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viernes, 31 de agosto de 2018

POETAS GUERREROS

Siempre me han evocado estas palabras a quienes tanto brío dieron a la pluma como a la espada.


Gran parte de nuestros soldados de los siglos XV al XVII dejaron muestras de sus inquietudes para contar hechos militares o curiosidades de aquella época. Hubo genios como Cervantes, Calderon o Lope de Vega que participaron en hechos militares. Cervantes en Lepanto, Calderon en la Guerra de los 30 años o Lope en la toma de Portugal. No...Quevedo no fue militar y no...tampoco ningún espadachín consagrado. Su "mala hostia" se quedaba en sus versos que no fue poco. Recordar que las novelas son novelas no libros de historia. Hubo otros como Garcilaso de la Vega que entre verso y verso también daba estocada y estocada dejando la vida en las guerras contra Francia mientras tomaba la Torre de Le Muy. También militares de graduación como el Maestre de Campo Francisco de Saldaña dejaron muestras de sus inquietudes como poetas. 

Era normal en aquella época que todos intentasen con peor o mejor acierto dejar versos para la posteridad ya fuesen alabando a otros o menospreciandolos, para criticar políticas de la época, para ensalzar hechos, para satirizar o como comedia. Era normal la aparición de versos sin firma para insultar, denunciar o humillar a este o aquel...se lo pasaban bien por los mentideros por entonces. No solo de versos vivió la inquietud escritora de aquellos hombres. La necesidad de dejar constancia de aquel mundo y lo que vieron y vivieron permite hoy disfrutar de crónicas como la Bernal Diaz del Castillo y su Verdadera Conquista de la Nueva España o los Comentarios Reales del Inca Garcilaso que también fue militar en las Alpujarras entre miles y miles mas. 

También las autobiografias que también tenían como uso el dejar constancia de los hechos de cada uno personales que podían servir para pedir un mando en un Tercio, un aval para entrar a servicio de alguien, etc una hoja de servicios para la época. Famosa es la de Alonso de Contreras por ejemplo. No son los manuales o comentarios técnicos de la guerra algo ajeno. Cristobal Lechuga con su Discurso de la Artillería o Teórica y práctica de la Guerra del gran Bernardino de Mendoza que dejaría otras obras como Comentario de lo sucedido en los Países Bajos desde el año 1567 hasta el de 1577. Nada mal para el manchego que fue maestre de campo, embajador y creador de nuestra primera red de espías. 

  1. Este solo ha sido un pequeño post porque sería imposible hablar de la cantidad de escritores de distinto tipo que dieron aquellos siglos y la intención del mismo es dejar evidente que prácticamente todos dejaron en su estilo huella escrita. Unos llenaron teatros, otros fueron obras de estudio por toda Europa, algunos solo ocuparon sitio en viejos muebles y hoy son joyas para el estudio de la época y los hay que llenaron durante siglos las cabezas de muchas generaciones de sueños con sus novelas. Y la pena es todas las que se habrán perdido por el camino. Hoy en día sería impensable este afán literario dentro de la vida campestre aunque sigue habiendo muestras de militares actuales con gran habilidad con la pluma haciendo honor a aquellos hombres.


Yaron Otero Cima




domingo, 6 de marzo de 2016

PIEDRAS CONTRA NUESTRA HISTORIA


El otro día estuve viendo “Elisabeth, la edad de oro”, y aparte de la  calidad que pueda tener (la verdad sea dicha no es de las películas  históricas que más me han gustado), hay que descubrirse ante los anglosajones (británicos y norteamericanos) por la gran habilidad que tienen para vender su historia con estas películas y además darle la vuelta o tergiversarla si es necesario sin ningún pudor. Lo mejor es que el resto del mundo las vemos, cosa que me parece perfecto, pero es que además la gente aprende esa historia mucho mejor que la que estudió en el colegio.

Seguro que si a cualquiera, medianamente aficionado al cine, y sin que tenga muchos conocimientos históricos le preguntamos por Enrique VIII o por Abraham Lincoln, por lo menos te saben decir que el primero tuvo seis esposas y que el segundo fue el presidente de los Estados Unidos que liberó a los esclavos negros. Pero si les preguntamos por Carlos III (por poner un Rey relativamente conocido y de los pocos que aportó algo a este país),  no tendrán ni repajolera idea de quién era o qué hizo. ¡Cómo lo van a saber si no hay ninguna película de su vida!

