domingo, 16 de junio de 2013

REHENES: La semana más larga en MÓSTAR


“Mis hombres son unos fenómenos. Los legionarios y los legionarios paracaidistas son unos profesionales de los pies a la cabeza. Han estado dispuestos y preparados ante cualquier situación que se pudiera plantear (Coronel Ángel Morales. Joaquín Catalán: “Podíamos Salir Antes, Pero Matando”. “ABC”, Jueves 2 de septiembre de 1.993, página 24).

Hubo una fecha en que nuestros cascos azules desplegados en Bosnia demostraron de qué madera estaba hechos. 25 de Agosto del 93. Esa fecha fue el inicio de la pesadilla que les supondría estar casi una semana “secuestrados” en Mostar…

El 21 de ese mismo mes -24 horas después de que los mediadores internacionales pidiesen a la UE. que administrase Mostar-, un convoy español cargado de medicinas y plasma sanguíneo, ensanchaba la brecha abierta dos días antes por una patrulla española y lograba entrar en el barrio musulmán de Mostar, aislado desde hacía dos meses. Era el previo reconocimiento para la operación de mayor envergadura que se planeaba para cuatro días después: 30 camiones, escoltados por una Compañía Mecanizada (12 blindados), partían a las 13:15 horas del miércoles 25 de Agosto hacia Mostar Este[1], aún inmersa en intensos combates. Con el coronel jefe de la Agrupación, al mando del convoy, viajaba Cedric Thornberry (2º Jefe de UNPROFOR., Jefe de asuntos Civiles para la antigua Yugoslavia y Ayudante del Secretario General de la ONU.), junto con un amplio despliegue de agencias y medios de comunicación social internacionales. Como contrapartida para el HVO., un convoy de 10 camiones y una sección de blindados se dirigía al barrio croata.

Manifestantes civiles y milicianos detenían el convoy a las mismas puertas del destacamento de Medjugorje, hecho que luego se repetiría 5 kilómetros más adelante, en Citluk. Si en Medjugorje, sólo 15 minutos antes, habían sido varias las decenas de ciudadanos que cortaban el paso del convoy (en su mayoría, madres y esposas de detenidos croatas: Tras la ofensiva de la Armija, los bosniacos retenían a más de 6.000 croatas, en su mayoría civiles, heridos algunos, los cuales eran obligados a cavar trincheras en las primeras líneas del frente), en esta ciudad se contaban ya por centenares, parapetadas tras unos viejos contenedores de basura y cubierta su retaguardia por un cochambroso camión cisterna que taponaba la avenida casi de una acera a otra. Esta vez, los 400 o quizá 500 manifestantes eran en su mayoría refugiados croatas llegados a Citluk desde Bosnia Central, víctimas de la "limpieza étnica" practicada también por los musulmanes. También aquí, como en Medjugorje, los fotógrafos y las cámaras de televisión se vieron forzados aguardar sus instrumentos de trabajo para mejor ocasión, pues un grupo de "javeos" comenzó a descargar en el aire varias ráfagas de AK. cuando uno de los reporteros trató de captar una instantánea de las barricadas... Los disparos convencieron a los periodistas de que era más seguro permanecer en el interior de los BMR. Sin embargo, el grueso blindaje, providencial para frenar las balas, no sirve de nada para impedir que una lluvia de piedras, arrojadas por la chiquillería, se cuela por las escotillas, ni tampoco para poner sordina a los insultos de los manifestantes, quienes, como adjetivo más amable, acusaban a los cascos azules españoles de no ser neutrales.

Casi tres horas después, el convoy no había avanzado ni un metro; la muchedumbre, lejos de abandonar, había aumentado en número y agresividad; los niños habían descubierto una nueva fórmula para atosigar a los españoles, que consistía en disparar con jeringuillas finísimos chorros de agua, y el aburrimiento, primero, y la desesperación, después, comenzaban ya a hacer mella en las 163 personas que viajaban en el convoy…

El coronel Morales escuchaba por radio al teniente coronel Manuel Castro, quien permanecía en Medjugorje para dirigir la operación desde la retaguardia. Pero las gestiones no daban resultado. Incluso se intenta que el cura local medie para poner fin al secuestro del convoy: el sacerdote, voluntarioso, arenga a la multitud durante 20 minutos con parábolas sobre la caridad cristiana y la generosidad para con el prójimo, en este caso los 55.000 musulmanes de Mostar, a quienes iban dirigidas las 200 toneladas de ayuda humanitaria. Pero cuando el cura parecía estar a punto de conducir a su díscolo rebaño al redil, alguien susurró entre el gentío que los blindados españoles transportaban armamento para los bosniacos de Mostar. Y el bulo surtió efecto de inmediato, porque al instante el gentío cerró filas en torno a las barricadas. A las ocho de la tarde, el coronel Morales comenzaba a considerar la posibilidad de ordenar al convoy que iniciase el regreso a Medjugorje. Caía la tarde y ya no era posible llegar a Mostar con la luz del día, lo que dificultaría las tareas de descarga de los camiones, ya que la falta de electricidad había dejado la ciudad a oscuras desde hacía ya muchos meses. Sin embargo, dar media vuelta presentaba todavía muchos más inconvenientes: Al día siguiente, con toda seguridad, los mismos manifestantes y las mismas barricadas volverían a frenar la marcha del convoy, y la interminable espera de hoy no habría servido para nada. Y, además, como aseguraba un oficial de la Legión, "eso sería bajarse los pantalones, y entonces perderíamos toda nuestra credibilidad ante esta gente". Cuando entre oficiales y tropa ya se rumoreaba incluso que el convoy podría pernoctar en Citluk, para intentar proseguir la marcha -tortuosa marcha: solamente cinco kilómetros recorridos en siete horas- a la mañana siguiente, aparecía el hombre providencial: El general croata Slobodan Praljak, el héroe de la defensa de Osijek frente al Ejército serbio en la campaña de 1.991 (por aquel entonces, Jefe del Estado Mayor del HVO.), un militar de gran prestigio en Croacia, surgía de entre los manifestantes con su enorme corpachón y se encaramaba a una silla. Desde la improvisada atalaya y con encendida dialéctica, Praljak resuelve en unos minutos lo que ni el cura, ni el ministro, ni el coronel Morales pudieron solventar en toda una tarde: persuadir a los enfurecidos refugiados para retirarse y abrir paso al convoy.

Eran las nueve menos cuarto. Tras quedar la avenida despejada de obstáculos, el coronel Morales ordena por radio a todos los vehículos que reemprendan la marcha. El general Praljak se encarama a lo alto del BMR. de cabeza y, sentado sobre su techo, comienza a abrir camino para continuar la marcha, acompañando a la caravana hasta el último control croata, en Buna, muy cerca del aeropuerto de Mostar.

Al llegar al destruido aeropuerto -a las diez y media de la noche, ocho horas y media más tarde de lo previsto-, los croatas volvían a endurecer su posición. Praljak no podía hacer nada. Los milicianos del HVO. querían que se cumpliera a toda costa una de las condiciones previas que habían impuesto para consentir que se llevara a cabo la entrega de la ayuda: el intercambio de cadáveres de los combatientes caídos días atrás. Su camión, portando los cuerpos bosniacos esperaba... Pero el camión de la Armija con los cadáveres croatas aún no había llegado.

