lunes, 6 de mayo de 2013

Los ALFÉRECES PROVISIONALES: Héroes de Leyenda




ALFÉRECES PROVISIONALES: HÉROES DE LEYENDA.
Los 29.065 alféreces provisionales, desde Sebastián Camarero hasta Rafael Palenzuela, primero y último, son un dato expresivo de su contribución a los cuadros de mando de la guerra. Con los de los otros Ejércitos -Aire e Infantería de Marina- el número total de unos 30.000 puede darse como definitivo. De ellos 22.000 fueron de Infantería combatiente y tal nómina supone aproximadamente los dos tercios de la oficialidad de campaña, casi el completo de los mandos de sección, la mayor parte de los de compañía y algunos de batallón, o unidades similares en otras armas, aunque en menor escala, porque no en balde al terminar la guerra cerca de 8.000 eran Tenientes y casi 500 habían ascendido a Capitanes.

Podemos estructurar su composición del siguiente modo:

De las Armas:
Infantería: 22.180
Milicias: 1.004
Caballería: 307
Artillería: 1.578
Ingenieros: 1.174
Intendencia: 678
Auxiliares de Estado Mayor: 417

Otros Cuerpos:
Orden Público: 967
Batallones de Trabajadores: 509
Defensa Química: 209
Auxiliares de Intervención: 42

Subtotal: 29.065

Otros Ejércitos:
Aviación: 1.151
Marina: 137

TOTAL: 30.353

Ellos fueron, pues, la armazón de los 700.000 combatientes del ejército de Franco, el pulso y el impulso del combate, con sólo la táctica precisa, con escasa técnica, compensada muchas veces con derroches de valor y sentido común. Sus “¡Adelante!” o su “¡Arriba!” no eran muy ortodoxos ni muy recomendables como fórmula habitual, pero en muchas ocasiones fueron resolutivos a la hora de la verdad.

Así fue el prototipo, en el sentido cronológico, el de los primeros cursillos, cuando la guerra aún era irregular, el que ha quedado como estampa de alférez provisional y dio origen a frases, definiciones y chistes macabros que pueden definirse en el popular: “Alférez Provisional, cadáver efectivo”… Pero no puede olvidarse su sentido de responsabilidad, la preocupación escrupulosa por la vida de sus hombres, su afán de perfección profesional, que les llevaba incluso a solicitar a su comandante clases de táctica ampliatorias en días de descanso, y a apurar las situaciones en instrucción de combate, donde era tan difícil interesar a la tropa por un enemigo nada más que supuesto.

No se puede valorar al oficial provisional con dichos populares, tópicos y superficiales. Entre el alferecillo inexperto y el curtido capitán provisional había casi un abismo de ciencia y de experiencia militar. El mismo Franco, improvisó su loa, al año justo de salir la primera promoción, cuando el 1º de Octubre de 1.937 decía al pueblo de Burgos, al anunciar la conquista de Covadonga, desde el balcón de Capitanía: “Mi recuerdo en este día tiene que ser para los que se baten, para el soldado, para el oficial; tiene que ser para esos bachilleres de los frentes que, cuando les colgamos en el pecho una estrella, sabemos que formamos una generación de oficiales, sabemos que ve el honor de España en ellos… Hoy son esos hijos del pueblo, son esos alféreces provisionales, los caudillos, los cabecillas de nuestras tropas, los que las arrastran a la victoria, los que mueren en racimos, y mueren gritando como nosotros hacemos: ¡Viva España! ¡Arriba España!”.

Orgaz, impulsor de los AP
Y lo ratificaba a los veinte años de la victoria, inaugurando el Valle de los Caídos, el 1 de Abril de 1.959, al citarlos como el extremo más genial en las creaciones de aquella guerra: “El genio español surgió en mil manifestaciones, desde aquellas milicias en que cristalizó el entusiasmo popular de los primeros momentos, y que formaron el primer núcleo de nuestras fuerzas de choque, a los alféreces provisionales que nuestra capacidad de improvisación creó para el encuadramiento de nuestras tropas y que habían de asombrar a todos por su espíritu y aptitud para el mando”. Tal es el anti-tópico de alférez provisional, que no anula al tópico, sino que lo completa y supera.
Si nos dejásemos llevar del afán estadístico contaríamos los muertos. La aureola popular del alférez provisional hizo de él un romance de juventud y muerte que la retaguardia aceptó como un sino fatal a partir de la cuarta promoción. Según mis cálculos ponderados, que he contrastado con los historiadores más ecuánimes, quizá no llegasen a 3.000 los oficiales provisionales muertos en campaña. Si se tiene en cuenta el total de caídos en las filas nacionales y el hecho de que la mayor densidad de las promociones Sé; dio cuando la guerra terminaba, la proporción es extraordinaria. Pero lo que más importa no es el número, sino el cómo y el cuándo, por qué y para qué mueren.

El primero, el Alférez Escalera, cayó en el frente de Aragón el 5 de Octubre de 1.936, a los dos días de recibir en Burgos su pasaporte, única credencial de su empleo, por la urgencia de enviarlos al combate. El último, Alfonso de Churruca, cayó en la cabeza de puente de Toledo el 27 de Marzo de 1.939, víspera de la entrada en Madrid, con una espoleta de medio kilo clavada en la cadera. Eran las últimas descargas de la artillería enemiga.

Están registrados los hechos de 15 caballeros laureados y 363 medallas militares. El porcentaje es muy alto si se tiene en cuenta que en la guerra de Liberación se concedió un total de 71 laureadas y 1.214 medallas militares. Pero sería medir el heroísmo con un patrón demasiado material e imperfecto y olvidar innumerables casos que, por ignorados, quedaron en silencio. Alférez hubo que sólo ostentó treinta horas su estrella enlutada. Y hubo promociones que se embebieron íntegras en las batallas de Brunete, Teruel y el Ebro, según salían de sus Academias. Alguna división de choque, como la 1ª de Navarra, llevaba en su cuartel general un plantel de oficiales provisionales, en calidad de reserva, como piezas en calidad respeto, para que teniéndoles a mano hubiese interrupción en las repo­siciones de bajas.