Pero eso no es culpa de los “pérfidos” ingleses o americanos “del norte”. Eso es culpa de este país nuestro al que tanto le gusta tirar piedras contra su propio tejado.

Quiero hacer un  pequeño repaso sobre los hechos que esas películas nos han vendido y compararlas con hechos de nuestra Historia, similares a los relatados en estos filmes, La mayoría de ellos relacionados con nuestra historia militar.

Y quiero empezar con el largometraje que me ha llevado a escribir este artículo. Elisabeth cuenta como Isabel I de Inglaterra llegó a reinar pese al tesón de los fanáticos católicos liderados por un agrio Felipe II y un malvado Papa. Por supuesto los malos malísimos de la muerte eran los enemigos de la Inglaterra protestante. Incluida la Reina María Tudor, hija de Enrique VIII y Catalina de Aragón (reina legítima, en la que en la película no dudan de tachar de poco menos que una solterona trastornada y fanática).

En este país, aparte de las películas rodadas en los años 40 y las recientes series de RTVE sobre Isabel la Católica y su nieto Carlos (honrosas excepciones a la regla), las únicas películas sobre reyes que hemos hecho son para hacer carnaza (no entro si con razón o sin ella) de la monarquía española tales como “El Rey pasmado” de Imanol Uribe y  “Jalea Real” de Carles Mira.

Tenemos una historia de más de dos mil años y tenemos que hacer dos “películas”. En una cuentan la gran inquietud del Rey por ver a la Reina desnuda y en la otra ridiculizan unos acontecimientos que llevaron a algo tan triste como la guerra de sucesión. Está bien hacer comedias basadas en la historia, el problema es cuando sólo se hacen, no ya comedias, sino bufonadas.

Hablando de conquistadores también nos encanta ver las hazañas de Alejandro Magno, protagonizada por Colin Farrell, que guapo estaba con su pelucón rubio, o al gladiador extremeño encarnado por Russell Crowe… y nadie protesta.

Me imagino si hiciéramos una peli sobre Cortés o Pizarro. ¡La que se iba a liar! “Que si esto es una ofensa a los pobres indígenas aniquilados”, “que si eran unos genocidas”... Y es posible que tengan razón, pero ¿es que tanto Alejandro como los romanos conquistaron medio mundo pidiendo permiso para pasar? Me parece a mí que no. Que se lo pregunten a la mitad de Asia que los macedonios atropellaron, o a los pobres cántabros, astures, iberos, galos y demás pueblos a los que Roma subyugó sin ningún reparo. La diferencia es que ni Grecia ni Italia se avergüenzan de su historia por cruda y cruel que pueda ser, y cuando los yankees hacen estas pelis se venden muy bien y nosotros, pobres borregos incultos seguimos arrastrando la leyenda negra y nos empeñamos en realzar lo malo y no nos fijamos en todo lo bueno que también hicimos, que fue mucho.


Otro ejemplo que se me viene a la cabeza puede ser el sitio de El Álamo en Texas. Los que ya tenemos una edad: ¿quién no recuerda a ese John Wayne haciendo de David Crockett en “El Álamo” de 1960? La echaban el sábado al mediodía y después nos tirábamos una semana jugando en la calle con palos a modo de rifles de avancarga para defender el fuerte y los que tenían mala suerte les  tocaba hacer de mexicanos.

Pero analicemos los hechos. La defensa de una antigua misión española defendida por los insurrectos gringos, acaba con la degollina de todos los defensores a manos de los malísimos mexicanos, (que por cierto lo que estaban haciendo era defender la integridad de su país, puesto que Texas era parte del Estado mexicano) o sea, una machada. Y esto da para hacer dos películas, que yo recuerde, una de 1960 y otra del 2004.

Si nos trasladamos a las islas Filipinas, en concreto a la villa de Baler en 1898, nos encontramos con unos veintitantos españolitos, la gran mayoría pobres jóvenes de clase humilde  que no tenían las 1.500 pesetas que costaba que otro fuera por ti a la guerra, mandadas por unos oficiales con más agallas (por no decir otra cosa) que el caballo de Espartero. Estuvieron atrincherados en la iglesia del pueblo durante 337 días, haciendo frente a una fuerza muy superior de tagalos. Y no sólo aguantaron el sitio con un par, sino que cuando por fin les convencieron para  abandonar su encierro, lo hicieron con sus armas y con el enemigo rindiéndoles honores.

