sábado, 26 de enero de 2013

ESPAÑA EN LA GUERRA DEL VIETNAM

Puente España
Algo que, a menudo, se ha producido en nuestra Historia: Antes de "Apocalypse Now", "Platoon" o "La Chaqueta Metálica", Militares españoles estuvieron en Vietnam (primero en 1858 y luego en... ¡1966!): Todo comenzó en 1965: El presidente Lyndon B. Johnson solicitó al general Franco el envío de tropas españolas a la guerra de Vietnam. Johnson deseaba que su guerra fuera –de algún modo- “glorificada” internacionalmente. Franco, después de largos días de debate, se negó. Algunos de sus consejeros, principalmente el teniente general Agustín Muñoz Grandes, recomendaban vivamente al jefe de Estado que España participase en esa guerra porque la bandera roja y gualda debía ondear al lado de la de Estados Unidos, la australiana con sus 15.000 soldados o la de Corea del Sur con unos 20.000. Pero Franco ya intuía en fechas tan tempranas que era una guerra perdida: En Agosto de ese mismo año Franco envía una carta al presidente Johnson en la que le manifestaba sus simpatías por la guerra de Estados Unidos en Vietnam. Pero el dictador español también le anunciaba la derrota americana: "Política y militarmente su guerra la tienen perdida debido a que el comunismo social agrada al pueblo vietnamita ya que ofrece más posibilidades que su sistema liberal occidental". Es más, el general -según consta en la misiva que se conserva en los Archivos del Departamento de Estado norteamericano- le espetó al presidente estadounidense: “No conozco a Ho Chi Minh, pero por su historia y su empeño en expulsar a los japoneses primero, a los chinos después y a los franceses más tarde, hemos de conferirle un crédito de patriota al que no puede dejar indiferente el aniquilamiento de su país. Y dejando ahora su carácter de duro adversario, podría ser, sin duda, el hombre de esta hora, el que Vietnam necesita”…
Entrada Misión Sanitaria

El 16 Diciembre del 65 el Secretario de Estado, Dean Rusk, se prepara para apremiar a Franco. Las Fuerzas estadounidenses necesitaban con urgencia que médicos acudan a la provincia de Gò-Công, en pleno delta del Mekong, donde -calculaban- cubrirían las necesidades sanitarias de 60.000 personas, según se desprende del informe personal y confidencial que le entregaron a Rusk en la fecha indicada. Rusk insistió y finalmente la respuesta a la urgente petición americana de ayuda se inscribió oficialmente en el marco de los acuerdos entre España y Estados Unidos a través de la Oficina de Asistencia Militar del Mundo Libre (FWMAO, en inglés) y el servicio quedó bautizado como MISIÓN SANITARIA ESPAÑOLA DE AYUDA AL VIETNAM DEL SUR. Pero el “Generalísimo” tenía muy claro que España no contribuiría a la victoria propagandística de los americanos y decidió en última instancia enviar de forma secreta la misión médica militar.


La decisión se tradujo en un documento confidencial del 26 de Abril de 1966, del Estado Mayor Central dirigida a la Jefatura de Sanidad para reclutar a médicos y ATS voluntarios. Sólo se alistaron 12 personas (cuatro médicos, siete enfermeros y un oficial de Intendencia, rama de mecánica). Con la presencia de estos médicos militares en Vietnam Franco aplacaba las persistentes demandas del gobierno norteamericano. Fueron reclutados aquí y allá en secreto, hasta el punto de que varios estaban destinados en el desierto del Sáhara y unas horas después se vieron caminando en plena vegetación vietnamita… A finales de 1967, un año después de su llegada, se produjo el primer relevo aunque cuatro expedicionarios solicitaron continuar. Y de este modo, durante cinco años se estuvo enviando un reemplazo -12 personas- cada seis meses. Algunos se reengancharon y llegaron a estar cinco años, como el subteniente-practicante José Bravo López-Baños, que no regresó a España hasta 1971, o tres años y medio como el capitán Gutiérrez de Terán. En total una treintena de militares participaron en la misma, entre médicos, practicantes, capellanes, intendentes y especialistas.