LOS CAÍDOS
Nadie había hecho el más mínimo recuento ni cálculo sobre los Oficiales Provisionales muertos, pues en otro caso no se hubieran dado números exorbitantes y fantásticos, incluso en discursos oficiales, sin base alguna, ni siquiera lógica. Una buena muestra de tales absurdos está en la obra de uno de los últimos escritores con pretensiones históricas sobre la guerra del 36, que llama pseudo-historiadores a los primitivos y afirma: “Del MIR dependían las Academias de los Provisionales, que promovieron durante la Guerra 50.000 oficiales, de los que murieron 20.000 en combate”, añadiendo algo tan estadístico como lo siguiente: “Según el general Walch, en 1.938 la duración media de un teniente (sic) salido de la Escuela Militar era de cuarenta y tres días”. Prescindiendo de que si el general Walch era alguien al que el autor concede algún crédito por juzgarle enterado, debiera saber que desde Mayo de 1.937 los provisionales se formaban en Academias y seguían saliendo de alféreces y no de tenientes, es curioso que la terminología de “Tenientes” y “Escuelas” conviene perfectamente a los rojos y no a los nacionales. En cuanto a los cuarenta y tres días de vida media, está claro que, según eso, aún son pocos los muertos que se citan, pues 10 serían todos los salidos de las Academias cuarenta y tres días antes del 1 de Abril de 1.939, es decir, todos menos unos 4.500 promovidos después de esa fecha; según ellos no eran 20.000, sino 45.500 muertos, en buena lógica. Habría que preguntar por los heridos, que solían ser seis veces más, y los ilesos, que al fundarse la Hermandad de antiguos Alféreces Provisionales en 1958, contó muy pronto con 16.000 afiliados --vivos claro-, sin contar las bajas por muerte natural producidas en los veinte años transcurridos.

El único dato suficientemente expresivo y verídico que he con­seguido encontrar para el cómputo de oficiales provisionales muertos en campaña es el minucioso recuento que se hizo en Granada para bordar un manto a la Virgen de las Angustias, con una estrella por cada uno de los alféreces caídos de las promociones que en aquella Academia se consagraban indefectiblemente a Ella al terminar el curso. Las estrellas del manto son 537 correspondientes a otros tantos muertos de los 5.372 alféreces promovidos en los quince primeros cursos granadinos, los anteriores al que concluyó el 27 de Enero de 1.939 y subsiguientes, cuyos alumnos ya no llegaron a tiempo de intervenir en ningún combate. Es una base muy útil, por su amplitud, para el cálculo total de los Provisionales caídos, pues ese coeficiente del 10 % supone, casi exactamente, la cuarta parte de los 21.890 oficiales de las cuatro Armas combatientes promovidos antes del 25 de Enero de 1.939, promoción a partir de la cual difícilmente podrían intervenir en campaña 31, por terminar ésta el 8 de Febrero en Cataluña.

Bien es verdad, que ese tanto por ciento deducido de quince promociones de Infantería debiera referirse en rigor sólo a la Infantería -el arma con mayor número de bajas-, cuyos alféreces en la época rigurosa de campaña fueron 19.206, agregándoles 968 de milicias, que también eran infantería. Los 2.684 de las otras tres Armas tendrían, lógicamente, menor proporción de bajas, pero también es cierto que superarían la diferencia y la duplicarían fácilmente, los 5.132 alféreces promovidos en los seis primeros cursos de las Escuelas anteriores a las del General Orgáz, de ellos 3.932 de infantería, que fueron mucho más que diezmadas en la actuación de sus oficiales a lo largo de toda la guerra as. De ellos, por razón de su especialidad, sólo saldrían bastante indemnes los 177 de Intendencia, aunque en tan larga campaña, con incidencias tan imprevistas, no había seguro de vida para los Provisionales ni aun en los servicios de retaguardia.

En tal caso, y dadas las variantes e imponderables naturales a lo largo de la guerra, bien puede considerarse incluso corto el 10 % de muertos para el total de los 24.561 Oficiales Provisionales, incluidos los de servicios como auxiliares de Estado Mayor, Intendencia, Defensa Química, Intervención, Batallones de Trabajadores y Orden Público, en todos los cuales hubo ocasiones de peligro, o pudo haberlas, pues a veces iba la guerra a ellos, aunque ellos no fuesen a la guerra. Pero a esta suma hay que añadir los 1.288 oficiales provisionales de Aviación y Marina, que si apenas afectan al cálculo, confirman, sin embargo, fa proporción de bajas, pues en Aviación fueron 103 los pilotos y tripulantes muertos de los promovidos, los de más bajas, lo cual supone un 11,50 por 100 de ellos o un 9 % de los oficiales promovidos del Ejército del Aire. Incluyéndolos, totalizan ya 25.849 los oficiales base del cómputo, para calcular en un 10 % el número de muertos, que en tal caso serían unos 2.585. Teniendo en cuenta la mayor mortandad en las primeras promociones, anteriores a las de Granada y en las unidades del Ejército del Norte y del Centro, bien podría acercarse ese número hasta unos 3.000, que supondría, en términos generales, el 10 % de los 30.353 oficiales provisionales promovidos en total en los tres Ejércitos, sin excluir los 4.504 salidos de las Academias sin tiempo para actuar en el combate, aunque alguno de ellos pudo haber muerto, por ejemplo, en el naufragio del “Castillo de Olite” durante su expedición de socorro a Cartagena. Los que no pudieron caer en campaña fueron ninguno de los 1.185 de las promociones “Del Arco Iris”, que salieron de las Academias a partir del 1 de Abril porque ya había pasado la tormenta.

José María Pemán
Por otra parte, es poco probable que fuesen más de 3.000 los muertos. Para la guerra del 36-39 se da por normal el promedio de un muerto por cada siete bajas, coeficiente que pudo ser más agudo en este caso por las características especiales de ejemplaridad de los Provisionales, pero no mucho menor. En tal caso, los 3.000 muertos supondrían 21.000 bajas, prácticamente todos los oficiales de las cuatro Armas promovidos a tiempo de entrar en combate. Y si bien es verdad que hubo muchos heridos cuatro veces y más, también hubo gran cantidad de ilesos en las últimas promociones. Ello corrobora el cálculo como extremo, suponiendo que los ilesos se compen­sasen con los de múltiples heridas, que es demasiado suponer.

Mientras un recuento minucioso no lo desmienta, habrá que dar por bueno ese número máximo de 3.000 oficiales provisionales muer­tos, sobre la base aceptable del 10 por 100 de caídos en las quince primeras promociones de Granada, los 537 alféreces que estamparon su estrella y su nombre sobre el terciopelo negro del manto de su patrona, la Virgen de las Angustias.