Diferencias: de la primera como ya he dicho hay dos películas que todo el mundo ha visto una u otra version. Y de la segunda se hizo una película, que si bien no es mala, la verdad que no tiene mucho rigor histórico y además como se hizo en el año 1947 por Antonio Román, lo raro es que no hayan hecho que la destruyan por ser herencia de la dictadura. Además la gesta de estos pobres muchachos de reemplazo y sus aguerridos oficiales está condenada al más duro ostracismo y a que prácticamente nadie en este país la conozca. De hecho, las pocas calles que había recordando a alguno de aquellos soldados se les fue cambiando el nombre y no creo que quede ninguna.

Otro ejemplo puede ser la similitud entre el Desastre de Annual y la toma de Jartum por los Derviches.

De primer suceso, nos avergonzamos de esta parte de nuestra historia, y comprendo que no es para menos tras perder a 10.000 soldados en unos pocos días. Pero la diferencia es que el general británico Charles George Gordon hizo una machada similar a la del general Silvestre perdiendo un número similar de tropas y su propia vida, pero a éste le hicieron una película con Charlton Heston como protagonista.

No digo que le hagamos una película al general Manuel Fernández Silvestre, pero sí que se recuerde el  sacrificio de tanto joven que perdió su vida por unos intereses políticos que ellos no llegaron a comprender nunca.

Dentro de este desastre nos encontramos con un hecho que raya en el delirio.  Situémonos primero en la guerra de Crimea.  Lord Cardigan al mando de varios regimientos de caballería ligera se hace la trompa un lio y ataca lo que no tiene que atacar. Gracias a tan espléndida caraja, pierde la gran mayoría de sus tropas en una acción inútil que no ayudó en lo más mínimo para lograr la victoria.
Resultado: le escriben un poema elogiando tan “magnífico” acto heroico: “La carga de la Brigada Ligera” de Tennysson, una réplica a este poema de Kipling, una película de Michael Curtiz de 1934 con el gran Errol Flynn y un lugar en el imaginario popular sajón.

Ahora nos fijamos otra vez en el Desastre de Annual. Las tropas españolas se retiran en desbandada perseguidas por la Harka mora, perdón magrebí, que iban degollando a todo aquel que se quedaba rezagado. Para cubrir la caótica retirada de los miles de soldados españoles y marroquíes adeptos a las fuerzas españolas se ordena al regimiento de caballería Alcántara cubrir a las acosadas tropas.

El Alcántara compuesto por unos 700 jinetes carga una y otra vez contra el enemigo. Las últimas y agónicas cargas las hacen los pobres caballos al paso ya que no les quedaban fuerzas para galopar. Con este tremendo sacrificio permiten a costa de más del 80% de bajas en el regimiento que miles de soldados logren llegar a Melilla y así salvarse de una segura y atroz muerte a manos de la Harka.

Resultado: el olvido total. Hasta 91, si señores 91 años después, no se reconoció este gran gesto de heroísmo otorgándole a este regimiento la Laureada de San Fernando, la máxima distinción militar en tiempo de guerra y además tenemos que dar las gracias porque se hayan acordado por fin. Sobra decir que  por supuesto ni poemas ni películas ni leches.

Podría seguir haciendo comparaciones, que en este caso son más que odiosas. Como la Armada Invencible que todo el mundo, literalmente, conoce. Pero sin embargo nadie habla de la Contraarmada o la invencible inglesa, donde al pirata Francis Drake le dimos por todos los lados en La Coruña, Lisboa y en plena mar, teniendo que irse con el rabo entre las patas de regreso a Portsmouth el muy bellaco.

Todo el mundo conoce la toma de Gibraltar, inmortalizado el nombre de dicha batalla en el escudo de los Royal Marines o la batalla de Trafalgar, con su plaza y todo, y la toma de Portobello a la que dedicaron Portobello Road ambas calles en Londres. Pero ¡cómo se les olvida a los ingleses!, no le han puesto ninguna calle al bofetón que nuestro Blas de Lezo le dio al patán de Vernon en Cartagena de Indias. Y lo peor que es que nosotros tampoco lo hemos hecho. Claro es la historia belicista del criminal imperio español.

Está claro que el que no se consuela es porque no quiere. Que el ejercito Zulú, con lanzas y escudos de cuero, masacran a 1300 de sus soldados armados con fusiles y artillería perdiendo los dos cañones en la batalla de Isandhlwana en 1879…Pues les hacemos dos pelis, “Zulú” de 1964 con Michael Caine y “Amanecer Zulú” de 1979 con Burt Lancaster y Peter O’toole justo 100 años después. Y así, lo que fue una patanada de un incompetente oficial casaca roja, la convertimos en un acto heroico.

