante Supremo de la OTAN en
Europa (SACEUR) el General John Galvin, amigo de España. Era Jefe del Estado
Mayor de la Defensa (JEMAD) el Almirante Granizo, que a su vez conectaba muy
bien con el Ministro de Defensa, Julián García Vargas, ambos muy competentes.
El resultado fue la decisión de enviar a Irak una fuerza terrestre en misión humanitaria
con elementos de Infantería e Ingenieros, un escalón médico avanzado y helicópteros
de mando y transporte.
No obstante, a finales de Abril del 91, el Gobierno español
no lograba su objetivo de que la Unión Europea Occidental (UEO) diese cobertura
a la ayuda militar que seis países europeos -Reino Unido, Francia, Holanda,
Bélgica, italia y España- habían decidido prestar a los refugiados kurdos en el
norte de Irak. La falta de coordinación entre los países europeos dejaba el
control de la operación en manos de Estados Unidos. De hecho, el coronel de
Ingenieros Juan Narro Romero[1]
y el comandante Germán Corisco, del Estado Mayor del Ejército, partían el
23 de Abril hacia la base turca de Incirlik, donde ya se encontraba el capitán Fernando
Alejandre (que ya había sido destacado como oficial de enlace unos días
antes por la BRIPAC[2]),
para crear una Oficina de Enlace ante el mando norteamericano de la operación.
Mientras tanto, el ministro de Exteriores, Francisco Fernández Ordóñez,
defendía en Estrasburgo (Francia), ante la Asamblea del Consejo de Europa, el
derecho de injerencia en los asuntos internos de Irak para ayudar a los
refugiados kurdos, enorgulleciéndose de que España estuviera "entre los
países que han dado un paso significativo para detener el horror".
Al mismo tiempo, el Estado Mayor de
la Defensa ultimaba directiva en la que se recogían las misiones y Reglas de
Enfrentamiento (ROE.´s) de los paracaidistas, que únicamente iban a portar
armas ligeras para protección personal. Por su parte, Defensa pedía a los
estadounidenses que facilitasen el traslado a la base turca de Incirlik de 10
helicópteros medios del tipo HU, para apoyar al contingente español enviado en
apoyo de los refugiados kurdos, a bordo, de los grandes aviones Galaxy y Starlifter
que hacían escala en Torrejón camino del Golfo. La Fuerza Aérea española
carecía de aviones con capacidad para transportar los helicópteros y la
petición formulada a Estados Unidos no era sino una devolución del favor que
hizo el Ejército español al norteamericano al inicio de la crisis del Golfo,
cuando varios Hércules de Zaragoza llevaron material estadounidense de Torrejón
a Incirlik.
Todas las fuerzas políticas se mostraron favorables a la operación de ayuda
militar a los refugiados, si bien algunas, como IU y el CDS, se quejaron del
método seguido por el Gobierno para adoptar la decisión. Fernández Ordóñez
dejaba entrever en el Senado su orgullo de que España esté "entre los
siete países que han dado un paso significativo para detener el horror"
que padecen los refugiados kurdos. El jefe de la diplomacia española acudió a
la Cámara Alta para responder a una interpelación del senador Roe Fuentes
(Izquierda Unida-Iniciativa per Catalunya) sobre la ayuda que el Gobierno
brinda a ese pueblo sin Estado. Hoy en día "el respeto de los derechos
humanos tiene una dimensión universal y, por tanto, ese problema dramático es
también nuestro problema. No obstante, he de subrayar que se trata de una
acción temporal que no cuestiona la soberanía ni la integridad territorial iraquí”.