A su vuelta a casa esperaban el reconocimiento público del pueblo español. Pero la realidad fue la misma que cuando se fueron: SILENCIO ABSOLUTO, tal como les ordenaron. No se les recibió como héroes, sino que se les conminó al ostracismo…
Entrada al "Hospital"

El “pequeño, deteriorado e insuficiente hospital” como describe en un informe oficial del Ejército español el dispensario provincial de Gò-Công era una de las pocas esperanzas en la zona contra el paludismo, el tétanos, la metralla y el napalm: Se trataba de un vetusto edificio, pintado de color amarillo y en estado casi ruinoso, construido durante el periodo colonial francés y rodeado por dos pabellones de planta baja y otro algo más alejado que hacía las funciones de quirófano -donde operó el equipo de cirujanos encabezado por el capitán José Linares Fernández, que contó durante los dos primeros meses con el apoyo de tres doctores civiles de la Asociación Médica Americana (AMA) en calidad de consejeros-. También había una sala de mujeres, un postoperatorio, un laboratorio donde trabajó el teniente practicante Manuel García Matías, una sala adaptada para radiología, un espacio para pediatría compuesto por dos salas pequeñas con veinte camas que atendía diariamente a unos 60 niños y un consultorio general… El general Antonio Velázquez, uno de los miembros de la primera expedición, recordaba: “El hospital era un antiguo edificio colonial, que se caía, sin condiciones sanitarias. Se hacinaban 150 camas y hasta 400 enfermos (por lo que lo más frecuente era que varios pacientes compartieran cama y que debajo se acomodaran los acompañantes). No teníamos material médico. Nos lo tenían que dar los americanos o los guerrilleros”. Los medicamentos y el plasma eran escasos, pese a la extendida idea cinematográfica de que la logística americana era capaz de llevar helado de postre a los combatientes en primera línea.

General A. Velázquez (entonces Teniente Médico)
Administrativamente, los médicos españoles dependían de dos organismos estadounidenses, el que les abastecía de medicinas e instrumental y el que se encargaba de los vehículos y el combustible. Además los norteamericanos les proporcionaron un equipamiento básico, que comprendía un chaleco antifragmentos, un fusil de asalto M-14 y una pistola Colt 45, que los españoles utilizaban en sus guardias. Pero éstos se cuidaron de distinguirse de los estadounidenses: En su uniforme de jungla del U.S. Army cosieron una bandera española bordada en el brazo para distinguirse de los GI y de los marines. Como explica uno de los militares movilizados: “Salimos de España muy discretamente. El Gobierno no quería hacer público su apoyo a Estados Unidos, aunque oficialmente estábamos con Vietnam del Sur. Se montó una buena discusión en las Cortes de entonces porque el ministro de la Guerra quería mandar tropas a luchar contra el comunismo, pero el ministro de Exteriores, Castiella, se opuso, y Franco cortó la polémica con la decisión de que fueran militares sanitarios, pero no combatientes. Los americanos querían que se viera que allí había un país occidental, pero Máximo Cajal, entonces embajador en Tailandia, se afanó en que nuestra presencia resultara casi invisible, hasta el punto de que no quería ni que lleváramos uniforme”. 

Fiesta española en tierra extraña
A pesar de ello, algunos médicos optaron por lucir el atuendo del Ejército español con el que llegaron al país para así evitar ser confundidos con los norteamericanos: “Queríamos diferenciarnos de la guerra”. En el patio del hospital ondeaba la bandera rojigualda y los médicos españoles se dirigían a sus pacientes en francés y no en inglés. La actividad desplegada por la misión española fue de tal magnitud -durante los primeros seis meses atendieron a más de 23.000 pacientes- que gozó del reconocimiento de los lugareños. Así fue como la población autóctona les identificó como tai-ban-nha, que en lengua vietnamita significa “LOS ESPAÑOLES”, siendo las relaciones tan buenas que los habitantes de Gò-Công nombraron a uno de los puentes que cruzaban los brazos del delta del Mekong can tai-ba-nha, que significa “Puente de España”. Lamentablemente ya no existe.