Los españoles sufrieron los combates contra los mambises y tagalos y los rigores de la jungla en Cuba y Filipinas en 1898, y para conmemorar el centenario de tan triste acontecimiento y recordar a estos pobres soldados, hacemos un bodrio como “Mambí” de los hermanos Ramos de 1998. En el que ni que decir que, otra vez, los malos malísimos de la muerte éramos los españoles, que posiblemente lo fuimos, pero no se cuenta en ningún momento como los rebeldes cubanos remataban a machetazos los soldados que se rendían y a los heridos  de nuestro ejército.

En definitiva, que ya no es que olvidemos nuestra Historia, que ya sea buena o mala es nuestra. Sino que además, como ya he dicho, nos encanta tirar piedras contra nuestro tejado. Nos encanta recordar lo peor de nosotros y olvidar los grandes momentos, que también los hemos tenido y todo debido a unos políticos incultos para los que la educción, y en concreto la historia, no es más que un medio para condicionar la mente de los chavales para sus propios intereses.

No voy a negar que el cine español es de una gran calidad, que hay grandes directores, guionistas y actores. Pero a la hora de hacer cine ameno nos estrellamos pero bien. En cuanto nos salimos de las comedias la pifiamos. Hacemos grandes películas de tema social, emotivas y con mensaje, y divertidísimas comedias como ya he dicho, pero no todo es llorar y reír.  Se echa de menos un cine histórico, bélico o de aventuras, ambientado en la grandísima Historia de este país, alejado del revanchismo y de la crítica atroz (no me entiendan mal, las críticas siempre son necesarias, pero tampoco nos tiremos al lodo nosotros mismos), y si se tiene que trastocar un poco la historia por el bien del guión, por lo menos que sea para algo interesante.

FRANCISCO CONTRERAS
Sargento (R) de la Guardia Real



jueves, 29 de mayo de 2014

LA ESPOSA DEL MILITAR


Haciendo bueno aquel dicho de “Detrás de un gran hombre hay siempre una gran mujer”, en este Foro no nos gustaría olvidar a alguien que –aunque a veces lejos- siempre está muy cerca del Militar, presente en sus pensamientos y en su corazón: LA ESPOSA DEL MILITAR.

La esposa del Militar, siempre a la sombra, es una de las mujeres que más respeto le debería de tener esta sociedad, no por ser esposa de un Militar, sino por su coraje: Cuánta soledad y tristeza al enfrentar a solas las enfermedades de los hijos, cuánta soledad y tristeza para educar a los hijos a solas, cuánta soledad y tristeza de festejar un Día del Padre con el padre ausente, un Día de la Madre, un cumpleaños de los hijos, una Primera Comunión, un nacimiento de un hijo, una Navidad un Año Nuevo… ¡Cuánta soledad y tristeza! Cuántos fines de semana trabajando sin sueldo. Cuánta soledad y tristeza ver que tu hijo no reconoce a su padre por la ausencia del hogar y dolor desgarrador de ver a un hombre que no sabe cómo compensar el tiempo perdido… Y el hombre fuerte se transforma en un frágil ser humano y derrama las lágrimas más tristes de impotencia, pero siempre esta consiente que el DEBER A LA PATRIA SIEMPRE ESTA PRIMERO.

Dios estaba creando un modelo para las Esposas Militares y ya se encontraba en el Sexto Día de arduo trabajo, cuando un ángel se le apareció y le dijo: “Señor, parece que os está costando mucho crear este modelo…. ¿Algún problema?”

Dios, entonces, le contestó: “¿Has visto tú las especificaciones en esta orden? Ella tiene que ser completamente independiente, poseer las cualidades de Madre y Padre, ser la perfecta anfitriona de 4 a 40 personas con menos de una hora de aviso, estar todo el día bajo los efectos del café, manejar cada emergencia imaginable sin un manual, poder continuar diariamente alegre aunque esté embarazada o triste o enferma… Y ella tiene que estar dispuesta a mudarse a nuevos sitios 10 veces en 17 años. ¡Ah! Y casi se me olvida lo más importante: Ella tiene que tener seis pares de manos”.