De este modo se organizó la AGRUPACIÓN TÁCTICA “ALCALÁ”, al mando del
Coronel Francisco Ledesma Salgués (segundo jefe de la Brigada
Paracaidista) e integrada por la 2ª Bandera (reducida, 350 hombres) y personal
de ingenieros de la Brigada Paracaidista[3] (BRIPAC), una Agrupación
de helicópteros -12 aparatos, con sus correspondientes tripulaciones y personal
de apoyo- de las Fuerzas Aeromóviles del Ejército de Tierra (FAMET), el Escalón
Médico Avanzado (EQAV o EMAT) del Hospital Militar de Sevilla (17 personas),
una unidad de zapadores pertenecientes al Mando de Ingenieros (con cinco
ingenieros y cuatro excavadores procedentes de Zaragoza y Salamanca), una
Sección del Regimiento de Transmisiones Tácticas número 21, un destacamento de
la Agrupación de Abastecimiento núm. 1, y otro personal en diversas
organizaciones de mando y servicios de apoyo, jurídico, intervención, religioso
y pagaduría. En total, 635 militares apoyados por siete helicópteros, (dos
Chinook y cinco UH-1H), 80 vehículos todo terreno, 31 remolques, 18 motos y
cinco máquinas excavadoras[4]. Todos los integrantes del
contingente eran profesionales, Voluntarios Especiales o soldados del Servicio
Militar que se presentaron voluntariamente para la misión. El Ministro de
Defensa de entonces -Julián García Vargas- justificaba el cambio de criterio
del Gobierno, que (en una polémica decisión) mandó marineros de reclutamiento
forzoso en los barcos enviados al Golfo, asegurando que "al tratarse de
una misión humanitaria, parece lógico que se recabe la opinión de los
interesados".
En la rápida preparación de la fuerza, y luego en su sostenimiento, hay que
destacar el papel del Centro de Operaciones del Estado Mayor del Ejército,
COEME, de la BRIPAC y de las FAMET, que sin experiencias previas de lo que
suponía proyectar fuerzas a más de 4.000 kilómetros de distancia dieron una gran
muestra de profesionalidad.
La AGT. “Alcalá” comenzaría su misión el 26 de Abril, despegando de
Torrejón de Ardoz en dos C-130 Hércules españoles del Ala de Transporte
iniciando el movimiento del personal. Algunos elementos pesados (los
todo-terreno Nissan Patrol, por ejemplo, así como armamento,
municiones, ayuda humanitaria, tiendas de campaña, etc.) llegaron en
aviones Lockheed C-5 Galaxy norteamericanos. El resto del material (incluidos
los dos Chinook), vehículos, maquinaria de ingenieros, estaciones pesadas de
HF, venían por vía marítima en un mercante civil ro-ro (roll-on roll-off) hacia
el puerto turco de Iskenderun, la antigua Alejandreta.
Conscientes de la importancia de desplegar pronto en la zona, a las 72
horas de su llegada partía el Coronel Ledesma con el grueso de su fuerza, por
carretera, para recorrer (en autobús) en dos jornadas los 800 kilómetros de
distancia hasta Zakhu, la principal ciudad en el Noroeste de Irak, próxima a la
frontera con Siria, Turquía e Irán. Dicho trayecto se solía hacer con una escala en
el Centro Logístico Internacional, situado en Silopi, en donde los
paracaidistas pernoctaban: “El viaje en autobús, fue horrible: Al enorme
trayecto que teníamos que recorrer había que sumar la incomodidad y el hambre,
ya que sólo nos dieron una ración de previsión y dos botellas de agua a cada
uno para todo el camino. En cada autobús iban dos conductores, que se turnaban
para conducir, y también íbamos haciendo algunas paradas en pequeños pueblos,
para comprar algo o ir al servicio, además de que nos permitía estirar un poco
las piernas. Al llegar a Silopi, tuvimos un descanso. Aquello era, en
comparación con lo que habíamos visto y lo que veríamos al día siguiente, un
paraíso: Una pequeña ciudad montada en medio de la nada, pero en la que no
faltaba de nada. Como siempre, los yankees tenían que estar de por medio. Estos
tíos tenían de todo. Montaron un campamento con tiendas modulares en el que
podíamos encontrar desde cafés hasta una joyería (sí, una joyería/relojería, en
un campamento militar instalado en medio del desierto Iraquí). Me quede
alucinando. Lo que más me gustó fue el comedor: No sólo tenían de todo sino que
además disponía de aire acondicionado, algo que agradecimos, porque de día la
temperatura subía hasta los 40ºC. Como comenté, allí pasaríamos el resto del
día (llegamos a media mañana) y la noche en cómodos camastros. Y digo en
cómodos camastros, porque en comparación con el suelo frio y sucio iraquí, y
los asientos de madera del autobús, aquello hasta era cómodo”.