Por orden del coronel Morales se detuvo el convoy destinado al sector croata. Debía esperar a la otra columna para sincronizar la operación, así que Morales decidió dirigirse a Mostar Este en busca del dichoso camión funerario. Con su blindado en solitario, acompañado del comandante Luis Torres, el conductor Cernadas y el tirador Vladimiro llegó al fantasmagórico barrio musulmán. Contactó con el coronel Esad Humo, localizó el camión de la morgue y volvió al aeropuerto con tres bosniacos encargados de distribuir el convoy lo más rápidamente posible entre los tres almacenes que se habían destinado al efecto.

Finalmente a medianoche y, a mitad de camino, en tierra de nadie, bajo la luz de la luna se producía el canje. El Cabo 1º Francisco Javier Cernadas iluminaba con los faros del BMR. del coronel Morales los 17 cuerpos colocados justo enfrente, alineados para el recuento. No se sabía con certeza cuántos días llevaban muertos, pero lo que sí era seguro era que muchos llevaban varios días a la intemperie. El hedor se hacía insoportable. La mitad de los plásticos que envolvían los cadáveres se rompieron, cayendo miembros y pedazos sueltos... A uno de los cadáveres se le desprendió una mano cuando lo trasladaban a tirones por la pista del aeropuerto. “Después de haber vivido ese infierno he tenido pesadillas... Casi nunca tengo sueños agradables”. Hubo mucha tensión mientras duró el intercambio (pero, al menos, el trato a los cadáveres fue correcto, pues la entrega antes citada de Stolac se hizo como si de sacos se tratara: Algunos de los muertos, que sólo estaban cubiertos por mantas -en concreto, 2 de ellos-, se descubrían y al entregarlos les daban patadas), discutiendo violentamente la composición de las listas y llegando a haber un forcejeo entre un croata que quiso quitarle la pistola a un bosniaco, impidiéndoselo éste... Se conocían personalmente. Otrora fueron amigos, ahora se odiaban. Cuando los soldados musulmanes y los croatas finalizan la macabra faena, permiten que el convoy continúe hacia el interior del barrio, sincronizándose dicha entrada con la que tenía lugar en la otra orilla del Neretva.

Transitando por un estrecho camino vecinal de tierra (un camión belga se salió en una curva, teniendo que rescatarlo un BMR. Recovery), el convoy se dividió en tres columnas para llegar a otros tantos almacenes y hacer la descarga con prontitud. Pasada la una de la madrugada llegaron a su destino ambos convoyes, tanto el destinado al sector croata como el que se había internado en el barrio musulmán. La población se encontraba en un estado de tal extenuación que la llegada del convoy no suscitaba ninguna alegría. Se limitaban a acercarse a los blindados, con las miradas perdidas, a recoger cuanto les pudiesen dar. El coronel fue el primero en entregar sus raciones de campaña a una señora que se le acercó con un niño en brazos, siendo secundado por sus hombres, que distribuyeron sus paquetos con despreocupación, contentos de poder aliviar, aunque fuera ligeramente, las penalidades de esa gente. A las 4 menos cuarto, durante dicha descarga, los oficiales supervisores pusieron en conocimiento del coronel que los bosniacos estaban descargando con excesiva parsimonia, haciendo incluso numerosas paradas en el trabajo, lo cual se pone en conocimiento del Estado Mayor de la Brigada Armija de la ciudad, alegando sus jefes que la razón de tales paradas era el exceso de cansancio: Lo realizaban a mano y eran 300 toneladas. Una hora después, cuando faltaba por descargar medio camión, los bosniacos comenzaron a poner pegas, quejándose de que estaban agotados y que lo dejaban para cuando amaneciese. Los legionarios, junto con los conductores belgas, se prestaron voluntarios para ayudarles en la descarga -incluso Thornberry y el coronel ayudaron a vaciar dos camiones que habían llevado 10 toneladas de medicinas para el hospital-, que finalizaría sobre las cinco de la mañana del día 26. El coronel Morales ordena el repliegue del convoy hacia el punto de reunión en el aeropuerto, pero en ese preciso momento el jefe de la Brigada, el coronel Humo se encarama al BMR. de mando -en el que, aparte del comandante Torres, Cernadas y Vladimiro, se encontraban Arturo Pérez Reverte y su cámara José Luis Márquez, y el intérprete personal del coronel, Mirko Mikulcic- y comunica que tiene información de buena tinta sobre un ataque croata en la zona Norte de la presa, matizando que para más datos, el jefe de la Agrupación debía personarse en el Cuartel General del IV Cuerpo de Ejército. Ante la negativa de Morales de acudir, insiste en que debe acompañarle para contarle la misma historia delante de sus jefes, amenazando con disparar contra todos los vehículos, tanto civiles como militares, por lo que al coronel no le queda más remedio que acompañarle para evitar una complicada situación en la que pudiesen producirse víctimas.

En el HQ. del IV Cuerpo "armijo", y ante el Jefe del Estado Mayor, Sulimán, y Mustafá Isovic -el entrenador del equipo de natación yugoslavo, lo que no decía mucho a favor de su profesionalidad militar-, su segundo jefe después de Pasalic (que no estaba), Humo repitió la noticia del ataque, ante un atónito Morales, que escuchaba por segunda vez consecutiva las mismas palabras. Están ganando tiempo para tomar alguna acción más compleja, pensaba con acierto el coronel. En la despedida, el Coronel Humo se dirige en inglés a Morales, disculpándose por la decisión que se ha tomado en su bando: "Coronel, siento mucho lo que va a ocurrir, pero no tengo más remedio..."[2]. Morales, extrañado ante tal disculpa, no tarda en comprender: Al salir del Cuartel General ve familias enteras dirigiéndose hacia el BMR. de vanguardia, impidiendo la salida del convoy. Por radio, le comunican que no se podía mover porque un numeroso grupo de personas se había tumbado delante de las ruedas del blindado... Las mismas que durante la noche habían charlado amigablemente con los soldados. Poco después son cruzados camiones en las calles. Eran las 5:50 hs. de la mañana del día 26 de Agosto de 1.993 y se acababa de iniciar la retención. "A veces eran tan intransigentes que daban ganas de liarse a puñetazos. Pero con los años se aprende a contener las emociones"[3]... Morales golpeó con su puño la chapa del BMR., lamentado que les hubieran "cazado" de esta manera (cuando, para colmo, estaba avisado: la operación había estado precedida de "una agria polémica entre los mandos y de informes negativos de los servicios de inteligencia militar"[4]). Por radio se comunica la novedad al Cuartel General de Medjugorje: 62 SOLDADOS ESPAÑOLES, CON SU CORONEL A LA CABEZA, ERAN REHENES DE LOS BOSNIACOS[5].