El ángel movió su cabeza: “¿Seis pares de manos? ¡No puede ser!”. Dios continuó su trabajo y añadió: “No te preocupes, haremos otras esposas de militares para que la ayuden. Y le daremos un corazón bien fuerte para que se expanda y se hinche con orgullo cada vez que su esposo obtenga logros en su carrera; para que sostenga el dolor de las separaciones, que el latido sea sólido cuando el trabajo es demasiado y fatigoso, y suficientemente grande para decir “Te entiendo”, cuando no es cierto, y para decir “TE AMO”, a pesar de todo”.


“Señor –dijo el ángel, tocando su brazo gentilmente-, id a dormir y descansad, podéis terminar mañana”. “No puedo parar ahora –repuso Dios-. Estoy tan cerca de crear algo único. Este modelo se cura sola cuando está enferma, puede aguantar seis visitantes que no esperaba el fin de semana, le dice adiós a su esposo desde un muelle o un aeropuerto y entiende porqué es tan importante su partida”…

El ángel miraba y miraba el modelo de la esposa del militar y observándolo de cerca afirmó: “Ha quedado muy bien, pero parece sumamente frágil”. “Ella se verá muy frágil -contesto Dios-, pero su fuerza es como la de un león. Tú no creerías lo que ella puede soportar”.

Finalmente, el ángel rozó con los dedos la cara de la creación de Dios. Sorprendido, le dijo: “Hay un problema, hay una filtración de agua. Algo anda mal en la construcción... No me sorprende que esté agrietado, pues estás tratando de poner demasiado en este modelo”.

Dios estaba ofendido por la falta de confianza del ángel y repuso: “Lo que ves no es una filtración, es una lágrima”. “Una Lagrima… ¿Y para qué está ahí?” preguntó el ángel. Dios le contestó: “Es de alegrías, de tristezas, de dolor, de desilusión, de soledad, de orgullo y de una dedicación a todos los valores que ella y su esposo llevan con mucho amor”.

“¡Señor, sois un Genio!”, exclamo el ángel.

Dios miró al ángel aturdido y le respondió:

“Yo no puse esa lágrima en su rostro”.

jueves, 13 de marzo de 2014

BLAS DE LEZO: El Héroe

Hay una historia, una de tantas otras, olvidada en los libros de Historia escolares, esa historia que no nos cuentan, porque en España mas que en ningún otro sitio nos creímos nuestra propia leyenda negra, esa que dice que comíamos niños en las tierras de Flandes y conquistamos ávidos de sangre. Esa misma Historia que le falta decir que teníamos colmillos, cuernos y patas de chivo.

En pleno siglo XVIII España estaba en plena decadencia. La guerra de Sucesión había dejado a España bastante tocada, cosa que aprovecharon las demás potencias para intentar arañar alguna posesión hispana. En estas andábamos a la gresca con los hijos de la Gran Bretaña cuando un navío guardacostas español (La Isabela) al mando del capitán Julio León Fandiño detiene frente a las costas de Florida a la fragata mercante británica Rebeca, que mandaba Robert Jenkins. Contaba dicha fragata con todos los permisos en regla, pero se ve que al tal Jenkins le llegó la feliz idea que pasar un poco de contrabando no podía ser malo y el dinerillo le vendría bien, por lo que el capitán Fandiño le dio un pequeño escarmiento. Le cortó la oreja y dijo "Ve y dile a tu rey que lo mismo le haré si a lo mismo se atreve".



Esto debió sentar mal a los tommies que se lo tomaron como una afrenta a su rey y usaron el pretexto de una oreja cortada para declarar la guerra a España. (Guerra del Asiento o Guerra de la Oreja de Jenkins 1739 – 1748 como se conoció).

España contaba con 9 fragatas de dos puentes y con 50 cañones cada una y 31 navíos de línea, que no todos podían considerarse como tal. Algunos eran buques mas bien parecidos a fragatas, ligeros y rápidos armados con cañones de poco calibre, pensados para la escolta de convoyes poco capaces de enfrentarse a una escuadra potente. De esos 31 navíos, uno era un tres cubiertas de 114 cañones, dos de 80 cañones, seis de 70, y doce de 64 cañones. El resto eran unidades que bailaban entre la calificación de navío ligero y fragata, penosamente armados.



Los ingleses contaban con 100 navíos de línea, quince de ellos armados con 90 a 100 cañones, dieciséis de 80, diecisiete de 70, quince de 64, once de 60, veintinueve de 48 a 54, más 40 fragatas para hostigar todo buque español que pillaran. 