El heroísmo de los provisionales.
Afirmé una vez que el heroísmo puede ser resolutivo en una guerra, como se explicaba un famoso sorites según el cual se debía una victoria a una simple herradura. La actitud de un solo héroe puede cambiar el curso de una batalla, todo depende de la oportu­nidad de su actuación en el tiempo y en el espacio; por eso hablé de «la estadística inútil de lo heroico», porque lo heroico no puede medirse más que en intensidad, y no se expresa en gráficas ni estadísticas, sino en el bronce, y el soneto. En el actual empacho sociológico de cifras comparativas y tantos por ciento, cualquiera pregunta siempre por costos, proporciones y equivalencias de guerras, bajas, municiones, héroes y recompensas. En cualquier caso, bueno será ofrecer el recuento de los oficiales provisionales que alcanzaron la categoría de héroes, a sabiendas de que hay muchos desconocidos, porque su acción no la vieron quienes podían resaltada y divulgada, o porque murieron, solos en el empeño heroico. Es notorio, por ejemplo, el caso del Mjguel Blasco Vilatela, de la VI promoción de alféreces de Burgos cuyo expediente de Laureada, por caso insólito, imprevisto en el reglamento, declararon únicamente los enemigos, ya que sólo ellos fueron testigos de su heroísmo.

Gral. Félix Gil Verdejo (1er Director Ac. Burgos)
De las 71 cruces laureadas de San Fernando que se concedieron durante la guerra, quince lo fueron a oficiales Provisionales, es decir, el 21,4 % del total. Eran éstos los condecorados con el título oficial de héroe:
Infantería: Santiago Pedrosa Posada.
Artillería (Legión): Juan José Orozco Massieu.
Infantería: Miguel Blasco Vilatela.
Infantería: Carlos García de la Herranz Martínez.
Infantería: José Antonio Pérez Otaño.
Infantería: Primitivo Gargallo Manero.
Infantería: Antonio Alemán Ramírez.
Ingenieros: Serafín de la Concha Ballesteros.
Infantería: Rafael García Siso.
Aviación: Manuel Vázquez Sagastizábal
Infantería: Juan Chicoy Dabán.
Infantería: Simón Hernández Sagrado.
Infantería: Alfonso Martínez Alonso.
Infantería: José Oriol Anguera-Dodero.
Caballería: Ramón Trobo Valdés.

Los oficiales provisionales ganaron 363 de las 1.214 Medallas Militares Individuales concedidas en el total de la campaña. El número de las recompensas concedidas a cada Arma se distribuye de la siguiente forma:


LAUREADAS
MEDALLAS MILITARES
INFANTERÍA
11
274
CABALLERÍA
1
19
ARTILLERÍA
1
13
INGENIEROS
1
6
AVIACIÓN
1
51
TOTAL
15
363

Incluyo los tres últimos, aunque fueron Oficiales de Complemento, por la absoluta identificación que éstos tuvieron con los provisionales, a quienes se unían sin distinción alguna en cursos de tenientes y capitanes. Moralmente se consideran también como Provisionales los dos laureados que eran oficiales habilitados, de milicias el uno: Carlos Miralles Álvarez, y legionario el otro, Giusseppe Borguesse de Borbón Parma, que incluso llevó su estrella en el fondo negro sobre el pecho; no así Miralles, por imposibilidad cronológica.

Van sumadas también en el cuadro las 30 Medallas Militares de alféreces Provisionales que eran suboficiales efectivos. No así las cinco de tenientes efectivos promovidos a capitanes provisional en el correspondiente curso, al ser muy circunstancial su provisionalidad y predominar en ellos su carácter profesional; ni los 16 de médicos y capellanes que fueron oficiales honoríficos, aunque hoy se sienten honrados al identificarse con los provisionales en su Hermandad. Tampoco figuran las medallas de cuatro pilotos civiles y uno legionario. Con ellos --moralmente provisionales todos-- habría 389 Medallas Militares en el recuento.

Para quienes de valorarlo todo en porcentajes, les diremos las 363 suponen el treinta por ciento del total de las Medallas Militares de la Guerra de Liberación.

Mas ya dijimos que el heroísmo, como el martirio, no se miden en número ni en utilidad. El sacrificio no es cuantitativo y estadístico, sino cualitativo y ejemplar. El heroísmo es caliente, no frío; dinámico y motriz, no inerte y escéptico. Y la estadística de lo heroico resulta casi siempre inútil, porque es intensidad y no recuento. Lo miden el epitafio, el himno y el clamor. Por eso lo que destacó José María Pemán de los alféreces provisionales es que ya en la guerra misma pertenecían a la Historia y al Romancero. Un romancero copioso, inspirado y popular, del que sólo caben ejemplos, como este fragmento de Camacho Carrasco:

“…Tejen las rubias en oro
las seis puntas de tu estrella.
¡Alférez Provisional!
Novio de una primavera
que se buscó por los ríos
y que vino por el mar...

Pero fue el mismo Pemán quien inmortalizó la figura del alférez provisional en un drama titulado “De Ellos Es El Mundo”, con versos que se hicieron lapidarios:
Alférez... Provisional.
Triste y bella cosa por
su misma fragilidad.
Como una flor en el viento,
como un vaso de cristal,
soy español por alférez
y más... por provisional.

Yo aquí, ofreciéndote, España,
veinte años, igual
que veinte dalias frescas,
y la Muerte
de jardinero detrás”.

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HECHO DE ARMAS POR EL QUE SE LES CONCEDIÓ LA CRUZ LAUREADA DE SAN FERNANDO:

DON SANTIAGO PEDROSA POSADA.
7 MAYO 1.938.
DEFENSA DE LA COTA 1.470 (Frente de Teruel).
El 7 de Mayo de 1.938 la cota 1.470 del Frente de Teruel, cuya avanzadilla era mandada por el Teniente Provisional D. Santiago Pedrosa Posada, sufrió el ataque de la 97a Brigada Mixta, apoyada por intenso fuego de artillería y carros de combate, llegando éstos en dos ocasiones a penetrar en las líneas propias, con el consiguiente peligro para el mantenimiento de su defensa. El Teniente Pedrosa defendió la avanzadilla de los ataques de que fue objeto durante cuatro horas, y herido gravemente desde los primeros momentos, se negó a ser evacuado -continuando al mando de las tropas-, dando a éstas ejemplo de valor y entereza, logrando con ello y sus acertadas disposiciones rechazar al enemigo y conservando en todo instante una magnífica presencia de ánimo y elevado espíritu. Una vez puestas en completa derrota las fuerzas atacantes, consintió en ser evacuado a las veintiuna horas de la noche, ingresando en el Hospital del Sagrado Corazón de Zaragoza, donde fallecía días después a consecuencia de la herida recibida.