Apenas tienen veinte años y se han convertido en la única esperanza de las víctimas bosnias[6]Incitados por la Armija (poco tuvo de espontánea acción popular, cuando incluso los soldados bosniacos sacaron a los heridos de sus camas), los famélicos ciudadanos de ojos abatidos y eternas ojeras se arrojaban al suelo ante los blindados, al mismo tiempo que los soldados bosniacos amenazaban a las fuerzas españolas con disparar sobre el convoy si éste intentaba abandonar la ciudad. Si les permitían la salida los croatas les bombardearían, y los españoles estaban seguros de que no bromeaban…

Las primeras horas estuvieron llenas de nerviosismo. Presa de una profunda desesperación, más allá de su extenuación, aquellos muertos en vida, condenados a sufrir una agonía interminable con los brazos cruzados, insultaban a los españoles llamándolos “fascistas”. “Nos hubiéramos ido el primer día, sin ningún problema, porque teníamos potencia para hacerlo, pero no hemos venido a matar a nadie, hemos venido a Mostar como un Ejército de Paz, y así lo hemos planteado[7]. Thornberry se mostraba de acuerdo en que no podían salir a la fuerza, así que durante toda la mañana siguiente, los oficiales españoles mantuvieron diálogos con las autoridades de Sarajevo (el propio Izetbegovic intentó convencerles por radio), las cuales conminaron al mando de Mostar a que dejase salir de allí a este convoy que había llegado precisamente en ayuda de los sitiados. La presidencia militar de Mostar prometió a Izetbegovic que haría uso de su autoridad para convencer a los ciudadanos, advirtiendo de que era "poco probable que tuviera éxito". No se equivocaba: La respuesta fue que el lugar de las tropas de paz estaba en Mostar y no en Medjugorje.

El ministro de Defensa, general Delic, también intervino, enviando una orden a Alikadic para la liberación de los españoles... Todo fue inútil. El Sr. Thornberry y el coronel Morales no cejaban. Solicitaban que el convoy debía salir AL COMPLETO: "No se va a quedar ninguna sección. Hemos entrado un subgrupo táctico dando escolta a un convoy y tenemos que salir de aquí todos juntos. Hemos venido a ayudar y no estamos dispuestos a convertirnos en rehenes"[8], contestaba Morales a la oferta de dejar salir a la columna únicamente si dejaban una sección en Mostar. A cambio, propusieron a las fuerzas musulmanas que en lugar del convoy entero se quedase en la ciudad un retén de cuatro observadores que se encargarían de concertar un alto el fuego, lo que en un principio fue aceptado pero rechazado posteriormente al considerarse insuficiente por la Armija... Y visto desde su punto de vista no sorprendía, ya que la presencia del convoy no era óbice para que los francotiradores siguiesen disparando a todo ser viviente. El propio García Vargas había transmitido personalmente una orden: Que no se saliera de Mostar Este utilizando la fuerza contra la población civil. Que se preparasen para estar retenidos "voluntariamente" durante mucho tiempo hasta conseguir un alto el fuego y que los convoyes llegaran regularmente a las dos zonas de la ciudad. Se intentaba dar la vuelta a la situación presentando la permanencia del convoy en Mostar como un arma de presión española para lograr los objetivos de la misión.

En seguida, el Consejo de Seguridad de la ONU. declaraba "injustificada e intolerable la retención de los cascos azules españoles en Mostar", decidiendo actuar inmediatamente para resolver esta crisis lo antes posible. La misma política de contemplaciones que hasta ahora habían seguido durante todo el conflicto, sin levantar la voz y sin la menor sugerencia de amenaza (la única oferta que hicieron fue la de realizar vuelos rasantes intimidatorios, una iniciativa descabellada que sólo habría conseguido encrespar los ánimos. Pero de lo que se trataba era de aparentar que se hacía algo, como esos fantasmales lanzamientos de ayuda en paracaídas, anunciados todos los días pero jamás vistos). Por su parte, la presidenta del Consejo y embajadora de Estados Unidos, Madeleine Albright, expresaba, en nombre del Consejo, su preocupación: "El sufrimiento en Bosnia no puede utilizarse como excusa para interferir las actividades de UNPROFOR. Los suministros y esfuerzos no deben ser usados como armas de guerra"... Retóricas palabras que nada decían sobre esta utilización como escudos humanos de nuestros soldados.

Con la excusa de que temían un feroz ataque croata si se iban, la retención de los miembros de la "Canarias" servía para intentar presionar a UNPROFOR. para que se estableciese permanentemente en Mostar: "Queremos que cambie el mandato de UNPROFOR. en el Este de Mostar, de tal manera que tengamos una protección rotatoria. Queremos que sea declarada como "Zona Protegida por la ONU.", al igual que Srebrenica"... Viendo los resultados de tal acción en la ciudad mencionada, casi era mejor que Naciones Unidas se olvidase de Mostar.

Las negociaciones con el alcalde Alja Alikadic y el coronel Humo se sucedían. El militar bosniaco trataba de disculparse, haciendo ver que no les quedaba más remedio que actuar drásticamente: "Ellos (los croatas), si pierden esta guerra, tienen un país detrás; yo no tengo nada. Si pierdo estoy muerto, acabado"[9]. La situación se tornaba angustiosa, toda vez que incluso las raciones de previsión (para tres días de combate) que llevaban los BMR.’s se habían dado a los ancianos, mujeres y niños que se acercaban en la noche pidiendo comida (“les hemos dado nuestras raciones para el día, pues yo no me puedo sentar a comer si veo dos críos que me están mirando[10]); incluso la generosidad de los legionarios había llegado al límite, dándole el agua de las petacas a la población que tenía dificultades para conseguirla. Por otro lado, los combates proseguían, las explosiones de las granadas se oían cercanas. Se ordenó a la PLMM. de la AGT. que negociara con el HVO. el cese el fuego, aunque fuera momentáneo, lo cual se logró, consiguiendo de esta forma tranquilizar a los 96 civiles de ACNUR, Cruz Roja, Agencias y Prensa -entre ellas 8 mujeres- que se hallaban igualmente retenidos junto con los cascos azules. La vida se hacía más difícil al no existir servicios higiénicos en el barrio. No obstante, durante una reunión celebrada en la tarde-noche del jueves, todos -Morales, Thornberry y los representantes civiles de las organizaciones humanitarias- fueron unánimes: Acordaron que si habían entrado juntos, debían salir también todos juntos.

Bajo la atenta mirada de un legionario de larga barba asido a la ametralladora de su BMR. (“siempre estábamos atentos a cualquier distracción que pudiera causarte un niño, pidiendo juguetes o caramelos. Había que tener en cuenta cuántos adultos podía haber alrededor para aprovechar una situación así[11]), la Armija comenzó a repartir raciones de tortilla, hecho bastante significativo: Los cascos azules comenzaban a intuir que su estancia iba para largo. Por esa misma razón se negaron a negociar la entrada de un convoy ruso con suministros para ellos... Cuanto más provisional fuese la situación, más esperanzas había de poder salir[12].

A las siete y media de la mañana del Viernes, se tocó una sorprendente diana con los acordes de "La Macarena", emitida por los altavoces de un BMR. Siguieron otras canciones de "Los Manolos" y los legionarios se pusieron a cantar y a dar palmas (de alguna manera había que descargar tanta adrenalina retenida). Recelosos civiles comenzaron a acercarse, uniéndose pronto a la jarana, momento que algún que otro soldado español aprovechó para tratar de flirtear con las enfermeras del hospital subterráneo situado no muy lejos de allí: Era su primer paseo tras cuatro meses de haber permanecido, sin poder salir, en el subterráneo.

El mando “armijo” propuso dejar salir al casi centenar de civiles del convoy, aclarando que no permitirían la salida de los legionarios, propuesta que Morales rechazó, contestando que eso sería ceder a las exigencias bosniacas. Y “no podemos salir por la fuerza porque estamos en misión de paz”, explicaba Morales. Thornberry ofrecía al órdago el estatuto de “Área de Seguridad” de la ONU. para Mostar, pero los bosniacos ya no se creían las promesas que tantas veces habían oído y habían resultado falsas: Querían más garantías de que el HVO. no les atacaría una vez que el convoy saliese de la ciudad (10 proyectiles habían caído en el sector musulmán desde el inicio de la retención)… Y eso no lo podían garantizar ni Morales ni Thornberry.