El contingente español sería el tercero en desplegarse (el grueso del
contingente se instaló en un edificio en ruinas que había sido un colegio,
compartido con una compañía de marines americanos), después de
americanos y británicos, integrándose en la Task Force Bravo. El EQAV se
desplazaría luego otros cien kilómetros al Este para situarse en Shiladiza, en
una de las principales avenidas de reflujo de refugiados, que empezaban a
iniciar el regreso a los valles. Este alargado despliegue se fue sosteniendo
desde España, a lo largo de toda la operación, con los vuelos semanales de
estafeta de un avión Hércules hasta Incirlik, prolongado desde aquí a Zakhu con
los Chinook, y luego hasta Shiladiza con Chinook y UH.1H. Más tarde, este
despliegue se reduciría, al replegarse sobre Zakhu el EQAV, y habilitarse al
Este de Zakhu un aeródromo de campaña que permitió los vuelos directos de
Hércules entre España e Irak.
Una de las primeras tareas a realizar fue la de acondicionar el
campamento: Montar las tiendas de campaña en las que se almacenaría la ayuda
humanitaria, rellenar sacos de tierra para hacer barricadas, limpiar, y
–obviamente- realizar servicios de vigilancia en todo el perímetro del
campamento... Los primeros 45 días en Irak, los CLP.´s únicamente se
alimentaron con las raciones de previsión, hasta que llegó el Grupo Logístico y
montaron las cocinas y pudieron “comer caliente”. Como la inventiva ibérica no
tiene límites, para enfriar el agua y mantener frescos los alimentos, compraban
a tres dólares barras de hielo a una furgoneta local, “las metíamos en un
bidón industrial, de esos metálicos, al que previamente le habíamos quitado una
de las tapas y habíamos llenado hasta la mitad de agua del río. Introducíamos
entonces las barras de hielo en los bidones con agua y ahí metíamos las bebidas
y demás. Ésas eran nuestras neveras (rudimentarias pero efectivas)”. Y con
el Grupo Logístico también llegaron los bazares, en los que se podían comprar
cervezas, tabaco, pilas, etc... Hasta ese momento, consumibles como el tabaco o
las pilas, las proporcionaban mercaderes ambulantes kurdos, “pero que ni
sabíamos qué estábamos fumando, ni sabíamos de dónde procedía o si estaba caducado.
En fin... Un riesgo más. El tabaco que comprábamos en el campamento, sabíamos
que venía de España y que estaba en condiciones. Y, sobre todo, las pilas
funcionaban (las de los mercaderes sólo duraban unas horas, ya que nos las
vendían semi-gastadas (eso sí, cuidadosamente empaquetadas, de tal forma que
parecían nuevas). Cámaras de fotos, carretes, ron, whisky, zumos enlatados,
dinero iraquí… Hasta pistolas nos vendían. El mercadillo ambulante podía traer
cualquier cosa, incluso a algunos llegaron a proponerle cambiar un bebé por una
tienda de campaña. Todo se compraba, y todo se vendía…”[5]
El 13 de Mayo atracó en Iskenderún el “J.J. Síster”, buque fletado
por Cruz Roja española, que transportaba la ayuda recogida a lo ancho de la
geografía española y los helicópteros. Con el apoyo del Cónsul de España en la
zona, Sr. Butros, se organizó el transporte de esta ayuda con un centenar de
camiones turcos de gran tonelaje, que la transportaron hasta nuestras tropas en
Irak. Aunque hubo algunas dificultades debidas a su falta de “paletización”.