Orozco Massieu
DON JUAN JOSÉ OROZCO MASSIEU.
11 MAYO 1.937.
DEFENSA DE LA POSICIÓN NÚM. 7 DE LA CABEZA DE PUENTE DE TOLEDO.
El día 1 de Mayo de 1.937, al mando de una Sección de la 21 Compañía de la 6ª Bandera del Tercio, ocupaba D. Juan José Orozco Massieu, con las fuerzas a sus órdenes, integradas por treinta y cinco a cuarenta hombres, el elemento de resistencia central de la posición número 7 de la Cabeza de Puente de Toledo (posición que por circunstancias anteriores se encontraba débilmente organizada y carecía de defensa contra carros de combate). En el expresado día el enemigo, muy superior en número, realizó desde el amanecer hasta once ataques, siendo siempre rechazado victoriosamente, tras de llegar a la lucha cuerpo a cuerpo, y poner en fuga a los T-26 atacantes mediante bombas de mano y disparos de fusil hechos a través de las mirillas de los mismos. Durante el desarrollo de esta acción, la Sección del entonces Alférez Orozco sufrió pérdidas que excedieron del 75 %, de ellas diecinueve muertos, entre los que se encontraban dos Sargentos y tres Cabos, quedando por ello casi sin mandos subalternos la Unidad. Herido el Oficial de referencia por un casco de metralla, fue ordenada su evacuación por el Capitán de la Compañía, negándose a ello por desarrollarse en aquel momento la fase más crítica del combate; continuó la lucha así, animando a sus soldados, dirigiéndola con insuperable pericia y dando ejemplo de valor y espíritu militar, resultando nuevamente herido de gravedad, pero logrando poner en fuga al enemigo.

Blasco Vilatela
DON MIGUEL BLASCO VILATELA.
22 Y 23 SEPTIEMBRE 1.937.
DEFENSA DE GAVÍN (Frente de Aragón).
Este Oficial, en los días 22 y 23 de Septiembre de 1.937 y al frente de los puestos de Gavín, realizó con su guarnición una defensa heroica ante un enemigo numeroso y bien pertrechado de material, resistiendo repetidos asaltos durante día y medio. Mientras los puestos pudieron defenderse, el Alférez Blasco les visitaba, animando a todos a morir antes de entregarse, y cuando la pérdida de las diversas posiciones apareció irremediable, se retiró a la torre de la iglesia, con los elementos disponibles y los heridos, sosteniendo allí una resistencia tenaz. Fue invitado insistentemente a rendirse, a lo que contestó invariablemente “sabré morir, pero que nunca me rendiré”. Consumidas las cuatro cápsulas que le quedaban de su pistola y herido en los brazos, fue hecho prisionero, y según las declaraciones testificales posteriores, en las filas republicanas fue citado como modelo a imitar, nombrándosele repetidamente en la prensa adversaria.


García de la Herrán

DON CARLOS GARCÍA DE LA HERRÁN MARTÍNEZ.
17 JULIO 1.937.
DEFENSA DEL CERRO DEL ÁGUlLA (Frente de Córdoba).
El 17 de Julio de 1.937 se hallaba este Oficial de servicio avanzado mandando un pelotón compuesto de unos veinticinco hombres, en la posición denominada "Cerro del Águila", en Córdoba. El adversario, con un efectivo aproximado de tres Batallones, trató de envolverla por su flanco derecho, poniendo en trance apurado la pequeña guarnición que defendía la llamada "Casa del Collado", Don Carlos García de la Herrán, dándose cuenta de este intento y sin otorgar importancia a lo numeroso del enemigo, salió de la trinchera con las fuerzas a sus órdenes, arrojando bombas de mano y -al grito de “¡Viva España!”- en brioso contraataque con insuperable energía y valor, entabló lucha cuerpo a cuerpo en la que halló gloriosa muerte pero logrando desconcertar a los republicanos y dando lugar a que el resto de su Compañía restableciese la situación.





Pérez Otaño


DON JOSÉ ANTONIO PÉREZ OTAÑO.
8 MARZO 1.939.
ACTUACIÓN EN EL SECTOR DE LA CASA DEL LAGO (Frente de Madrid).
El Teniente Pérez Otaño, perteneciente al Batallón de Cazadores de las Navas núm. 2, Grupo D, recibió el día 8 de Marzo de 1.939 la orden de efectuar un reconocimiento ofensivo de los atrincheramientos que el enemigo tenía establecidos en el Sector de la Casa del Lago (Frente de Madrid). Al mando de su Sección, compuesta de unos veinticinco hombres, salió de las trincheras propias para realizar el servicio encomendado y -al poco de haber iniciado la marcha- recibió una herida de bala en la rodilla derecha. No obstante, dando prueba de un elevado espíritu militar, prosiguió su avance bajo el nutrido fuego del adversario, cuyos efectivos eran próximamente los de un Batallón, sufriendo otra herida en el pecho. De nuevo se negó a ser evacuado y enardeciendo el ánimo de la tropa con su arrojo extraordinario, continuó la progresión; mas cuando ya se hallaba a muy corta distancia de las líneas enemigas, soportando un fuego de ametralladora y morteros, que llegó a ocasionar dos terceras partes de bajas en sus fuerzas, D. José Antonio Pérez Otaño fue herido por tercera vez en el cuello, muriendo prácticamente al instante.

Gargallo Manero

DON PRIMITIVO GARGALLO MANERO.
9 OCTUBRE 1.938.
CONQUISTA y DEFENSA DE LA POSICIÓN NÚMERO 102 (Batalla del Ebro).
El día 9 de Octubre de 1.938 se confirió a la 3ª Bandera de F. E. T. de Aragón la misión de conquistar la posición núm. 102 del Frente del Ebro, posición fuertemente atrincherada y defendida con abundantes armas automáticas, con una guarnición muy superior en número a las fuerzas asaltantes. El Jefe de la Bandera citada hizo presente a la Oficialidad la importancia de la operación y que ésta se realizaría sin apoyo de la artillería ni aviación. El Teniente Provisional de Infantería D. Primitivo Gargallo Manero pidió y se le concedió, el mando de la 1ª Centuria, que carecía de Teniente Comandante, por encontrarse enfermo. El avance de las fuerzas propias se realizó con grandes dificultades, a causa de estar el terreno completamente batido por el fuego de ametralladoras, por lo que antes de llegar a los asentamientos señalados, para concentrarse primero y asaltar la posición después, hubo sensibles bajas, siendo herido en el pecho grave el Oficial de referencia. Animado éste de gran espíritu, no solamente se negó a ser evacuado, sino a curarse, mientras no fuese ocupado el objetivo, continuando el avance al frente de la Centuria hasta llegar a las mismas alambradas enemigas. Ante el titubeo de sus soldados en este difícil momento, les hizo reaccionar animándolos personalmente, y dando ejemplo de gran valor y serenidad se lanzó por la brecha abierta por él mismo en dichas alambradas, utilizando bombas de mano. Por la importancia de la posición, rehecho el adversario, contraatacó rápidamente con toda violencia, resultando nuevamente herido de gravedad el Teniente Gargallo, negándose otra vez a ser evacuado y continuando en su puesto hasta la terminación del combate. Trasladado al Hospital, falleció poco después.