Desde Ginebra, la portavoz del ACNUR., en un rapto de estupidez, calificó de “totalmente comprensible la actitud desesperada de la población musulmana de Mostar. Es bueno que la gente tenga confianza en las Naciones Unidas[13]… Si alguno de los legionarios retenidos se hubiera enterado de tales declaraciones, con seguridad hubiese añadido algún comentario. Y no muy delicado, seguramente. Menos mal que, dos días después, la presidenta del Consejo de Seguridad, Madeleine Albright, puso algo de cordura en las declaraciones: “El sufrimiento en Bosnia no puede utilizarse como excusa para interferir en las actividades humanitarias de UNPROFOR.”. Ese día, los musulmanes les proporcionaron un agua de un camión cisterna. Debían usar pastillas potabilizadoras porque su procedencia era del río Neretva (se conocían ya más de 500 casos de niños con diarrea por beber agua directamente del río). Les vino como anillo al dedo para improvisar una ducha de campaña. Acercaron un blindado a la pared de la casa más próxima, colocaron dos ponchos, uno a cada lado, y desde arriba vertían agua de una petaca de 25 litros.

El cabo 1º Vladimiro, a quien todos le llamaban "Pepe", para evitar suspicacias de los bosniacos por su nombre eslavo, fue el encargado de desplazarse en una furgoneta Fiat conducida por un miliciano al cuartel de la Armija de Tijomir Misic, al Norte del barrio, para rellenar las petacas. Precisamente había sido seleccionado por el comandante Ramiro porque había estado en Moscú, invitado por un amigo, y había estudiado ruso en una academia. En cada viaje recibían una lluvia de balas en la parte trasera de la furgoneta, que ya parecía un colador. El conductor le avisaba cuando llegaban al cruce, agachaban la cabeza y a esperar que cesaran los disparos. Al llegar, tardaba más de una hora en cargar los 20 jerrycans, pues el agua salía sin presión, siempre bajo los proyectiles de los carros croatas, que machacaban el cuartel, ubicado a tan sólo 100 metros de las líneas "javeas". Los obuses impactaban en los pisos superiores, pero los muros eran muy gruesos y aguantaban, aunque retumbaba todo. A la vuelta, a por otros 20 bidones, ocurría lo mismo: Otra vez a agacharse... "Aquello era como el tiro al pato, y el pato era yo"[14]. Cuando finalizó su misión, ya de noche, se incorporó a la fiesta, que había comenzado de nuevo, con "Los Manolos" a todo volumen en el blindado del teniente Monterde. El ambiente se hizo muy distendido, y más de un civil trataba de infundir ánimos a los soldados españoles, asegurándoles que podrían irse en breve. Con la "Diplomacia del Rioja" siempre se hacía frente a la adversidad: "Crno vino, dobro!"... La juerga duró hasta las once y media, cuando el sargento Espinosa cortó la diversión mandando a todos a dormir.

Parecía que la situación tenía visos de apaciguarse. A lo mejor, la liberación llegaba pronto para todos, pero las circunstancias obligaron a retractarse de lo pactado el jueves: A las seis de la mañana del Sábado 28, cerca del aparcamiento, una granada impactó en la azotea de una casa, cayendo gran cantidad de cascotes y metralla relativamente cerca de los blindados. Otra explosionaba en la acera de enfrente. El jefe de la Agrupación dormitaba en el interior de su blindado, a doce metros de donde se produjo el impacto. Tanto él como su intérprete observaron perfectamente a través de una trampilla abierta la segunda explosión. Un monitor de la CE., a quien las explosiones le pillaron haciendo sus necesidades, aseguraba que había visto el fogonazo de los disparos de un RPG-7. Acusaba a los bosniacos, pero no se podía demostrar (¿sería el punto final al portazo dado por Izetbegovic en Ginebra?). “La situación de las tropas retenidas no supone un riesgo especial” (Julián García Vargas, 28 de Agosto)… Ante esta peligrosa situación, el coronel Morales efectuó una nueva reunión de urgencia con el señor Thornberry y los jefes del personal civil, decidiéndose la salida de los vehículos civiles, ya que los 9 BMR. solamente tenían espacio para acoger a una decena de personas, y eso muy apretadamente (ya los soldados españoles, como el teniente Andrés Garvi, de la DRISDE., habían optado por arriesgarse y salir al exterior de su blindado, pues dentro debían acomodarse 10 personas más) y no había posibilidad de proteger a todos. Se llevaron a cabo reuniones con las autoridades musulmanas y éstas aceptaron, pero especificando que habría dificultades con las mujeres y los niños que se encontraban en cabeza del convoy impidiendo la salida. Morales expuso claramente la situación, informando a los bosniacos de que la permanencia en Mostar de la unidad se realizaba en contra de su voluntad, que continuaban retenidos y que no habría ninguna clase de negociación hasta la salida de la unidad al completo. Los líderes musulmanes conversaron con las personas sentadas en la calle Mariscal Tito, que manifestaban su repulsa a cualquier salida de la ciudad: "Tienen que quedarse aquí para sentir lo que nosotros sentimos", exclamaba una mujer. No obstante, de acuerdo con la información proporcionada por el capitán Armada Vázquez, se liberó al personal de agencias y medios ese día 28.

En el fondo, los legionarios entendían la postura de aquellas gentes que no paraban de pedirles cosas: comida, tabaco, agua, ropa, pilas, que les sirvieran de correo para llevar cartas personales a la orilla croata... Incluso insistían en que les dejasen llamar a sus familiares por teléfono vía satélite, desde el BMR. "Mercurio". "Comprendo su postura. Al fin y al cabo es la única manera de que no empeoren las cosas para ellos... Pero estoy muy cabreado", se quejaba el cabo Camiselle. “Si no nos dejáis marchar no podremos regresar con más comida”, advertían los legionarios a los civiles tumbados en la calzada para impedir su partida, a lo que estos contestaban que preferían morir de hambre que por las bombas croatas.

Esa misma mañana, varios francotiradores bosniacos se colocaron en unas casas a veinte metros del convoy y dispararon contra los croatas. Era una temeraria provocación, para que sus oponentes respondieran batiendo la zona donde permanecían los españoles: Los observadores militares cometieron la imprudencia de aparcar su todoterreno en un cruce. A los pocos minutos los sniper "javeos" le agujerearon el radiador. Pero la peor parte se la llevó una niña musulmana de 14 años. Al pasar saludó al cabo Camiselle... 45 minutos después volvía a cruzarse con él que la contempló atónito, esta vez iba en una camilla. Una bala le había acertado en el pecho… Otro hombre, de unos 37 años, fue alcanzado por un francotirador en otro cruce, a 150 metros del cuartel general de la Armija, muy cerca de la mezquita donde habían abierto fuego contra los legionarios "Pepe" Vladimiro y Francisco Javier Lara, horas antes. Cernadas maniobró con su BMR., colocando la trampilla trasera lo más cerca posible del herido. Mientras seguían disparándoles, recogieron al herido trataron de evacuarlo al hospital, pero los civiles -temerosos de que los españoles tratasen de fugarse- les entorpecieron el paso. Por señas, los cascos azules se esforzaban por explicarles que llevaban a uno de los suyos al hospital, pero era inútil. Hasta que el intérprete Mirko no intervino en la explicación no les dejaron pasar.