Aparte de instalar el hospital de campaña del EMAT, construir y
acondicionar posibles campos para alojar a los 10.000 refugiados que huían de
Saddam (así como imponer el orden en el interior de los campos), transportar
material mediante helicópteros y proteger y defender las instalaciones de
posibles ataques externos, REPARTIR LA AYUDA HUMANITARIA también entraba dentro
de las funciones de la AGT., aunque con la instalación de los puestos de
control, la principal tarea se centraría en vigilar los pasos fronterizos
(principalmente, el puente que servía de frontera con Turquía, sobre el río
Khabur), registrar todos los vehículos que pasaran por ellos y requisarles el
armamento que llevaran. Los paracaidistas se iban turnando en los check-points
(cada día vigilaban un puesto distinto, aunque también se dio el caso de que
una Sección quedó asignada a un “Charly-Papa” durante varios días
consecutivos). Los turnos eran de 12 horas las guardias y de 24 horas los
retenes: De los tres pelotones que formaban una Sección, uno de ellos hacía de
retén y los otros dos conformaban la guardia. La misión del pelotón de retén
era relevar a los pelotones de guardia para que estos pudieran ir a comer y
descansar un poco. Ya tocara uno u otro servicio, la tensión era constante: Los
de la guardia, porque en cualquier momento podían aparecer algunos insurgentes
en un vehículo y atacar a la guardia o inmolarse en un coche bomba; y los
retenes, por el peligro de ser asaltados en el trayecto de relevo a la guardia,
o pisar alguna mina por el camino… Afortunadamente, nada de esto ocurrió.
El contingente español, además de proporcionar seguridad en el entorno de
Zakhu, transportó refugiados, construyó, organizó y abasteció campamentos de
refugiados, y distribuyó la ayuda humanitaria española, y el EMAT –efectiva y
finalmente- instaló un hospital de campaña donde atendió a una numerosísima
población kurda. Se repartieron más de 110 Tm de alimentos, 560 Tm de ropa y
calzado, más de 150 Tm de diverso material y se utilizó una tonelada de
productos farmacéuticos. Se puso de manifiesto, además de su profesionalidad,
que nada tuvo que envidiar a la de otros contingentes con más experiencia
internacional, una característica que ha sido constante en todas las operaciones
que luego han llevado a cabo fuerzas españolas: la facilidad de conectar y
entenderse con todo tipo de culturas, cosa que ya nos viene de antiguo. Como
muestra del buen hacer español los notables kurdos entregaron al Coronel
Ledesma un mensaje de agradecimiento a España.
Mensaje de
agradecimiento
"Al
Gobierno español: En nombre de las tribus kurdas en Duhuk y Zakho en el
Kurdistán de Irak, les agradecemos sus esfuerzos y su ayuda a nuestro pueblo
kurdo para remediar el desastre y sus miserables condiciones.
Nunca
olvidaremos la defensa y los esfuerzos que han hecho por nosotros y la historia
la escribirá con letra de oro. Esperamos que continúen ayudando a los pobres y
a los humildes por todo el mundo. Damos gracias a España y a su gran reputación
de justicia desde el fondo de nuestros corazones.
Los mejores
deseos para ustedes, vida y victoria para el pueblo español".
El hoy Teniente General Narro, participante en la Misión, destacaba para la
revista “Atenea” algunas experiencias obtenidas durante la Operación
“Alfa-Kilo”, muchas de ellas sumamente válidas y aplicables en misiones
posteriores: Para comenzar, “la importancia de una organización modular y
flexible que se adaptase a una rápida evolución de una situación que en
cuestión de días pasó de requerir transporte de refugiados, el suministro de
ropa de abrigo y un fuerte apoyo sanitario, a la necesidad de construir
campamentos y proveerlos de tiendas de campaña (las cónicas, cuyo diseño se
mantiene desde la guerra de Marruecos y han alojado a varias generaciones de
militares españoles, tuvieron un magnífico uso), y más tarde a sostenerlos y
garantizar el suministro de agua que era el elemento más crítico.
