martes, 14 de mayo de 2013

La HERÓICA DEFENSA del BLOCAO de DAR HAMED: LOS QUINCE DEL PATÍBULO.




LA HEROICA DEFENSA DEL BLOCAO DE DAR HAMED: LOS QUINCE DEL PATÍBULO.

En algunas páginas de nuestra Historia, los (teóricamente) más “malos” se convierten en auténticos héroes… Éste es el caso de la gesta protagonizada por un puñado de “castigados” del Tercio (como diría el novelista danés Sven Hassel, una “Legión de condenados”), durante la defensa del blocao de Dar Hamed, donde los héroes se contaron por quincenas.

Corría el mes de Septiembre de 1.921. Eran los días duros y difíciles de este inicio del otoño septembrino en tierras de Melilla, donde el Ejército Español expedicionario en la Zona Oriental de nuestro antiguo Protectorado, se iba reponiendo, poco a poco, del gravísimo quebranto sufrido tan sólo dos meses antes con el llamado “Desastre de Annual”, pagado a tan altísimo precio como fue la vida de diez mil españoles, junto a los casi seiscientos prisioneros –de los que sólo sobrevivirían la mitad- que, pendientes de conseguir un sustancioso rescate, aún gemían cautivos de Abd-el-Krim, en las mazmorras del Rif.

El Mando, ansioso de vengar la ofensa recibida y dar cristiana sepultura a los cuerpos de nuestros soldados, que aún yacían insepultos calcinados por el ardoroso sol africano, había ordenado que una importante columna militar -al mando del General Sanjurjo- y cuya vanguardia estaría formada por las Fuerzas Regulares y el Tercio de Extranjeros, partiese de Melilla adentrándose en tierras del Protectorado, para dar así inicio a la acción de Reconquista del territorio perdido en la desgraciada campaña del mes de Julio de ese mismo año 21.

Protegían la línea avanzada de la Zona de Melilla, una serie de posiciones defensivas denominadas “BLOCAOS”, guarnecidas por un pelotón o una sección, según su importancia, y completamente aislados en lo que respecta al terreno, comunicándose entre ellos a través del heliógrafo y de noche, mediante las señales luminosas transmitidas por unas linternas o lámparas de campaña modelo “magín”. La obra de fábrica de estos blocaos, como es lógico y dadas las circunstancias, no podía ser más rudimentaria: unos cuantos sacos terreros, protegidos por alambradas de un metro o metro y medio de altura, y en ocasiones algún modesto blindaje con materiales propios del terreno, como troncos, ramas, etc. Como frágil techumbre o cubierta, figuraba una lámina ondulada de cinc, a la cual los soldados se encargaban de eliminar a las pocas horas de su colocación, dadas las altísimas temperaturas que la citada lámina, al recalentarse en las horas centrales del día debido a los ardientes rayos del sol africano, proyectaba al interior del reducido habitáculo. Uno de estos blocaos era el de Dar Hamed, al que sus eventuales huéspedes denominaban “El Malo”, toda vez que las condiciones de vida en su interior no debían ser muy confortables. Situado sobre una ladera del monte Gurugú, su situación estratégica era de vital importancia para la defensa de Melilla, así como para dar protección y seguridad al avance de la columna Sanjurjo, pues garantizaba el paso por la carretera de Nador, cubriendo el frente del barranco de Sidi-Musa.

Guarnecían el Blocao de Dar Hamed fuerzas legionarias del Tercio de Extranjeros, que el día 13 de Septiembre de 1.921, reciben la orden de que serían relevados a la mayor brevedad, para pasar sin demora a incorporarse a su Bandera. La fuerza de relevo estaba formada por una sección reducida de la Brigada Disciplinaria de Melilla al mando del joven teniente granadino D. José Fernández Ferrer. Cumpliendo lo ordenado, en la madrugada del día 14 de Septiembre salieron los “disciplinarios” de su cuartel del hipódromo melillense, y tras una accidentada marcha, hostigados casi desde el principio por un enemigo bien armado y dueño de las alturas, consiguieron llegar a las proximidades del blocao, dando comienzo a la operación de relevo bajo un fuego cruzado e intenso que hacía sumamente dificultoso el mismo, consiguiéndolo al fin sobre las primeras horas de la mañana del mencionado 14. Durante todo el día continúa siendo hostilizado el Blocao por los rifeños y al cerrar la noche, a oscuras en aquél estrecho recinto de muerte y desolación, los valientes disciplinarios del teniente Fernández Ferrer, apenas tuvieron tiempo más que para acudir a las aspilleras y responder con sus fusiles al fuego enemigo. Toda la noche duró el fuego, que ya produjo las primeras bajas entre los defensores, entre ellas la del teniente jefe, que resultó herido por la metralla de una granada de cañón, continuando al frente del destacamento y exhortando a sus soldados a no decaer en la defensa que les había sido encomendada. Al amanecer decreció el fuego enemigo retirándose los cabileños y dando un respiro a aquellos valientes soldados que ya llevaban más de doce horas de apretado asedio. Cerca de las tres de la tarde de dicho día (15 de Septiembre) volvió el enemigo a bombardear el blocao, contestado desde éste con el fuego de los fusiles de sus defensores; pero ante la aplastante superioridad numérica de los rifeños y las muchas bajas que estos ya han causado a la reducida guarnición, impulsan al teniente Fernández a pedir auxilio a través del heliógrafo y desplazando un soldado hasta la “Segunda Caseta” guarnecida por legionarios, para hacerles saber la angustiosa situación en que se encontraban los sitiados.