Finalmente se consiguió que la parte civil del convoy saliera a las 14:00 horas. Los camiones arrancaron a todo gas, en medio de una gran polvareda, chirriando ruedas. Circulaban peligrosamente rápido y muy pegados, para evitar que la gente se les cruzase cortando el paso y algún vehículo quedase descolgado. Una sección les escoltó hasta el aeropuerto y regresó con sus compañeros: "12 BMR’.s en la ciudad con una dotación de 62 hombres, entre cuadros de mando y legionarios, junto al señor Thornberry". No era envidia, era soledad. Habían transcurrido 55 horas desde que había comenzado el secuestro. Para entonces, las autoridades musulmanas -tanto militares como civiles- comenzaban a mostrar cierta predisposición a permitir la salida del resto del convoy, pero el movimiento ciudadano se les había ido de las manos.

Morales recibió por radio una comunicación desde Medjugorje: Los croatas respetarían la tregua, pero querían negociar personalmente con él. Acordó con Thornberry que irían los dos a la reunión y que transcurrida ésta, regresarían rápidamente. El representante para Asuntos Cívicos de la ONU. aceptó. La desesperada situación militar de las fuerzas musulmanas en Mostar oriental ha llevado al Gobierno de Bosnia-Herzegovina a recurrir a este método de violación de la buena voluntad de las tropas españolas dedicadas a la ayuda humanitaria, tan utilizado anteriormente por serbios y croatas en esta guerra. El coronel Ángel Morales, sin afeitar, “muy cabreado pero muy tranquilo”, según sus subordinados, había podido salir el sábado del cerco de Mostar oriental para participar durante esa noche en las negociaciones con las fuerzas contendientes, bajo dirección de los generales españoles Agustín Muñoz Grandes y Luis Feliú. Tras varias horas de conversaciones hasta la madrugada del domingo, se confiaba en una pronta resolución de la crisis. Morales regresó a Mostar. En la mañana de ayer, sin embargo, los responsables musulmanes se negaron a acudir a la nueva ron da y advirtieron que no dejarían salir ni siquiera al coronel Morales para que acudiera de nuevo al cuartel general del batallón. Altos mandos de las Naciones Unidas manifestaban la convicción de que esta nueva vuelta de tuerca que suponía la ruptura de negociaciones y el renovado secuestro del coronel obedecía a órdenes de Sarajevo, de cara a forzar una nueva resolución del Consejo de Seguridad que coincidiera con la conferencia de Ginebra, donde estaban reunidas todas las partes enfrentadas, pero las reservas hacia el plan de paz por parte del Parlamento bosnio y de las fuerzas croatas de Bosnia hacen previsibles graves disensiones o incluso la ruptura de todo el proceso de negociaciones. En el caso de un colapso del diálogo en Ginebra, el Gobierno bosniaco parecía decidido a forzar una reunión urgente del Consejo de Seguridad que declarase a Mostar como Zona de Seguridad e impidiera, a través de la presencia de tropas internacionales, la caída de la margen izquierda de la ciudad en manos croatas. Muñoz Grandes y Feliú insistían de nuevo en Medjugorje en que no habría concesiones por su parte a aquellos que han organizado esta encerrona. Con toda comprensión hacia la población civil y sus sufrimientos en la margen izquierda de Mostar, los generales españoles dijeron que los soldados que fueron a ayudar a la población a petición de las autoridades musulmanas deberían recibir paso libre incondicional, al margen de cualquier acuerdo que pueda obtenerse para mejorar la situación de Mostar.

Llegados a este punto, las narraciones consultadas son un tanto confusas: El propio coronel Morales explica que como consecuencia de la negociación con el HVO. en el Cuartel General de la Agrupación, el Sr. Thornberry y el coronel Morales, en la tarde de ese día, se desplazaron en un BMR. enviado desde Medjugorje para asistir a una reunión con las autoridades croatas, presidida por el general Feliú (2º Jefe de UNPROFOR. en Bosnia-Herzegovina), consiguiéndose del HVO. que mientras se encontrara retenida la unidad en el barrio musulmán no habría disparos con armas pesadas sobre la zona: "Hay un cambio enorme", comentaba Alikadic. "La gente ahora camina parsimoniosamente por las calles debido a que se siente muchísimo más segura. Antes sólo estaban escondidos en sus casas, pero ahora se sienten más seguros y salen a las calles para hablar con sus vecinos. Desde que vinieron los cascos azules españoles, solamente un civil ha muerto. Si ellos no estuvieran aquí, más de 10 personas habrían perecido en el mismo espacio de tiempo". Los croatas se ofrecieron "desinteresadamente" a liberarles. Era algo que se comprometían a hacer en seis horas. LOS MANDOS ESPAÑOLES NO QUISIERON NI COMENTAR LA OFERTA.

Sin embargo, el periodista Javier Fernández Arribas, en su obra ya citada "Casco Azul, Soldado Español" (página 281), afirma que al mediodía del sábado, los 19 camiones y vehículos de prensa[15] "calentaban motores, con Thornberry al frente. No hizo caso de la indicación del coronel para salir ellos dos después, por la tarde, para que los soldados que se quedaban no pudieran pensar que el coronel se iba. El representante de Naciones Unidas les prometió a los cascos azules: "Volveré esta tarde. Nada más voy a dejar a los civiles y vuelvo con vosotros". Se engañaba a sí mismo; los soldados sabían perfectamente que Thornberry y su séquito se habían hecho la foto en Mostar, centro de atención de la prensa internacional durante esos días, y a la primera oportunidad regresaban a su lujoso hotel de Zagreb". Fuentes de Defensa preguntadas al respecto, en un intento de clarificar las informaciones, no aportaron ningún dato que echase luz sobre el asunto, no sabiendo precisar si Thornberry iba o no iba en el BMR. del coronel Morales (el autor ha tratado en repetidas ocasiones de contactar con el susodicho coronel, obteniendo silencio como respuesta). Lo que sí era cierto fue que al encuentro previsto para la tarde del 29 en Medjugorje no acudieron los bosniacos: “Se negaron a acudir a la cita”, comentaba el sargento Rafael Sáenz de Tejada, tan cierto como que, la noche del Sábado, el HVO. retuvo durante seis horas al coronel Morales y a los jefes “Armijos” que iban a la reunión, no dejándoles salir del aeródromo de Mostar hasta primera hora de la mañana del día siguiente… Así, normal que no quisieran acudir a la reunión del Domingo. Thornberry, que seguía negociando desde fuera el cese el fuego y la liberación del convoy, tras comprobar que los bosniacos no pensaban acudir a la segunda reunión, declaraba que probablemente debería establecerse “una presencia constante de cascos azules en la ciudad para que los musulmanes acepten liberar a los españoles. Creo que nos espera una larga negociación por delante”.

La portada del ABC” fechada el Martes 31 de Agosto era todo un poema: Se veía a un soldado español, con las manos cruzadas apoyadas sobre su casco y cara fatigada y de profunda resignación, sentado sobre un bidón de agua (o de combustible), mientras que –tras él- asomaban otros dos compañeros, recostados de brazos cruzados sobre la protección de sacos terreros de un BMR… El titular sólo corroboraba ese “Lo dice todo” de la foto: “¿Qué hace el Gobierno?”.