Alemán Ramírez
DON ANTONIO ALEMÁN RAMÍREZ.
15 FEBRERO 1.937.
DEFENSA DE UNA POSICIÓN EN EL OLIVAR DEL JARAMA (Frente de Madrid).
El 15 de Febrero de 1.937, el 2.° Batallón del Regimiento de Infantería Tenerife núm. 38, se hallaba guarneciendo unas posiciones en el Olivar del Jarama, ocupadas la noche anterior, por cuyo motivo no estaban lo suficientemente fortificadas, teniendo las trincheras una profundidad insuficiente para resguardar debidamente las tropas. El ataque enemigo tuvo Jugar con carros de combate, que marcharon ocultos por los olivares, no viéndoseles hasta llegar a una distancia de cincuenta o sesenta metros. Los T-26 rebasaron así las líneas propias, realizando a la vez intenso fuego, y uno de los proyectiles explotó en el asentamiento de la ametralladora del entonces Cabo D. Antonio Alemán Ramírez, salpicándole la cara de tierra, piedras y metralla, cegándole y lanzándole del sillín. Pero el Cabo Alemán, dotado de gran valor, se levantó con la cara llena de sangre y con pasmosa serenidad buscó a tientas su máquina, disparando varios cargadores al tiempo que gritaba: “¡A por ellos! ¡A cogerlos todos!” y otras frases análogas, que haciendo reaccionar inmediatamente a sus compañeros, pusieron en fuga al enemigo.


De la Concha

DON SERAFÍN DE LA CONCHA BALLESTEROS.
5 AGOSTO 1.938.
ACCIONES EN LA CIUDAD UNIVERSITARIA (Frente de Madrid).
El día 5 de Agosto de 1.938, una Compañía de Minas del Batallón de Zapadores Minadores núm. 7, que trabajaba en la galería del pozo número 214 de la Ciudad Universitaria y a la cual pertenecía el Teniente Provisional de Ingenieros D. Serafín de la Concha Ballesteros, caló con un pequeño boquete un colector de gran sección utilizado por el adversario como galería de mina. Por el boquete se arrancaron rápidamente unos conductores eléctricos establecidos en dicho colector, dándose fuego en esta galería a una carga de trilita aplicada contra el mencionado boquete, al objeto de ampliarlo y gasear al mismo tiempo el conducto subterráneo enemigo, impidiendo así el enemigo que en él pudieran hallarse reaccionase. Después de varias acciones desarrolladas durante los dos días siguientes, el 8 se trató de asegurar la incomunicación de la galería contraria, ordenándose que se procediera a cargar un hornillo potente en el mismo lugar de la última voladura; pero al ir a colocado y observarse un hueco entre los escombros del fondo de la galería, el Teniente Provisional De la Concha Ballesteros penetró en ella, y arrastrándose por el citado hueco, se acercó a unos sacos que allí había para examinar su contenido, viendo que se hallaban llenos de cajas de dinamita. Percatado del peligro que esas cajas representaban, decidió dar les fuego inmediatamente, y salió al exterior para preparar una carga-cebo, llevando consigo una de las cajas. Con medio saco de trilita, provisto de cápsula y mecha ordinaria, llegó hasta el pie del hornillo enemigo, y poniendo la carga en contacto con uno de los sacos de la mina le dio fuego, cortando así la galería. Posteriormente, pudo comprobarse que la voladura de la mina había tenido lugar cuando el adversario la estaba recargando, lo que demuestra el inminente peligro que corrió el Teniente De la Concha.

García Siso

DON RAFAEL GARCÍA SISO.
9 OCTUBRE 1.938.
OCUPACIÓN y DEFENSA DE LA POSICIÓN 102 (Batalla del Ebro).
Este Oficial, perteneciendo a la 4ª Centuria de la 3ª Bandera de F. E. T. de Aragón, tomó el mando de la misma en la operación llevada a cabo para la conquista de la posición 102 en la Batalla del Ebro, el día 9 de Octubre de 1.938. Inició el asalto conduciendo sus fuerzas valerosa y hábilmente por terreno muy batido, y sin apoyo de la artillería y aviación propias, siendo herido en esta primera fase, no obstante lo cual se negó a ser evacuado. Continuó al frente de los suyos animándolos con muestras de gran valor y resultando nuevamente herido al cortar las alambradas que protegían el objetivo; a pesar de ello se lanzó con bombas de mano sobre el primer reducto, ocupándolo, y apoyándose en éste para continuar el asalto de la parte izquierda de la posición, lo que consiguió después de una violenta lucha cuerpo a cuerpo con granadas de mano. Conseguido su propósito siguió en su puesto, a pesar de las heridas, y aún rechazó violentísimos contraataques en lucha muy enconada, en la que encontró gloriosa muerte, mientras el resto de las fuerzas, enardecidas por el alto ejemplo de su jefe, permanecían impávidas.

Vázquez Sagastizabal

DON MANUEL VÁZQUEZ SAGASTIZABAL.
23 ENERO 1.939.
ACTUACIÓN EN EL FRENTE DE PEÑARROYA.
El alto espíritu militar y valor temerario del Capitán Vázquez quedaron plenamente demostrados con sólo citar sus novecientas sesenta y cinco horas de vuelo, cuatrocientos servicios de guerra y veintidós aviones seguros y siete probables derribados. La pericia y acometividad de este Oficial culminaron el 23 de Enero de 1.939 en el frente de Peñarroya, cuando al mando de su patrulla y formando parte de un grupo de aviones de caza, con la misión de proteger a toda costa al resto de nuestros aparatos, divisó unos quince aviones rojos que se disponían a atacar. Inmediatamente, y a pesar de la desproporción en número, armamento y velocidad existente, se lanzó al combate, en el curso del cual recibió un tiro que, atravesándole la ingle le saldría por la espalda, y tal número de impactos en el avión que le obligaron a arrojarse con el paracaídas sobre territorio enemigo, donde a consecuencia de su herida falleció. Consiguiendo con exceso cumplir el cometido asignado y manteniendo con ello la supremacía aérea Nacional.