Las cosas pintaban mal o muy mal y a ello se une el asunto francés que le costaba meterse en el fregado a pesar de haber firmados los pactos de familia. Los tommies pensaban que con dicha superioridad la paliza estaba servida y los enclaves españoles caerían uno tras otro.

Con la balanza claramente del lado británico, con la armada y probablemente el ejército más poderoso del momento preparada para enfrentarse a la maltrecha España. Quizá el hombre que mas representaba esa España era don Blas de Lezo y Olavarrieta (Pasajes, Guipúzcua), manco, cojo y tuerto, era apodado Medio Hombre, y él será el encargado de la defensa de Cartagena de Indias, el enclave mas importante en la América española aquel entonces.

Edward Vernon que tras saquear Portobelo (Panamá) pensaba que todo iba a ser pan comido, e inspirado por las peroratas del radical William Pitt, desafió a Blas de Lezo, a lo que éste contestó: «Si hubiera estado yo en Portobelo, no hubiera Su Merced insultado impunemente las plazas del Rey mi Señor, porque el ánimo que faltó a los de Portobelo me hubiera sobrado para contener su cobardía.»

Se hace el inglés con una flota del 186 navíos con un total de 2.000 cañones y unos 26.700 hombres, y se fija como objetivo Cartagena de Indias, cuya defensa recaía en 1.100 soldados, 400 infantes de marina, 600 marineros, 300 milicianos, 600 arqueros nativos y 6 buques de dudosísima calidad.



Pintaban bastos para los españolitos (para variar), cuando el 13 de Marzo de 1741 aparecen por el horizonte los palos de los 186 buques británicos. Al poco de llegar y sin mucha oportunidad para los sitiados, la flota británica ha silenciado las baterías de las fortalezas Chamba, San Felipe y Santiago. De inmediato comenzó el bombardeo de la fortaleza de San Luis de Bocachica. Durante 16 días de manera incesante se machaco la posición española. Ante tal potencia de fuego los 500 defensores de la fortaleza no les quedó otra que replegarse. Solo quedaba la fortaleza de Bocagrande como entrada a la bahía. Blas de Lezo hizo hundir cuatro buques en la entrada a la bahía de Bocachica y otros dos en la de Bocagrande aunque no sirvió para mucho este ultimo bloqueo. Vernon entra en la bahía mientras los defensores restantes españoles se dirigen a la ultima fortaleza, San Felipe de Barajas. Vernon que era hombre de pensar y junto a las mentes preclaras de su Alto Mando, consideran que el ataque frontal a San Felipe causaría demasiadas bajas por lo que rodear la posición parece factible. Esto seria lógico si no fuera porque había que adentrarse en una selva densa y espesa, donde bichos y serpientes, unido con problemas logísticos de dicho terreno, la humedad y el calor haría mella en la salud y moral de la tropa, sin hablar de que los tommies pillaron de todo, malaria, disentería, etc. Pero bueno, el Alto Mando no está para pensar en la comodidad de su tropa si no en la victoria, y allí que se meten con cañones y todo. El caso es que Vernon ve dicha victoria tan cerca que incluso manda un correo a Londres anunciando la gran conquista de Cartagena de Indias, se acuñan monedas para celebrar la victoria y comienzan las celebraciones en la City. 


Pero la cosa no iba a estar tan fácil: 600 paisanos quedaban vivos para defender la plaza. Vernon ordena el ataque y don Blas coloca a 300 de estos paisanos en la puerta de entrada a la fortaleza armados únicamente con arma blanca para ahorrar munición. Había que subir una estrecha rampa para llegar hasta allí, rampa que los ingleses suben a la carrera con la bayoneta calada estrellándose contra un muro de carne que les causa 1.500 muertos, más unos cuantos heridos de propina. 



Se decide un nuevo ataque para la noche del 19 al 20 de Abril,había prisa ya, los víveres escaseaban y las enfermedades hacían estragos. Se reanuda de nuevo el ataque dicha noche; los ingleses pensaron que si no podían entrar por la puerta lo harían saltando la muralla por lo que cargando de unas largas escalas corrieron hacia la muralla. Blas de Lezo que ya había contemplado la posibilidad de un asalto con escalas, ordenó pues cavar un profundo foso. Ahora sí, los españoles devuelven los disparos y se las hacen pasar canutas a los tommies para llegar a los muros. El espectáculo es dantesco, bajo un nutrido fuego, a la descarajada y rezando por no ser el siguiente, los casacas rojas y los esclavos jamaicanos que llevan para que carguen las escalas llegan al foso y para su terrible sorpresa las escalas no sirven. El foso aumenta en un par de metros la altura de la muralla respecto a la escala, aún así alguno hay que lo intenta, sin éxito. Sólo queda una opción, hacer el camino de vuelta por una tierra de nadie sembrada de muertos y heridos, y otra vez a correr bajo el nutrido fuego de los fusileros españoles.