Los españoles -obligados a permanecer en el interior de los blindados, carentes de alimentos y escasos de agua potable- se veían a sí mismos como rehenes, pero Alikadic señalaba que "esencialmente los consideramos como amigos y protectores. Una fuerte caída en el número de bajas registradas en este sitiado barrio ya es suficiente justificación para mantener como rehenes a estos soldados"[16], afirmaba. La población civil no les veía como prisioneros, sino como salvadores. No obstante, las relaciones con los jóvenes milicianos bosniacos resultaba tensa, acusando como acusaban a los españoles de ayudar a los croatas. La mayor preocupación surgió cuando se empeñaron en que les entregasen los blindados. El legionario Amado, a dos semanas de regresar a España, no se lo podía creer. Cuando recriminó a uno de los milicianos, éste le contestó: "Nosotros nos tenemos que defender como podemos".

El problema de los cincuenta y siete cascos azules españoles retenidos desde el jueves en el sector musulmán de Mostar (sur de Bosnia) por nutridos grupos de civiles y militares que les impiden la salida de la ciudad, es una de las paradojas de esta guerra en la antigua Yugoslavia que las potencias occidentales no han logrado frenar. Las tropas, en este caso españolas, enviadas allí en misión humanitaria, se han convertido en víctimas –en rehenes virtuales- de la población sitiada, hambrienta y desesperada, a la que habían prestado una ayuda vital. Los musulmanes pretenden utilizar como escudo a los oficiales y soldados de la Agrupación Canarias ante la amenaza de una ofensiva croata a gran escala. Ayer los retenidos consiguieron aprovisionarse de agua potable. Temen que su situación de prisioneros de la impotencia y el desespero será larga.

Naciones Unidas, organismo responsable de este contingente que cumple funciones de ayuda humanitaria, debe afrontar este caso con la eficacia política necesaria capaz de resolverlo, sin perjuicio para los militares retenidos, y evitar que este tipo de acciones pueda convertirse en un precedente nefasto. Es cierto que las tropas internacionales desplazadas a esta zona de los Balcanes en guerra tienen que cumplir funciones de interposición, pero el convoy bloqueado en Mostar no tenía encomendada esta misión. El fracaso de las operaciones políticas para su liberación, incluido el hecho de que se impusieran condiciones, comprometería gravemente el futuro de los planes de ayuda a la población que sufre la lucha fratricida” (“La Vanguardia” –“Opinión”-, Lunes 30 de Agosto de 1.993, página 10).

Así que, ya concienciados, se prepararon para pasar allí una larga temporada. Colocaron los vehículos en el interior de los soportales, lo más protegidos posibles, ante la curiosidad de las mujeres bosniacas que con sorprendente despreocupación colgaban la ropa en cuerdas tendidas entre los dos tabiques del destrozado edificio (el cual ya carecía por completo de fachada), e instalaron en otro lugar más despejado el "Mercurio" para mejorar las comunicaciones. Negociaron la intendencia con la Armija y acondicionaron los locales cedidos por ésta, donde habían pernoctado con anterioridad algunos civiles de ACNUR. y dos periodistas (también los milicianos se lo habían ofrecido a los españoles, pero estos se negaron a aceptar nada hasta que un recibiesen la oportuna orden de sus superiores), para una estancia cuya duración era impredecible.

Llegada la noche, los cascos azules ponían en marcha los motores delos blindados para recargar las baterías. De improviso surgían en segundos milicianos de los sitios más insospechados, para reforzar a los que estaban de guardia en previsión de una posible huida masiva (de esta manera, los españoles les incordiaban, sacándolos de la cama e impidiéndoles descansar). Morales, tras discutir con el HVO. la reanudación de las patrullas españolas, como exigía la Armija, se dio una ducha y a las doce de la noche emprendía el camino de regreso a Mostar (había insistido en unirse a sus hombres después de las primeras conversaciones con fuerzas musulmanas y croatas; al anunciar a Thornberry que se marchaba, éste le contestó: "Muy bien, coronel, buena suerte"[17]). Se retrasó por problemas en un check-point, pero todos sus hombres sabían que volvería, "como McArthur", comentaba uno de los legionarios. Había entrado con ellos y había prometido que saldría con ellos. El día 29, sobre las 6:00 hs., el Coronel Morales llegaba de nuevo a Mostar Este –“no puedo dejar solos a mis hombres”- sin la compañía de Mr. Thornberry, que "había preferido quedarse fuera de la ciudad"[18], y trayendo una antena para conectar con el Hispasat (además de venir cargado con alimentos, mudas, agua, tabaco y pastillas potabilizadoras). Los 57 soldados españoles bajo el mando del coronel Ángel Morales, cercados en la margen izquierda de Mostar por la población y las fuerzas armadas musulmanas, son desde ayer de forma inequívoca rehenes del Gobierno de Sarajevo. El secuestro de que son objeto desde hace cuatro días es mucho menos un "escudo humano" para impedir nuevos ataques de las fuerzas croatas que una operación dirigida desde Sarajevo para canjear la libertad de los soldados españoles por garantías de seguridad para Mostar, a esta convicción llegaban los jefes militares españoles y altos mandos de las Naciones Unidas después de que las fuerzas musulmanas rompieran unilateralmente las negociaciones y retuvieran de nuevo al coronel legionario Morales, que había retornado con su tropa”. Las tropas españolas en Mostar se hallan en buen estado y su moral es alta”. Morales, con su llegada a altas horas de la madrugada cruzando las líneas enemigas para unirse de nuevo a su tropa, no hizo sino aumentar la tranquilidad y la determinación de sus hombres, dentro y fuera del cerco, por buscar una solución que impidiera que se sentase un precedente de éxito para “esta operación de manipulación de la ayuda humanitaria”. Por medio del satélite, los cascos azules pudieron llamar a sus familias, dos minutos como máximo cada uno (el teniente Garvi coordinaba, con cierta flexibilidad, las llamadas), para confirmarles que estaban bien y tranquilizarlas. Muchas de ellas se habían enterado que sus hijos, hermanos, novios se hallaban retenidos en Mostar a través de una crónica de Pérez-Reverte que el Telediario de TVE. había retransmitido. Mientras en el local prestado se instalaba una televisión y un vídeo (conseguido por Zico, un enlace de la Armija capaz de conseguir cualquier cosa que pudiera cargar en su Zastava 124), se reanudaron los diálogos con las autoridades civiles y militares del sector, a todos los niveles -tanto exterior como interior-, exponiéndoles por parte del coronel la postura firme del Gobierno español y de la ONU. de no acceder a ninguna pretensión bosniaca sin que antes saliera libremente la unidad retenida: "No acepto sus condiciones para salir de Mostar. Hemos venido a traer ayuda humanitaria y queremos irnos. La primera condición para negociar nueva ayuda o la presencia de una patrulla española es que primero salgamos todos los que estamos aquí. No podemos negociar mientras seamos rehenes". Al alcalde no le hacían mucha gracia las palabras de Morales, quien continuó con su perorata: "Mire usted, si queremos irnos podemos hacerlo con nuestros vehículos. Nuestro Gobierno no autoriza que ustedes nos tengan retenidos y nos utilicen como chantaje para que metamos una patrulla". Alikadic contestó que no iban a permitir su salida, por lo que el coronel se levantó de la mesa, salió del a alcaldía y ordenó a los BMR. que encendieran los motores. Alikadic corrió hasta el Cuartel General de la Armija y de él comenzaron a salir milicianos, que tomaron posiciones en los cruces y en las ventanas superiores armados con lanzagranadas y ametralladoras. Morales ordenó a sus hombres acudir a sus puestos de combate dentro de los blindados. Quitaron las fundas de las 12´70 y localizaron los objetivos a batir. La multitud permanecía inmóvil e impasible delante de los vehículos. La tensión se podía palpar…

A los pocos minutos, Alikadic se acercó al blindado de Morales para pedirle disculpas, excusándose por haber provocado tan angustiante situación. Ofreciendo su mejilla para que el coronel le propinara una bofetada, le explicó que estaba dispuesto a autorizar la salida de la columna a cambio de la entrega de Zuka, el cabecilla de los "Cisnes Negros" que operaban en Jablanica y de una cisterna con 8.000 litros de carburante; pero quedaba lo más complicado: convencer a las mujeres. Se proyectó una reunión con las portavoces del movimiento de mujeres para la tarde del lunes.