Chicoy Daban

DON JUAN CHICOY DABAN.
10 JULIO 1.937.
DEFENSA DE VILLAFRANCA DEL CASTILLO (Batalla de Brunete).
Este Oficial, perteneciente al 5º Tabor del Grupo de Regulares de Larache núm. 4, guarnecía con su Sección una de las posiciones defensivas de Villafranca del Castillo, contra la cual el 10 de Junio de 1.937 desencadenó el enemigo una violenta preparación artillera, atacándola seguidamente con cinco o seis Batallones de Infantería, precedidos por carros de combate. La Sección contuvo el primer empujón; pero la carencia de toda obra de fortificación que la protegiera, así como la considerable superioridad numérica del adversario, motivaron un quebranto en la moral de la tropa, por lo que su Comandante se vio precisado a replegarse hacia el puesto de mando del Centro de resistencia. En tan crítica situación, y no obstante haber desbordado también los rojos las posiciones contiguas, el Alférez Chicoy, dando pruebas de valor, reorganizó su Sección y con la fuerza disponible de otras Unidades, que igualmente habían sido desorganizadas, contraatacó al enemigo y -a pesar de su notoria inferioridad en medios- le arrolló y obligó a retirarse sobre el río Guadarrama, capturándole diez prisioneros, dos ametralladoras y diecisiete fusiles, además de causarle numerosas bajas. Con lo cual quedaron restablecidas las posiciones propias y se ganó tiempo para organizar adecuadamente la defensa de ViIlafranca. Durante el desarrollo del contraataque, D. Juan Chicoy resultó herido por una explosión cercana, no permitiendo ser evacuado. El 2 de Diciembre de 1.938, ostentando ya el empleo de Teniente Provisional, falleció a consecuencia de aquella herida...

Hernández Sagrado
 
DON SIMÓN HERNÁNDEZ SAGRADO.
13 MARZO 1.937.
OCUPACIÓN DE UNA POSICIÓN EN EL VÉRTICE PINGARRÓN (Frente de Madrid).
El Alférez Provisional de Infantería D. Simón Hernández Sagrado, el 13 de Marzo de 1.937 y al frente de una Sección de la 2ª Compañía del 2º Tábor del Grupo de Fuerzas Regulares Indígenas de Tetuán número 1, se lanzó a doscientos metros de las trincheras propias, con el objetivo de ocupar una posición del Vértice Pingarrón desde la que hostigaba el enemigo con fuego de armas automáticas, valiéndose de la situación dominante de aquélla, la cual se encontraba además fuertemente protegida con los medios de fortificación entonces más poderosos. En el asalto, el Alférez Hernández Sagrado recibió una herida en el brazo que no le impidió continuar avanzando; más tarde una segunda herida en el pecho, muy grave, a pesar de lo cual siguió animando constantemente a su tropa, y al fin una tercera herida en el vientre, que le causó gloriosa muerte, cuando conseguía ocupar el codiciado objetivo. Su actuación tuvo valor indudable en aquellos días en los que se luchaba en torno al Jarama de manera enconada.


Martínez Alonso

DON ALFONSO MARTÍNEZ ALONSO.
18 OCTUBRE 1.936.
RECONQUISTA DE LA POSICIÓN “LA CADELLADA” (Sitio de Oviedo).
A mediados de Octubre de 1.936, y con el fin de reducir la línea exterior que defendía la plaza de Oviedo, decidió el Mando abandonar temporalmente unas posiciones, siendo una de las últimas evacuadas la de “La Cadellada”, cuya guarnición se replegó a otra intermedia con el Cuartel de Pelayo, donde se mantuvo hasta el 17 del citado mes, fecha en que se verificó el contacto con las tropas procedentes de Galicia. Por la noche de ese mismo día se ordenó la recuperación de algunas de aquellas posiciones abandonadas, ofreciéndose entonces el Capitán Jefe que había guarnecido “La Cadellada”, reconquistar ésta con sus propias fuerzas. Aceptado el ofrecimiento, al amanecer el día 18 distribuyó dicho Capitán en tres Secciones, sumamente mermadas, los cuarenta y ocho hombres que le quedaban de su primitiva Compañía -la 2ª del 1º Batallón del Regimiento de Milán número 32-, estando mandada una de aquéllas por el Alférez de Complemento Martínez Alonso, al que se le asignó la misión de atacar “La Cadellada” por el flanco izquierdo. Poco después de iniciado el avance por las tres Secciones, observó el Alférez citado que la del centro, mandada directamente por el Capitán, estaba en situación comprometida, bajo los efectos del violento fuego de las ametralladoras enemigas, por lo que rápidamente y a pecho descubierto, se lanzó con su gente, cruzando el extenso prado de la Vaquería muy batido. A causa de las bajas que iba sufriendo la reducida Sección, tuvo que hacer su Jefe un vigoroso esfuerzo para impulsar a los soldados, poniéndose a la cabeza de ellos, arengándolos y enardeciéndolos con su ejemplo, escalando el primero la parte alta del objetivo y penetrando por una ventana en la casa del conserje de la Vaquería, donde había numerosos rojos, a los que desalojó con granadas de mano tras encarnizada lucha. Un año más tarde, el 7 de Octubre de 1.937, encontró gloriosa muerte en otra acción de guerra, perteneciendo al 4º Tabor del Grupo de Regulares Indígenas de Melilla núm. 2, como Teniente de Complemento.

 
Oriol Anguera
DON JOSÉ ORIOL ANGUERA-DODERO.
18 A 20 AGOSTO 1.938.
ACCIÓN SOBRE PEÑA JULIANA (Frente de Valencia).
Ordenada por el Mando la ocupación del macizo de Peña Juliana mediante una operación nocturna, por no haber dado resultado los intentos efectuados de día y tratarse de posiciones muy dominantes fuertemente atrincheradas, el Jefe del 2º Tabor del Grupo de Regulares de Tetuán núm. 1 dispuso que en la noche del 18 de Agosto de 1.938 se efectuase un golpe de mano contra las estribaciones de Loma Redonda -como acción previa para llevar a cabo aquella operación-, encargando su ejecución a una agrupación de dos Secciones, con un total de setenta hombres al mando del Teniente D. José Oriol. Cumplió su cometido este Oficial con tanta rapidez y competencia, que, cogiendo desprevenido al enemigo, aniquiló uno de sus Batallones, y aprovechando los efectos de la sorpresa consiguió apoderarse de las estribaciones mencionadas y de un magnífico observatorio desde el que los rojos vigilaban todo nuestro despliegue, mas no sin resultar herido en una pierna, negándose sin embargo a ser evacuado, Durante el resto de la noche el adversario efectuó violentos contraataques, con fuerzas cinco veces superiores, siendo todas derrotadas gracias a la actuación infatigable del Teniente Oriol, que no obstante la lesión sufrida se encontró siempre en los sitios de mayor peligro, enardeciendo a los soldados con su ejemplo. Por la mañana del día 20, después de una intensa preparación de artillería, reanudó el enemigo sus ataques con elementos considerables de todas clases, siendo siempre rechazado, si bien a costa de importantes bajas de los defensores, entre ellas la del Oficial antes citado, que en las últimas horas de la tarde de aquel día encontró gloriosa muerte a causa de la explosión de una granada.