Es entonces (las cinco de la tarde, aproximadamente), cuando el teniente de infantería D. Eduardo Agulla Jiménez-Coronado[1], que manda las fuerzas del Tercio de Extranjeros destacadas en el Atalayón, quiere acudir con sus hombres en auxilio de los defensores del Blocao. El mando no se lo permite, pues su presencia y la de su fuerza es muy necesaria en la posición que ocupa para la defensa de Melilla; autorizándole únicamente a que mande en su auxilio un pelotón de legionarios al mando de una clase. Forma Agulla a sus hombres y pide voluntarios para una misión, que ya les advierte que las posibilidades de triunfo son escasas y las de morir muchas. Como un solo hombre y cumpliendo el sagrado precepto del Credo Legionario de acudir al fuego, todos los legionarios dan un paso al frente. El teniente Agulla emocionado les da las gracias y elige entre ellos a 15 legionarios de segunda que pone bajo el mando del Legionario de primera[2] -que ya venía desempeñando funciones de Cabo- SUCESO TERRERO LÓPEZ.

Suceso Terrero López
Y llegados aquí, y antes de seguir adelante con mi narración, forzoso me es hacer un breve inciso para reivindicar el buen nombre de un Caballero Legionario: ERNESTO MIRALLES BORRÁS. Y ello es, que si el teniente Agulla designó quince legionarios de 2ª, y quince fueron los que de esta clase entraron en el blocao, ¿por qué en el “Historial de la Legión” y en todas las teóricas legionarias se habla de catorce?¿Qué pasó con ese legionario que al parecer falta? ¿Desertó? ¿Se pasó a las filas enemigas traicionando la bandera de España? No, nada de eso, ni desertó, ni fue traidor a España. Sucedió lo siguiente: Poco antes de la destrucción del blocao por la artillería rifeña, salió del mismo -cumpliendo órdenes de su jefe Suceso Terrero- para ir a pedir socorro a las posiciones españolas. Por eso no se encontró su cadáver entre los legionarios enterrados en las ruinas del blocao.

Forma Suceso Terrero a sus quince (que no catorce) legionarios y tras pedirle permiso a su teniente abandonan la posición y toman el camino del blocao, adonde llegan ya atardecido y encontrándolo totalmente cercado por el enemigo, que se ha apercibido de su presencia y los hostiga con furia. Armado el cuchillo-bayoneta, se abren paso hasta las alambradas donde caen dos legionarios heridos de gravedad, que son inmediatamente recogidos e introducidos en el blocao, donde al fin consiguen penetrar los legionarios. De inmediato se presenta Terrero al teniente-jefe, al que encuentra gravemente herido, y que le agradece mucho su ayuda haciéndole ver lo difícil y angustioso de la situación. Ocupan los legionarios sus puestos en las aspilleras junto al de los pocos soldados de la Brigada Disciplinaria que aún quedaban ilesos, y nada más cerrar la noche arrecia el enemigo la intensidad del fuego, no sólo ya de fusil sino también de cañón, recibiendo sobre las nueve de la noche, el teniente Fernández Ferrer, un segundo balazo que le privó de la vida. Así murió por España este jovencísimo Oficial de Infantería, rindiendo culto a los inmortales valores que le inculcaron en las aulas del imperial Alcázar toledano. De conformidad con lo dispuesto en el Reglamento de Campaña y en el orden de sucesión en el mando, muerto el teniente se erige en jefe del destacamento el suboficial[3] D. Aquilino Cadarso, segundo jefe de la sección que, herido en la cara, sigue en su puesto dirigiendo el fuego y animando con su ejemplo a los ya muy diezmados defensores, hasta que un nuevo cañonazo, sobre las once de la noche, derriba un ángulo del blocao, causando la muerte del suboficial Cadarso y la de algunos soldados y legionarios. Queda entonces al mando de la reducida guarnición el cabo Sergio Vergara, también del “Disciplinario” y también herido desde la tarde anterior, que se mantiene en su puesto con notable entereza hasta poco más de la medianoche en que un nuevo balazo lo derriba en tierra sin vida.