También destacaría la necesidad de desplegar en tiempo
oportuno, no sólo por las ventajas de optar a las misiones más convenientes
desde un punto de vista nacional sino para responder con precisión a las
necesidades; algún contingente aliado desplegó en Darkarajan (localidad cercana
a Zakhu) un impresionante hospital de campaña con capacidad para 300 camas,
cuando los refugiados ya estaban asentados en sus campamentos y la situación
sanitaria se había estabilizado, con lo que resultó prácticamente inútil. La
gestión de la ayuda humanitaria, transporte, almacenamiento, distribución y -no
menos importante- la seguridad (ya que a veces en la propia distribución se
podían producir serios tumultos, como sucedería años más tarde en Umm Qsar) únicamente
es eficaz si se lleva a cabo por una organización militar o se cuenta con su
apoyo, ya que si no se garantiza una mínima seguridad no puede haber ayuda
humanitaria.
En lo que respecta al Cuartel General aliado hay que
resaltar la importancia de una cadena político-militar de decisiones, ágil para
responder a una situación en continuo cambio, ya que se plantearon a menudo
situaciones en las que era necesaria una decisión que desbordaba al ámbito
militar por sus connotaciones políticas o por no coincidir los intereses del
mando de la operación con los españoles: por ejemplo, si un soldado español podía
patrullar con uno británico y otro americano en Zakhu; o el procedimiento a
seguir si se entregaba o se detenía a algún prisionero de guerra iraquí. Los
elementos de comunicaciones, terminal satélite portátil y estaciones de HF
garantizaron las comunicaciones entre Zakhu e Incirlik y de ambos con España y,
gracias a ellos y al apoyo del 2º JEME, General Faura, y del Jefe del Estado
Mayor Conjunto, JEMACON, General Romero Alés, la respuesta de España se produjo
siempre en tiempo oportuno, mucho antes que la de otros aliados”[6].
A primeros de Junio la seguridad estaba totalmente controlada, la situación
humanitaria era estable y se dio por finalizada la operación. A pesar de los
kilómetros recorridos por difíciles carreteras, de las horas de vuelo y de la abundancia
de minas contra personas, no hubo ni accidentes, ni bajas, como
desgraciadamente les ocurrió a otros aliados. De haberlas habido quizás
hubiesen repercutido muy negativamente en la posibilidad de participar en las
misiones posteriores. Y aunque no se reportó en España, sí hubo pequeñas escaramuzas con
los insurgentes: Algunos tiroteos esporádicos que, afortunadamente, se saldaron
sin víctimas y no pasaron de meros sustos… Muchas veces concluidos con la
presencia de los helicópteros artillados o los A-10 “Thunderbolt II” estadounidenses.
La única noticia que tímidamente trascendió en los medios de comunicación
hispanos fue la emboscada a un convoy que transportaba ayuda humanitaria al
hospital del EMAT en Shiladiza: “Nuestro camión iba el último de la
formación y no llevábamos la lona puesta para ir más frescos (lo que, por otra
parte, también aseguraba un objetivo más claro) y esto lo aprovecharon los
guerrilleros para avisarnos de que estábamos siendo vigilados, disparándonos
desde una cota varias ráfagas de kalashnikov, que pasaron por encima de
nuestras cabezas. Inmediatamente, el convoy se detuvo. Todos saltamos del
camión y nos tiramos al suelo, recibiendo la orden de abrir fuego a discreción.