Trobo Valdés
DON JOSÉ RAMÓN TROBO VALDÉS.
25 SEPTIEMBRE 1.936.
ACTUACIONES EN EL SECTOR DE ELGOIBAR (Frente de Guipúzcoa).
El 25 de Septiembre de 1.936 se hizo preciso desalojar al enemigo de una trinchera que ocupaba en las proximidades de Elgoibar (Guipúzcoa), desde la cual causaba numerosas bajas a las fuerzas propias, impidiendo su progresión. Realizados varios intentos para alcanzar aquel objetivo, se encargó de tal misión al Alférez de Complemento de Caballería D. José Ramón Trobo, quien arengando a la gente de su Unidad y poniéndose al frente de la misma, infundió la un elevado espíritu, pese al fuego que constantemente recibía. Atacando a pecho descubierto la trinchera citada, a la cual llegó el primero, se apoderó personalmente de una ametralladora y volviéndose contra el adversario, muy superior en número, le obligó a huir después de haberle ocasionado considerables bajas. La posesión de aquella trinchera, que hizo cambiar por completo la faz del combate, en favor de las tropas nacionales, fue lograda merced al valor heroico del Alférez Trobo Valdés, el cual encontró gloriosa muerte cuando acababa de cumplir la misión recibida.


domingo, 5 de mayo de 2013

UN PUENTE SOBRE EL TIEMPO (ALFÉRECES PROVISIONALES).



Sinopsis: 1.961, Javier López Cromwell, periodista norteamericano, regresa a España para contar moralejas sobre el primer baluarte contra el Comunismo. Y los amigos de su fallecido padre –al que nunca perdonó el haber abandonado a su madre- le comienzan a contar una historia sobre los Alféreces Provisionales…

Durante la Guerra Civil Española el bando sublevado ante la necesidad de remediar a tiempo la escasez de mandos promociona a este empleo individuos capacitados. Su formación fue rápida rompiendo momentáneamente moldes reglamentarios que no eran adaptables a las necesidades del momento.

El término de "ALFÉREZ PROVISIONAL" se acuñó para aquellos oficiales que, dadas las numerosas bajas que se producían en el cuerpo de oficiales del bando sublevado a medida que el conflicto se prolongaba, se alistaban voluntariamente en el ejército y obtenían directamente el empleo de alférez por tener una formación media o superior. Todo ello para suplir a la oficialidad de carrera.

La Junta de Defensa Nacional, instalada en Burgos, publicaba su decreto número 94 en el mes de septiembre de 1936, instituyendo la figura. Se creaban así oficiales "improvisados" para suplir la escasez de mandos intermedios. El término "Provisional" derivaba del hecho de que su compromiso de enganche al ejército se limitaba a la duración de la guerra.

Viejos conventos, antiguos palacios y varios cuarteles se utilizaron como academia para las primeras promociones de alféreces provisionales en Burgos, Sevilla, Granada, Fuencaliente, Ávila, Pamplona y Dar Riffien (Tetuán, Marruecos). Allí, tras un corto período de formación (en ocasiones cuatro semanas, en otras se alargaba hasta siete), los alféreces se convertían en jefes de sección, y podían ascender a teniente por actos de combate. En sus filas se contaban numerosos universitarios, maestros de las escuelas normales, escuelas técnicas o estudiantes de enseñanza media. Cabe destacar a la bautizada como "Quinta del SEU.", integrada por los estudiantes voluntarios que estaban afiliados a la Falange y al carlismo.

El distintivo de los alféreces provisionales, a cuyo mando estaba el general Orgaz, consistía en una estrella de seis puntas, colocada sobre un rectángulo de paño negro en la guerrera, camisa o cazadora. Este rectángulo fue llamado parche o estampilla, y de ahí viene el nombre de "estampillados" con que se conocía a los provisionales tanto en la zona nacional como en la republicana.

Los alféreces provisionales, fuese por su juventud o por su fuerte ideologización (en la película se observa quién viene de la Legión y quién de la Falange, con sólo fijarse en los cuellos de las camisas que sobresalen de las solapas de las guerreras), se distinguieron por su arrojo, lo que produjo un altísimo número de bajas entre ellos (incluso se acuñaban aforismos: "Alférez de complemento, cadáver al momento", o "Alférez provisional, cadáver efectivo"). Tal como proclamaba la primera convocatoria que apareció en el Boletín Oficial, debían servir "con preferencia en las que forman parte de las columnas en operaciones". Dicho arrojo se tradujo en medallas y galardones personales: se llegan a contabilizar once cruces laureadas y 236 medallas militares individuales. Seis de los recompensados con esta condecoración la lograron en dos ocasiones. La mayoría de las ciudades de España, una vez ganada la guerra por el bando franquista, dedicaron una calle, en singular, en reconocimiento a todos ellos, al Alférez Provisional.

Ya desde el primer fotograma del film, el mensaje es claro: Una película por y para los Alféreces Provisionales (hasta el título alternativo es explícito).

Un comienzo muy de film americano (de hecho, el protagonista regresa de Nueva York): Galán, aeropuerto, chica mona y descapotable. Pero en seguida se da pie a la herejía: Él ha perdido la nacionalidad española (aunque se halaga resignadamente a Estados Unidos –“los Estados Unidos son una gran nación”-… Por algo Eisenhower acababa de visitar España) y su pragmatismo y practicidad choca con el baluarte de la espiritualidad hispana: Almudena y su padre, defendiendo los valores tradicionales. Y con su cinismo, el renegado se aleja de la heroica sombra paterna. Y es que, para él, su madre –abandonada en el lecho de muerte- era más importante que la España que su padre defendió y por la que “murió con las botas puestas” (comentario muy de Errol Flynn), ganando –eso sí- la Cruz Laureada de San Fernando.

Pero, debido al motivo de su visita, tomar a España como modelo de la lucha contra el Comunismo (ahí es nada), comienza a conocer la historia de los Alféreces Provisionales (es que del Alcázar ya había película, como bien se indica) a través de los compañeros de su padre, encontrando a éste y encontrándose a sí mismo: Un norteamericano que no se une al Batallón Lincoln ni se parece a Robert Jordan/Gary Cooper en “Por Quién Doblan las Campanas” (Sam Wood, 1.943), ¡inaudito! Y es que eran otros tiempos…

Cuántas corbatas están sobrando…”, impagable comentario de un republicano al paso del héroe y su mujer (vestida de Mary Poppins). Tiroteos, Guardias de Asalto porra en ristre y la familia que hace las maletas y se va a hacer las Américas. Pero él es un patriota y se queda, como es su obligación.