Formados
Los miembros de la Misión Sanitaria Española también estuvieron bien considerados por parte de los militares survietnamitas y norteamericanos que les llegaron a condecorar en tres ocasiones, otorgándoles la Medalla de Honor de 1ª clase y la Medalla de la Campaña del Ejército survietnamita y la Medalla al Mérito en el Servicio del Ejército de Estados Unidos. A algunos, como el capitán Linares, les fue impuesta la Estrella de Bronce en la embajada norteamericana bajo el más absoluto secretismo. La misión española llegó a recibir incluso la visita del máximo responsable de las tropas norteamericanas en Vietnam, el general William Westmoreland, al mando del XVIII Cuerpo Aerotransportado.

Equipo
Pero, no hay que llevarse a engaño. Gò-Công no era un lugar cómodo. “Llegamos y la misma noche nos bombardeó el Vietcong”, recordaba el general Velázquez. Estaba cerca de la ruta Ho-Chi-Minh, por donde cruzaban los vietcongs y el delta del Mekong era uno de los lugares donde se combatía más ferozmente. Cada noche los vietnamitas minaban las carreteras cercanas al hospital de los españoles y por la mañana los artificieros norteamericanos se dedicaban a limpiar los accesos al mismo. “Las dos veces que tuve que ir a ver al equipo médico español en Gò-Công, tuve que hacerlo en helicóptero porque las carreteras estaban controladas por guerrilleros del Vietcong”, declaraba el Embajador Cajal. Tampoco las visitas a domicilio del equipo del capitán médico Francisco Faúndez Rodríguez a las aldeas de los cuatro distritos de la provincia (Hoa-Binh, Bin-Thang, Hoa-Lao y Hoa-Dong, en total unas 180.000 personas) fueron seguras ya que en las carreteras había francotiradores vietnamitas apostados entre los arrozales adyacentes, ello provocó que los desplazamientos en jeep se realizaran a grandes velocidades "por si disparaban desde entre los arrozales" en palabras del hoy Coronel Faúndez. "No teníamos miedo porque no valorábamos el peligro real que corríamos. A 40 grados con un 90% de humedad los objetos no se perciben igual, las situaciones no parecen las mismas”. Una vez en la población los sanitarios anunciaban su presencia mediante unos altavoces. Allí, con la ayuda de un enfermero y un traductor local entregaban medicinas para paliar enfermedades endémicas y vacunaban a los niños. “Los americanos nos proporcionaban la medicación, pero a veces no llegaba a tiempo. Si conseguíamos llevarla, el Vietcong la robaba”, comentaba el veterano Coronel.

“En estas salidas es cuando más se apreciaba nuestra labor. Atendíamos a impedidos, embarazadas, recién nacidos… Siempre rodeados del cariño popular. Los españoles éramos muy queridos por aquellas gentes; ese afecto es uno de los recuerdos más gratos que conservo de la misión. Si bien es cierto que, como casi todo en la vida, tiene su otra cara, y la negativa diremos, en honor a la verdad, que cuando cogían prisioneros a los del Vietcong se les encontraba armamento americano y medicamentos dados o suministrados por estas visitas o consultas llamémoslas propagandísticas, con fondo político, pero no así por nuestra parte”. 

La jornada de trabajo española en Vietnam abarcaba de las ocho de la mañana a las seis de la tarde. Las horas muertas las empleaban en jugar al dominó o al ajedrez o en escribir cartas. De lo que sucedía en España no tenían más noticias que las suministradas por la familia por correo y las noticias de algún periódico que llegaba con quince días de retraso. Para rebajar la tensión bélica, consiguieron acudir por turnos fines de semana a Saigón. 