Amanece un nuevo día y el sol ilumina una autentica carnicería en las filas británicas, pero ahí no queda la cosa. A pesar de las bajas, los ingleses siguen contando con superioridad numérica. Los sitiados intentan el mas difícil todavía, salen de la fortaleza, con el machete calado, en silencio y forman ante los atónitos británicos. Tras una descarga de mosquetes los españoles cargan al frío acero, haciendo huir a los retales de lo que fue el orgulloso ejercito de Vernon. Ya sólo queda la retirada.

Con cerca de 18.000 de sus 26.700 hombres muertos, y 7.000 heridos de distinta consideración y 1.500 cañones perdidos, Vernon se retira a los buques y ordena un bombardeo de 30 días sobre la ciudad solo de pura rabia. Después comienza un camino de vuelta a casa.

Blas de Lezo muere el 7 de Septiembre de ese mismo año por la peste contraída debido a los cadáveres insepultos durante la batalla. Vernon al enterarse de la muerte de Blas de Lezo, ronda Cartagena pero no se atreve a atacar. En Gran Bretaña después de celebrar la victoria empezaban a preguntarse cuándo volverían sus victoriosos soldados. Al final se supo la verdad y Jorge II, avergonzado, prohibió a los cronistas hablar de ello.

La batalla supuso un duro varapalo a la armada británica y aseguro el dominio español unas cuantas décadas más.  En España la batalla fue una más, simplemente lo que se esperaba de sus tropas. La victoria permitió a España y Francia el uso de la infraestructura militar española en la zona que el Teniente Coronel Bernardo de Gálvez empleó magistralmente para dar un apoyo de suma importancia para los rebeldes americanos en la Guerra de Independencia Americana. Pero esa es otra historia…

Alejandro Rodríguez Pascual



miércoles, 30 de octubre de 2013

LA CRUZ DE BORGOÑA O ASPA DE BORGOÑA

Regimiento Suizo Coronel Reading

 
El Aspa de Borgoña es una variante de la cruz de San Andrés, que se caracteriza por sus nudos en los troncos. Su forma en X, deriva del martirio del santo en la ciudad griega de Patras, el cual estuvo crucificado durante 3 días. En heráldica significa humildad y sufrimiento.


San Andrés es el patrón de Borgoña y fue utilizada por la facción borgoñona en la guerra de los cien años, desde el mandato del Duque Juan “sin miedo” (1404-1419). Por lo que tras la boda de Doña Juana hija de los Reyes Católicos con Don Felipe “el Hermoso” en 1506, fue introducido en España. El sequito del archiduque traía bordada la cruz en sus banderas para el encuentro con Fernando de Aragón en el Remesal, Burgos. La cruz de San Andrés se cosió o pintó en la ropa de los arqueros de Borgoña y posteriormente en el resto del ejercito real para diferenciar las tropas españolas en combate, ya que vestían ropas civiles con petos protectores ya que en esa época no existían uniformes militares. 


 
En el reinado de Carlos I (1518-1556), las compañías tenían una bandera con las armas de su capitán sobre la cruz de Borgoña. Al acceder al trono su hijo Felipe II (1556-1598) impuso que además de las banderas de compañía de distintos fondos, cada Tercio tuviese una amarilla con el aspa en rojo. Felipe IV (1621-1665) trato de homogenizar las diversas enseñas estableciendo como obligatoria para los tercios y compañías una roja con la Virgen en el centro, pero no logro su propósito. Hay que destacar las banderas flameadas de los suizos al servicio de España, unos dibujos triangulares en forma de llama sobre los que se ponía el aspa.