Fallecidos todos sus superiores, queda el Blocao de Dar Hamed al mando del Legionario de Primera SUCESO TERRERO LÓPEZ del Tercio de Extranjeros. Un modestísimo Soldado de Primera, a quien el azar trágico de una noche de terrible refriega lo convirtió por unas horas en jefe de un puñado de héroes, desempeñando el mando con tal acierto, entrega y energía, más propio de su gran fortaleza de espíritu que de la pequeña graduación que ostentaba: las modestas cintas de estambre rojo y formando ángulo con el vértice cosido junto a la hombrera izquierda de la camisa legionaria. El combate que se entabla es épico. El enemigo, muy superior en número, ataca con osadía a los ya muy escasos defensores de la posición, pues la mayoría ya ha muerto o se encuentran gravemente heridos. Sobre las dos de la madrugada de ese incipiente día (16 de Septiembre de 1.921) agotadas las municiones, sin agua desde hacía muchas horas, y sin medio alguno de defensa posible, encomienda Suceso Terrero al legionario Ernesto Miralles Borrás y al soldado disciplinario Marcelino Mediel Casanova, buenos conocedores del terreno y duchos en la orientación nocturna, que abandonen el blocao y rompiendo el cerco, por distintos itinerarios intenten alcanzar la “Segunda Caseta” guarnecida por tropas propias y den cuenta al mando de la comprometida situación en que se encuentran. Y el momento final se acerca para los heroicos defensores del Blocao, que a las órdenes del esforzado Terrero están dispuestos a morir por España. Hacia las tres y media de la madrugada el enemigo ha acercado una pieza de artillería a unos cien metros del blocao, la dispara y de Dar Hamed se eleva el fulgor de una gran llamarada que sube hasta el cielo causando la muerte de todos sus defensores. El Blocao de Dar Hamed, que ya era conocido con el sobrenombre de “El Malo”, a partir de entonces pasó a llamarse: EL BLOCAO DE LA MUERTE”.

Sobre las ocho y media de la mañana de ese mismo día (16 de Septiembre) una pequeña fuerza de socorro del Tercio de Extranjeros –que avisados por el legionario Miralles y el soldado Mediel, que heridos y agotados habían conseguido llegar a la posición española- al mando del sargento Ruperto Valle Donaire, llega hasta el blocao, abandonado ya por los moros, y allí entre los escombros encuentran los cadáveres de todos sus defensores. Entre los primeros en traspasar la destruida alambrada se encuentra el legionario de segunda Francisco Pagés Millet, de 23 años y natural de Masnou (Barcelona), que hace tan sólo unos meses que se alistó al Tercio y el que recoge entre sus brazos el cuerpo sin vida de Suceso Terrero, y cuadrándose ante él con lágrimas en los ojos le dice: “Perdóneme mi cabo, por no haber podido llegar a tiempo de salvarles”

Ésta es la relación de bajas:
CABO D. JOSÉ SUCESO TERREROS.
LEGIONARIO D. LORENZO CAMPS PUIGREDON.
LEGIONARIO D. JOSÉ TOLEDANO RODRÍGUEZ.
LEGIONARIO D. GUMERSINDO RODRÍGUEZ LÓPEZ.
LEGIONARIO D. FRANCISCO LÓPEZ VÁQUEZ.
LEGIONARIO D. ÁNGEL LORING BARBER.
LEGIONARIO D. RAFAEL MARTÍNEZ RÓDENAS.
LEGIONARIO D. FÉLIX DE LAS ALGERAS ALBA.
LEGIONARIO D. JUAN VICENTE CARDONA.
LEGIONARIO D. MANUEL DUARTE SOSA.
LEGIONARIO D. JUAN AMORÓS LENIX.
LEGIONARIO D. ENRIQUE GARCÍA RODRÍGUEZ.
LEGIONARIO D. FRANCISCO LÓPEZ HERNÁNDEZ.
LEGIONARIO D. JOSÉ FUENTES VALERA.
LEGIONARIO D. ANTONIO MARTÍNEZ MENA.

No hubo una laureada, ni tan siquiera colectiva para Suceso Terrero, ni para ninguno de los defensores del Blocao de Dar Hamed, tan sólo unos modestos galones de cabo fueron depositados “a título póstumo” sobre su féretro. Y sin embargo, su nombre y el de sus legionarios han quedado grabados en letras de oro en el Historial de La Legión, junto al de los insignes Millán Astray, Franco y Valenzuela…


[1] Muy pocos serían los días que el teniente Don Eduardo Agulla tardaría en reunirse con sus legionarios muertos en la defensa del Blocao de Dar Hamed. El día 7 de Octubre de 1.921 fallece a consecuencia de las heridas recibidas en el combate de Sebt.
[2] En La Legión eran muy respetados los Legionarios de Primera, donde además de formar en la Escuadra de gastadores (los de aventajada estatura), en ocasiones hacían las veces de cabos. Tenían derecho a saludo por parte de los Legionarios de segunda, que se dirigían a ellos con el tratamiento de “A la orden de Vd. mi primera”.
[3] La Ley de Bases de 29 de Junio de 1.918, situaba al Suboficial dentro de las Clases de Tropa de Segunda Categoría, y como empleo inmediatamente superior al de Sargento. Sus divisas eran similares a las que en la actualidad ostentan los brigadas.

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