Era una guerra invisible. “Oíamos como nos ametrallaban al amanecer casi cada día. Lo oíamos, pero no veíamos nada por las plataneras. Nos lanzaban granadas de mortero todos los meses”. No obstante, “todos los médicos éramos respetados”, afirmaba el General, tanto por los vietnamitas de uno como de otro lado. Una vez atacó el pueblo la guerrilla del VC y también la cárcel. Ninguno de ellos tuvo que utilizar las armas que les habían proporcionado excepto uno de los médicos españoles que salió con el casco puesto para ver qué era lo que pasaba... Excepto aquella noche, no hubo más incidentes que reseñar durante su Turno. El comportamiento humanitario de los militares españoles fue reconocido incluso por el “enemigo”: Sin lugar a dudas, el momento de máxima tensión vivida por la misión española fue durante la llamada Ofensiva del Tet (el año nuevo lunar vietnamita). El 3 de Febrero del 68, el Vietcong asaltaba la prisión de Gò-Công liberando a doscientos reclusos. El hospital no se libró de las escaramuzas de la guerrilla dada su cercanía con el cuartel general del Estado Mayor survietnamita. El edificio fue atacado una noche con granadas de morteros y fuego de ametralladoras, causar dos heridos por metralla entre los suboficiales españoles, Joaquín Baz Sánchez y Ramón Gutiérrez de Terán, y ocho bajas entre los soldados survietnamitas acuartelados en el recinto sanitario. El edificio también resultó afectado ya que la metralla atravesó el techo y acribilló las literas vacías que acostumbraban a ocupar los españoles. Así que por las noches, cuando los vietcong intensificaban el fuego, los españoles solían recluirse en el recinto matando el tiempo jugando a cartas, departiendo con los soldados norteamericanos -principalmente tejanos y portorriqueños- convalecientes en el hospital o leyendo las misivas de sus familiares que les llegaban con ocho días de retraso.

“El héroe de aquella noche fue el capitán médico Merlos Saldaña. Cerca de nuestra casa se hallaba la residencia del Estado Mayor Conjunto. En un momento del bombardeo se oyó gritar en el edificio: Había resultado herido un sargento americano. Sobre ellos caían las granadas de mortero mientras que la explanada que separaba los dos edificios estaba siendo batida por fuego de fusilería. Merlos, al escuchar los gritos de auxilio, cogió un maletín con instrumentos de urgencia, atravesó aquel infierno de proyectiles y metralla, sabe Dios cómo, y logró llegar hasta el edificio del Estado Mayor. Una vez dentro curó al herido y, cuando pudo, regresó de nuevo a nuestra residencia. Unas horas más tarde trabajaba en el hospital como si tal cosa. Poco después le fue concedida por Estados Unidos una medalla por su valor. Este es un episodio que debe conocer la Sanidad Militar española para orgullo de los que forman parte de ella”. 
Efectos del Tet
En el informe sobre el incidente consta que tras el ataque, soldados del Vietcong detuvieron los vehículos en los que se viajaban por la región los médicos de la misión española y les pidieron perdón por los daños, porque la guerra no iba contra ellos. Había razones para dicha disculpa: el 70 % de la población atendida en la misión española eran vietcongs… “No existía un férreo control sobre la militancia de los pacientes: “En el ámbito sanitario gozábamos de plena libertad. Nosotros éramos conscientes de que muchos pacientes que durante el día acudían a las consultas al llegar la noche formaban como zorros o coyotes en las guerrillas, pero, aun suponiéndolo, nunca hicimos distinción entre los enfermos. Esta forma de actuación nos favoreció en el ámbito de la seguridad y hasta de la simpatía general. Insisto: Los españoles éramos casi reverenciados por los nativos del delta”, recordaba Terán. 

El número de heridos evacuado en helicóptero entre 1.966 y 1.973 fue de 372.947, habiendo recibido asistencia médica diversa un total de 496.022 combatientes. Algunos de ellos estuvieron bajo cuidados hispanos… En Vietnam del Norte los militares españoles tuvieron el reconocimiento que les fue negado en su país. En Septiembre de 1971 Franco ordenó el retorno de los últimos expedicionarios. Su vuelta fue ocultada hasta el punto que ninguna autoridad, ni política ni militar, recibió a los militares españoles movilizados a su regreso a España. Así fue como acabó su aventura vietnamita. Ya no volvió nadie más y un año después se produjo la desbandada del Ejército norteamericano. Definitivamente había terminado la guerra en Vietnam, un conflicto cuyas secuelas aún parecen perdurar en la población local de aquel país… 

MIEMBROS DE LA PRIMERA EXPEDICIÓN:

Argimiro García Granados (comandante médico, radiólogo y jefe de la Misión Sanitaria), José Linares Fernández (capitán médico, cirujano), Luciano Rodríguez González (capitán médico, medicina general), Francisco Faúndez Rodríguez (capitán médico zamorano que se encargó de las consultas externas, se encontraba destacado desde hacía un año como Jefe de las Tropas Nómadas en la población de Smara, situada en el Sáhara Occidental, llegó al grado de coronel), Manuel Vázquez Labourdette (capitán de intendencia, oficial que ejerció de administrador y enlace con el Ejército norteamericano), Manuel García Matías (teniente practicante, laboratorio), Francisco Pérez Pérez (subteniente, anestesista), José Bravo López- Baños (subteniente practicante, a su regreso se incorporó a la COE-41 de Barcelona ubicada en el cuartel del Bruch), Joaquín Baz Sánchez (brigada, reanimación y pediatría), Juan Pérez Gómez (brigada, ayudante consultas externas), Juan Outón Barahona (brigada, ayudante de cirugía)y por último Ramón Gutiérrez de Téran Suárez-Guanes (brigada, ayudante de cirugía, antes de ser enviado a Vietnam estaba destinado en la Agrupación de Banderas Paracaidistas, posteriormente llamada BRIPAC).
Rerseña en los peridódicos vietnamitas

INTEGRANTES DEL PRIMER RELEVO:

Manuel Fernández Sánchez (comandante médico), Vicente Peláez Montalvo (capitán médico), Guillermo Antona Gómez (capitán médico), Antonio Díaz Martínez (teniente médico), Antonio Pérez de Prado (suboficial practicante), José Bravo López- Baños (subteniente practicante, reenganchado), Carlos Varea Martínez (suboficial practicante), José Bello Rivadulla (suboficial practicante), Elías Arnal Bernal (suboficial practicante), Francisco Sousa Barragán (suboficial practicante) y Carlos Martínez Martínez (brigada especialista). 

ÚLTIMOS COMPONENTES DE LA MISIÓN SANITARIA ESPAÑOLA: 

Secundino Sáez García (comandante médico), José Linares Fernández (capitán médico, cirujano, reenganchado de la primera misión), José Rojas Jiménez (capitán médico), Francisco J. Pérez Capellán (capitán médico), Guillermo Antona Gómez (capitán médico, reenganchado segunda misión), Ramón Gutiérrez de Téran Suárez-Guanes (brigada, ayudante de cirugía, reenganchado primera misión), Lorenzo Vellido Ortega (suboficial practicante), José Bravo López- Baños (subteniente practicante, reenganchado en las tres misiones), Bonifacio Heras Herrero (suboficial practicante), Manuel Graña Francisco (suboficial practicante), Juan Outón Barahona (brigada, ayudante de cirugía, reenganchado de la primera misión), Francisco Sousa Barragán (suboficial practicante, reenganchado segunda misión) y Carlos Martínez Martínez (brigada especialista).


4 comentarios:

  1. Muchas gracias por este artículo. Me interesaría muchísimo contactar con alguno de los médicos que allí estuvieron, y de forma muy especial con cualquiera que haya subido realizando un medevac a un helicóptero. Quizás podría ser el Dr. Juan Outón Barahona. ¿Vive?¿Hay posibilidad de contactar con él? Estoy realizando un libro de testimonios de tripulaciones HEMS, (Helicopter Emergency Medical Services) con fines benéficos. Mi nombre es Valentin Rio (valentinrio@gmail.com) Gracias anticipadas.

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    1. Es muy dificil que todavia quede alguno con vida. Mi abuelo tendria ahora 90 años. A mi tamb m gustaria encontrar a alguien que me pudiera hablar de esto y de el.

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  2. Parece mentira que no se hagan mas menciones a estos grandes hombres. Mi abuelo fue uno d ls suboficiales que fue a alli. Y sta olvidado como los demas despues de su valentia.

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  3. El teniente coronel D. Juan Outón falleció en el año 2010. Residía en la capital gaditana. Este año, al cumplirse 50 años de aquella misión en Vietnam, el Colegio de Enfermería de Cádiz le hizo un homenaje póstumo. Ver http://coecadiz.com/2016/06/el-colegio-de-cadiz-homenajea-a-sus-mayores-en-la-ceremonia-de-los-colegidos-de-honor-2016/

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