Bandera sencilla 1704
Voluntarios de Aragón (Coronas Ducales)
 
Con la llegada al trono de los Borbones, Felipe V (1700-1746) en su proceso de centralización y homogenización del reino procedió a una estandarización de las enseñas. Estableciendo que la bandera real era carmesí con el escudo de los borbones. Para los ejércitos establece el blanco como fondo y el rojo para la cruz. En 1704 se reforma el ejército y desaparecen los tercios que se convierten en regimientos: una orden de septiembre de 1704 dispone que los regimientos tendrán 3 banderas, una bandera coronela o principal fondo blanco con el aspa de borgoña y el escudo real y 2 batallonas o sencillas con el fondo formado por 8 triángulos con los colores del coronel. En 1706 se añade a las coronelas 2 leones y dos castillos en los triángulos y a las sencillas las armas del regimiento. En 1707 una real ordenanza anula las banderas de compañía y establece una mayor homogeneidad al realizar las banderas conjuntamente en Francia. Estas nuevos diseños son mas sencillos, la coronela permanece igual salvo que se añade la corona en los extremos de los brazos de la cruz, las sencillas son blancas y la cruz en rojo, con la corona en los extremos y el nombre del regimiento en la parte superior.

Bandera Coronela 1707

 Una nueva Real Ordenanza de 21 de julio de 1728 dispone que : la Bandera Coronela será blanca con el Escudo Real rodeado del collar del Espíritu Santo y el Toisón de Oro y en las esquinas de la enseña los escudos regimentales o de los reinos o territorios. La Bandera sencilla sea también blanca con el aspa roja en cuyos extremos se situaran unos óvalos con la corona real y volutas doradas donde se emplazaran las armas regimentales. Posteriormente en el 1734 se establece que las banderas de las milicias provinciales en vez de corona real tendrán una ducal en la sencilla y la coronela una banda celeste en vez del collar de la orden del Espíritu Santo. En 1748 con Fernando VI se añaden dos leones coronados que sujetan el escudo real.
 
 
 
En el reinado de Carlos III (1759-1788) una R.O. de 1768 reduce a dos las banderas por cada batallón, en el 1º batallón una coronela y una sencilla y en el 2º dos sencillas. Establece que la coronela estará formada por las armas reales sin aspa, mientras que la sencilla conserva la cruz borgoñona eso sin el rotulo con el nombre del regimiento. Por R.D. de 28 de mayo de 1785 se estable la bandera bicolor como bandera de la armada pero el ejercito de tierra continuo con sus banderas blancas. En el reinado de Carlos IV (1788-1808) se redujo a una bandera por batallón, eso significo que en las milicias y unidades ligeras solo tuviesen la coronela.
Coronela del Regimiento de Linea de Camgas de Tineo (1808-1815)

 
Durante la Guerra de Independencia (1808-1814) gran parte de las banderas fueron destruidas o tomadas por lo franceses, por lo que se usaron banderas de diseños diversos mayoritariamente blancas aunque también negras, rojigualdas. Se reutilizaron banderas antiguas que formaban parte de las ofrendas de las iglesias. Y desde 1812 cuando los regimientos fueron reducidos a un solo batallón se empleo una coronela que se sobreponía sobre la cruz propia de la sencilla. Debido a que las tropas josefinas tenían también una enseña blanca se comenzó a utilizar la bandera bicolor en los ejércitos de tierra.

A partir de 1815 aparece una bandera coronela con el escudo real y el aspa de borgoña. Pero con el trienio liberal y la creación de la milicia nacional se emplea la roja y amarilla con el lema “Constitucion” dejándose de usar el emblemas borgoñés. Con la vuelta del absolutismo en 1823 Fernando VII restablece los emblemas de 1815.
Isabel II 1843. Reg. de Granada 43

 
 En 1843 durante el reinado de Isabel II (1833-1868) en que se unifica todas las banderas del ejercito real y se establece la roja y gualda, como el emblema liberal frente a la blanca tradicional usada por el bando carlista. El RD de 13 octubre de 1843 establece las dimensiones en 1,47 por 1,47 con un escudo circular con los emblemas de León y Castilla, la flor de Liz y la Granada en su inferior, sobre la cruz de borgoña. Alrededor se escribe el arma, número de regimiento y batallón. El mismo modelo se empleo en la época de amadeo de Saboya (1871-1873) sustituyendo la flor de Liz por la cruz de Saboya.





 
 
Posteriormente esta cruz deja de ser utilizada como símbolo principal del ejército sustituido por la bandera nacional. En la actualidad se utiliza en los aviones del Ejército Español. Además el aspa con el fondo blanco comenzó a ser utilizado como símbolo político por el movimiento carlista y requeté en 1935. Esta utilización ideológica en el siglo XX desvirtuó este emblema español, que ondeo en todos los campos de batalla españoles durante cuatro siglos, como símbolo de la fuerza y el honor hispano. 
 
Francisco García Campa – Bellumartis Blog de Historia Militar