Raisa, una abogada, llevaba la voz cantante. Requería la ayuda internacional, ya que la situación de Mostar era desesperada. Morales la interrumpió: "Habéis conseguido vuestro objetivo, que a nivel mundial se conozca lo que ocurre aquí, porque todas las cadenas de televisión han estado presentes. Para lograr el otro objetivo, que nuestra presencia sea constante, debéis dejarnos salir. No se puede quedar nadie; ni mi Gobierno, ni mis Fuerzas Armadas, ni UNPROFOR., ni Kiseljak, ni nadie va a permitir una debilidad en este sentido, que alguien nos presione y tener que decidir así. Nosotros no vamos a admitir ninguna presión y no vamos a dejar ninguna sección ni a nadie de los que estamos aquí. Primero, porque los soldados españoles están cansados; segundo, porque necesitamos un cambio, y tercero, porque lo que yo decida lo tengo que decidir fuera, no dentro y bajo presión. Vosotras nos vais a retener cuatro días, cinco días, ocho, quince, veinte, pero al final nos tendréis que dejar salir, como ocurrió con Morillon en Srebrenica. No podéis tenernos aquí siempre, ¿cómo lo vais a hacer? No tenemos ni dónde lavarnos, ni dónde comer, ni dónde ducharnos, ni dónde hacer nuestras necesidades. No tenemos luz, ni agua, ni comida. ¿Cuánto vamos a aguantar aquí, con vosotras? ¿Quince días, veinte, un mes? Pero al final saldremos. ¿Qué va a ocurrir? Que cuando finalmente salgamos no vais a tener nada. Sin embargo, si yo salgo por las buenas y vosotras lo permitís, será mucho mejor"[19]. La interminable pero efectiva parrafada del coronel terminó atacando la vena maternal de Raisa, diciendo que había muchos chicos muy jóvenes entre sus filas y que sus madres en España estaban muy preocupadas. La abogada seguía sin fiarse, aunque la promesa de enviar una patrulla era firme. Sin embargo, intentó convencer a la asamblea de mujeres para que depusieran su actitud. No lo logró.

Algo era cierto –lo cual les “obligaba” a no deponer su actitud-: Desde que estaban los cascos azules “secuestrados”, los ataques del HVO. habían caído en picado… “Se ha producido un cambio enorme: La gente camina tranquilamente por las calles y charla con sus vecinos, los niños vuelven a jugar (algo cierto, pues las fotos muestran niños jugando –a la guerra, cómo no- alrededor de los BMR.´s), porque se sienten mucho más seguros. Desde que llegó (el convoy de) la ONU., sólo ha muerto un civil, cuando antes hubieran muerto al menos diez en los mismos días[20].

El Martes, Morales contraatacaba de nuevo a Raisa: "No podemos estar más tiempo aquí. Mis legionarios están reventados. Están durmiendo en los BMR., y ahí no se puede dormir, asómate. Yo llevo seis días sin dormir, esto no puede continuar. Estamos comiendo tan poco como vosotros y sabéis que pasáis dificultades. No nos importa hacer un sacrificio, como vosotras, pero para que sirva de algo, no para quesea inútil". Raisa continuó subrayando la constatación de la prometida patrulla, argumentando que los dos meses sin la presencia española habían sido una auténtica pesadilla. El coronel hispano se negaba a aceptar un relevo de rehenes dentro de Mostar. Sin margen de maniobra no podía decidir. Sometidos a chantaje y secuestro era imposible pactar nada, con la única protección del Cuartel General de la Armija. Los croatas continuaban bombardeando y cada vez se aproximaban más. Cada 10 minutos estallaba un proyectil a unos 150 metros de donde se hallaban estacionados los BMR. de la Agrupación (durante la madrugada, el intervalo se reducía a tres minutos). Aun así, el muro humano permanecía inquebrantable: No cejarían hasta forzar a los cascos azules a cumplir su función de protección. Morales le explicó a la portavoz femenina que lo único que conseguirían con semejante actitud sería una resolución negativa por parte del Consejo de Seguridad de la ONU., intentando que aceptara el papel de mediadora para negociar con sus conciudadanos. Al final lo consiguió y el coronel la acompañó al exterior. Juntos se subieron al capó de un Nissan, para convencer a las mujeres. Simultáneamente, Mirko traducía. La hora y media desplegando todo su poder de convicción logró dividir a las mujeres. Cuando regresaron a la mesa de conversaciones, donde les esperaban Alikadic y Mustafá, una hora más tarde, ya estaban todas convencidas: Raisa y otra camarada acompañarán al convoy hasta que coincidiesen con la patrulla de relevo (el rendez-vous estaba previsto en el aeropuerto), que las traería de vuelta a Mostar. También viajaría con ellas el alcalde, que proseguiría hasta Medjugorje. El Jefe del HVO. en Citluk les acompañaría hasta la salida de la ciudad: “Reuniones para arriba, reuniones para abajo, hasta conseguir convencer a los dirigentes musulmanes, o de las musulmanas, mejor dicho, de que nos devolvieran la libertad. Porque las musulmanas tenían un miedo atroz y desesperado. (…) Ha sido muy difícil, con unas negociaciones constantes, con una cantidad de reuniones tremendas, hasta que por fin hemos podido convencer a la gente de que lo bueno era que aceptaran nuestra propuesta, dándonos la libertad en el sentido estricto de la palabra, porque estábamos retenido. Y con esa libertad podremos entrar y salir de Mostar. Mientras estábamos retenidos no podíamos hacer nada [21].

A las 13:15 del Martes 31 de Agosto los BMR. de la AGT. "Canarias" se ponían nuevamente en camino[22], pegados unos a otros para evitar interferencias, pues alguna que otra mujer se resistía a apartarse. “Ése era el problema, que tenían miedo a que nos fuéramos y se quedaran sin el paraguas de salvación, y encontrarse así sin nada y a merced de cualquier situación. Ante esta circunstancia, nos impedían salir[23]”… Los niños, llorando, les arrojaban millones de dinares a modo de despedida, como si de confeti se tratara. Una granada había reventado la caja fuerte del banco un par de semanas antes y los críos se divertían jugando con unos billetes que no valían ya ni el papel sobre el que estaban impresos.

Justo cuando alcanzaban el sendero de tierra que conducía al punto de reunión observaron cómo una granada de mortero alcanzaba justo el emplazamiento que hasta minutos antes había ocupado el BMR. de Transmisiones. El impacto le recibió de lleno un autobús (que se hallaba a tres metros de donde había estado aparcado el "Mercurio"), que comenzó a arder desprendiendo una espesa columna de humo negro.