La verdad es que no sabíamos dónde se encontraban los que nos habían disparado,
sólo sabíamos desde qué dirección venían las balas, por lo que abrimos fuego,
pero sin saber hacia dónde disparar exactamente. Yo vacié mi primer cargador en
un momento, disparando a ráfagas, pero cuando lo acabé y me disponía a
cambiarlo el Teniente nos ordenó alto el fuego, ya que no habíamos recibido
respuesta del enemigo. Nunca pudimos comprobarlo, pero todos tuvimos la
sensación de que no dispararon a matar, de que sólo eran un aviso de los
guerrilleros: Esa gente habían aprendido a disparar antes de aprender a
escribir y, además, llevaban AK-47 (un arma letal en manos de un buen tirador).
También tuvimos la sensación de que los que nos dispararon fueron los
"Peshmergas" (guerrilleros kurdos), es decir, los que se suponía que
estaban de nuestro lado…”[7]
El repliegue de la fuerza se hizo en dos buques de transporte de la Armada,
el “Castilla” y el “Casado”, que ahora sí estaban disponibles, y
embarcaron en el citado puerto el 21 de Junio. Los helicópteros volvieron
volando a España en varios saltos y algunos elementos rezagados lo hicimos en
Hércules el 25 de Junio. El Teniente Coronel Alamán me sustituyó en el Cuartel
General aliado, ya que una Compañía de la Brigada Paracaidista continuaría en
el territorio, encuadrada en las fuerzas multinacionales, hasta el mes de Julio
de ese mismo año.
Aquella Misión supuso para los componentes de la BRIPAC un desafío
personal: Fue más una guerra psicológica que un conflicto bélico, dado que “el
enemigo” podía ser cualquiera y eso les obligó -en cierto modo- a fiarse
únicamente de sí mismos durante aquellos 96 días…
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¡DESPERTA, FERRO!
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[2] El Capitán Alejandre organizó una entrevista con el General Zinni -Jefe del
Estado Mayor multinacional- donde se concretó la participación española,
pendiente de la aprobación de las autoridades. Un rápido viaje de
reconocimiento en helicóptero a la zona de operaciones permitió algunas
variaciones sobre la marcha de la fuerza que ya estaban preparando el traslado
(una de ellas, por ejemplo, fue constatar que el gélido clima del momento iba
rápidamente a cambiar hacia un clima continental extremado, de elevadas
temperaturas, lo que permitió modificar el equipamiento de nuestros efectivos).
[3] En total, 586 efectivos.
[4] Otros mandos españoles eran el Teniente Coronel Alamán (que mandaba la 1ª
Bandera Paracaidista) el Teniente Sevillano, al mando de una Sección de
Ingenieros -todos de la BRIPAC-; el Teniente Coronel Salas (quien mandaba la
unidad de helicópteros de las FAMET) y el Comandante Leiva, que lo hacía del
EQAV.
[5] Cabo 1º Paracaidista Daniel López
Romero. Revista “Boina Negra”, Julio de 1.991.
[6] Tte. Gral. Juan Narro: “La
Operación Alfa-Kilo en Kurdistán”. Revista “Atenea”, No 8
(páginas 46-51).
[7] CLP José Manuel Mendoza,
perteneciente a la 1ª Bandera, 2ª Compañía, de la Brigada Paracaidista. Pedro
Pérez-Espinosa: “Provide Comfort: Disparos en el Kurdistán”. Diario “El
Sol”, 19 de Mayo de 1.991.
Gran error, donde dice:"De este modo se organizó la AGRUPACIÓN TÁCTICA “ALCALÁ”, al mando del Coronel Francisco Ledesma Salgués (segundo jefe de la Brigada Paracaidista) e integrada por la 2ª Bandera (reducida, 350 hombres)" Debería decir I BANDERA "ROGER DE FLOR" y completada con la 7ª Cia de la II Bandera "ROGER DE LAURIA".
ResponderEliminarcierto
ResponderEliminarTambién fuimos varios de la 10 cía 6 cía que yo sepa.
EliminarTambién fuimos varios de la 10 cía 6 cía que yo sepa.
Eliminar...También fue Ingenieros (transmisiones), Binpac
ResponderEliminar...También fue Ingenieros (transmisiones), Binpac
ResponderEliminarY tambien algunos de la 8 cia
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