A las 13:45 contactaban con la patrulla proveniente de Dracevo. Las mujeres, que fueron despedidas con efusividad por el coronel Morales, regresaron a bordo de los nuevos vehículos. Mientras se efectuó la despedida no cayó ni un solo proyectil.

Nada más llegar el convoy retenido a Medjugorje, partió una nueva columna de cuatro BMR.´s y una veintena de legionarios para verificar el alto el fuego y seguir mediando entre la Armija y el HVO. “La Agrupación se mantiene a la espera de la decisión que facilite la reincorporación a sus actividades cotidianas”, informaba el MINISDEF.... El "secuestro" condujo, además del redespliegue de la AGT. en el interior de la ciudad (y un intercambio de prisioneros pactado para pocos días después), a la creación, el 3 de Septiembre, de un Base de Patrullas con presencia en ambas orillas, en un momento en que no se respetaba el alto el fuego y era previsible que, en breve, se produjeran fuertes combates (como así sucedería, los días 4 y 5). Además, supuso acuerdos para que durante todo el mes de Septiembre se llevaran a cabo evacuaciones de heridos e intercambios de prisioneros.

El recibimiento en Medjugorje fue apoteósico: El Teniente Coronel Castro abrazaba efusivamente a un cansado Morales. Casi lo habían pasado peor los de fuera que los de dentro. Sus compañeros les felicitaban, les abrazaban, los periodistas les entrevistaban... Pero ellos lo único que deseaban era ducharse, comer algo, llamar a casa y meterse en la cama.

Podían haber salido a sangre y fuego de aquella ratonera, arremetiendo con sus blindados contra las barreras y contra el gentío… Otros, en su lugar, ni se lo hubieran pensado. Pero, ante todo, nuestros cascos azules eran Militares españoles. Eran soldados. Eran CABALLEROS.


[1] La salida se había fijado para las 11:00 de la mañana del martes, pero los detalles de la operación se complicaron porque ACNUR. decidió dar publicidad a la misión y fue necesario negociar la entrada con el convoy de los medios de información.
[2] Javier Fernández Arribas: "Casco Azul, Soldado Español", página 268.
[3] General de Brigada Delimiro Prado Navarro (ex Segundo Jefe de UNPROFOR. en Bosnia-Herzegovina). Víctor Hernández: "La Ayuda Humanitaria es la Tarea más Importante que Puede Hacer un Hombre". "Revista Española de Defensa", Nº 67 (Septiembre de 1.993). Página 76.
[4] Miguel Ángel Villena: "Españoles en los Balcanes", página 69.
[5] Del convoy de 27 camiones quedarían retenidos 19. Los otros 8, encargados de descargar en el sector croata de la ciudad, regresaron a Medjugorje sin problemas.
[6] Alfonso Rojo: “Soldadito Español”. “El Mundo”, 4 de Diciembre de 1.994.
[7] Coronel Ángel Morales (respondiendo a la pregunta: “¿No era posible salir y acabar antes con una situación tan peligrosa?”). Joaquín Catalán: “Podíamos Salir Antes, Pero Matando”. “ABC”, Jueves 2 de septiembre de 1.993, página 24.
[8] Javier Fernández Arribas: "Casco Azul, Soldado Español", página 270.
[9] Ramón Lobo: "El Héroe Inexistente", página 77.
[10] E.F., Zapador destinado en BiH. desde Septiembre de 1.993 a Abril de 1.994 y entre Abril y Octubre del 96 (extractos de su diario personal). Ángel García García: “Otra Mirada Sobre Yugoslavia: Historia de la Participación de las Fuerzas Armadas Españolas en Bosnia-Herzegovina” (Tesis Doctoral), página 232.
[11] J.M.R., Zapador destinado en varias misiones en BiH. entre Noviembre del 94 y Enero del 99. Ángel García García: “Otra Mirada Sobre Yugoslavia: Historia de la Participación de las Fuerzas Armadas Españolas en Bosnia-Herzegovina”, página 251.
[12] Bien es cierto, que la población cocinó baklava para los cascos azules españoles, y se brindaba a lavarles la ropa: “Al principio, les decíamos que no, que “don’t worry” y que “thank you very much”, pero a medida que pasaba el tiempo, comenzábamos a oler tremendamente a tigre… Unas hermanas a las que yo había dado mis raciones de previsión me pidieron la camiseta para lavarla. Al día siguiente, cuando desperté y abrí la portezuela del BMR., aún con las legañas, me las encontré esperándome con la camiseta. El olor a limpio… Era increíble” (Comandante Manuel Alcalde, Jefe del Equipo CIMIC. de la SPFOR. “Ciudad de Ceuta” XXVI. Declaraciones al autor. Mostar, 20 de Septiembre de 2.005).
[13] “Los Legionarios Españoles Siguen Retenidos en Mostar Como Escudo Contra un Ataque Croata”. “La Vanguardia”, Sábado 28 de Agosto de 1.993, página 3.
[14] Javier Fernández Arribas: "Casco Azul, Soldado Español", página 274.
[15] Junto a los legionarios integrantes del convoy también estaban retenidos doce periodistas internacionales y españoles (del diario “ABC”, de Televisión Española y de la Agencia Efe).
[16] José Luis Lobo. "El Mundo", 29 de Agosto de 1.993.
[17] Javier Fernández Arribas: "Casco Azul, Soldado Español", página 285.
[18] Ángel Morales Díaz Otero: "Agrupación Canarias". "Ejército" Nº 657 (1.994), página 96. Thornberry, que había insistido (otro Richard Gere mediático) en acudir a un reparto de la ayuda humanitaria a Mostar organizado y negociado exclusivamente por las tropas españolas, no compartía la convicción del coronel Morales de la necesidad de retornar al interior del barrio cercado de Mostar para concluir en un sentido u otro la operación a la que con tanto entusiasmo se había unido cuando prometía ser una gesta espectacular y nada incómoda.
[19] Javier Fernández Arribas: "Casco Azul, Soldado Español", página 290.
[20] Alija Alikadic. Ricardo Estarriol: “La ONU. Considera Intolerable la Retención de los Legionarios”. “La Vanguardia”, Martes 31 de Agosto de 1.993, página 4.
[21] Coronel Ángel Morales. Joaquín Catalán: “Podíamos Salir Antes, Pero Matando”. “ABC”, Jueves 2 de septiembre de 1.993, página 24.
[22] 63 retenidos durante seis días... Finalmente fueron “liberados” bajo la promesa de volver a patrullar la ciudad... A partir de entonces, la orden fue llevar provisiones para un mínimo de 10 días, “en previsión de cualquier contingencia”.
[23] Coronel Ángel Morales (a la pregunta del entrevistador acerca de si la razón del secuestro era el miedo a nuevos ataques de los croatas). Joaquín Catalán: “Podíamos Salir Antes, Pero Matando”. “ABC”, Jueves 2 de septiembre de 1.993, página 24.

3 comentarios:

  1. Magnífico artículo... Como dice al final, casi lo pasamos peor los de fuera que los de dentro. ¡Gloria para los compañeros caídos!
    ¡Viva la AGT Canarias!
    ¡Viva España!

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  2. Si al autor del artículo le interesa, tengo un video del hecho (que ya facilite al EM de la BRILEG para su archivo histórico). Me lo dio -en DARFUR- un Policía Danés que estuvo también allí retenido y lo filmó con su cámara. Llevaba años buscando a un español al que poder facilitárselo... y yo no perdí la oportunidad.
    Saludos desde MALI. Tcol. SERRADILLA

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