Es brutal la escena de los milicianos asaltando la casa y dando matarile (con un Manolo Zarzo alejadísimo de sus papeles de héroe a los que nos tenía acostumbrados)… Su falta de piedad debió conmover al espectador de la época. Chica histérica y bofetada punible por Bibiana Aído (que, si por ella fuera, Glenn Ford hubiera acabado en Alcatraz tras agredir a Gilda), pero que acabará perdidamente enamorado del insulso y engominado galán; la evasión nocturna con momento de tensión a cargo de marineros republicanos (y sevillanos), al más puro estilo de películas de nazis (si es que hasta un miliciano porta una Schmeisser MP-40); el héroe que -¡cómo no!- se enrola en el Tercio (Alfredo Mayo ya estaba algo talludito para estos trotes en el 64); un padre que, por azares del destino, acaba en el emblemático Alcázar (aunque, al salir, parece que mucho hambre no ha pasado, no); una patrulla exploratoria que es de episodio de los Teletubbies –la descubierta es tremenda-. Al chico le ascienden a Cabo pero le sabe a poco: Quiere ser oficial, así que –como es universitario- firma para ascender a Alférez Provisional (y aquí aparecerá un imponente –como siempre- Tomás Blanco, ya fogueado en el Santuario de Santa María de la Cabeza, para instruirle y adoctrinarle). Ahora toca mucha escena de Academia y teóricas e instrucción por la Plaza de España de Sevilla antes de que llegase George Lucas y la convirtiese en parte del palacio de Theed, en el planeta Naboo, en “Star Wars II: El Ataque de los Clones”. Y como lo del adulterio estaba muy mal visto en la España de Franco (el amor libre se lo dejamos a las libertarias de Aranda), convierte a su enamorada –a la que salvó in extremis de los ogros marxistas- en su “Madrina de Guerra” y así pasa la censura. Luego toca gesta heroica (el asalto a la cota 461) y suicida, pues “la posibilidad de salir con vida es casi nula”… Y ahí está nuestro repeinado protagonista de gesto pétreo para encabezar el ataque, con unos republicanos mejor emboscados que los japoneses en Iwo-Jima. Comienza el combate y, la verdad, los heridos, más que estar moribundos parece que están cansados (sobre todo, ese émulo entrado en kilos de Arturo Fernández en “La Fiel Infantería”).

Y entre pelea y pelea, la imposible relación amorosa continúa: Una química del quiero y no puedo que se sacrifica noblemente en aras de la camaradería, el compañerismo y la amistad… Porque lo que no queda claro es si es viudo o si la mujer le ha abandonado y ha regresado a Estados Unidos (es la parte más ambigua y menos desarrollada del film). Amago de ósculo, manitas, pero sin confesar nada de la mujer y el peque (ahora, el tercero en discordia no es Mr. Magoo y se da cuenta de todo).

Y del descanso dominical en la retaguardia al frente de la Ciudad Universitaria, con una interesante (aunque breve) exposición de la guerra de posiciones que ese frente supuso. Es, posiblemente, la parte más interesante de la película, con secuencias que recuerdan a la magnífica “Sin Novedad en el Frente” (Lewis Milestone, 1.930) y los dos viejos amigos enfrentados por la misma mujer (la archiconocida historia) y compartiendo sinsabores: Barro, trincheras, alambradas (eso sí, lo de la bíblica zarza ardiendo es de traca). Y las chispas saltan con justificación incluida del paso de la compasión y la ternura del salvador al amor… Y el amigo Mendoza a escuchar la traición de su Judas particular, sumamente atormentado por su soledad. Y en su soledad descubre la artimaña minera del enemigo (algo ya tratado muy de pasada en “Sin Novedad en el Alcázar”). Miradas pétreas y un duelo, psicológico más que físico, de Spaghetti Western, antes de adentrarse en la mina, que más bien parece la estación de metro de Moncloa (estos eran túneles y no los de Cu-Chi). Y aquí es donde nos adentramos en los esquemas de la típica película bélica americana (si la toma de la trinchera podría recordar a “La Brigada del Diablo”, aquí bien podríamos encontrar similitudes con “Fuerza 10 de Navarone”). Y el sacrificio para conseguir Dios, Patria y paz… Y, de paso, se zanja el tema del “noviazgo” pecaminoso (o no).

Por cierto, la “aventura” de la mina es totalmente verídica: El día 5 de Agosto de 1.938, una Compañía de Minas del Batallón de Zapadores Minadores número 7, que trabajaba en la galería del pozo número 214 de la Ciudad Universitaria y a la cual pertenecía el Teniente Provisional de Ingenieros D. Serafín de la Concha Ballesteros, caló con un pequeño boquete un colector de gran sección utilizado por el adversario como galería de mina. Por el boquete se arrancaron rápidamente unos conductores eléctricos establecidos en dicho colector, dándose fuego en esta galería a una carga de trilita aplicada contra el mencionado boquete, al objeto de ampliarlo y gasear al mismo tiempo el conducto subterráneo enemigo, impidiendo así el enemigo que en él pudieran hallarse reaccionase. Después de varias acciones desarrolladas durante los dos días siguientes, el 8 se trató de asegurar la incomunicación de la galería contraria, ordenándose que se procediera a cargar un hornillo potente en el mismo lugar de la última voladura; pero al ir a colocado y observarse un hueco entre los escombros del fondo de la galería, el Teniente Provisional De la Concha Ballesteros penetró en ella, y arrastrándose por el citado hueco, se acercó a unos sacos que allí había para examinar su contenido, viendo que se hallaban llenos de cajas de dinamita. Percatado del peligro que esas cajas representaban, decidió dar les fuego inmediatamente, y salió al exterior para preparar una carga-cebo, llevando consigo una de las cajas. Con medio saco de trilita, provisto de cápsula y mecha ordinaria, llegó hasta el pie del hornillo enemigo, y poniendo la carga en contacto con uno de los sacos de la mina le dio fuego, cortando así la galería. Posteriormente, pudo comprobarse que la voladura de la mina había tenido lugar cuando el adversario la estaba recargando, lo que demuestra el inminente peligro que corrió el Teniente De la Concha.

Retomando el hilo argumental: El joven, finalmente, se quita la venda de los ojos y descubre (y, lo mejor de todo, finalmente entiende) a un padre desconocido para él hasta ese momento. Pero la conclusión es demoledora, cuando argumenta al amigo de su padre, ansioso por desfilar y emular las gestas de antaño que han de dar paso a la paz: Son guerreros que se empeñan en luchar contra el tiempo y, como bien afirma Manuel Gil, “Los héroes son hijos del momento, de las circunstancias” y ve tras cuarto de siglo a D. Rodrigo Díaz de Vivar un tipo cómodo, tranquilo, confortable, pacífico (vamos, alopécico, con barriga cervecera y en pantuflas, hablando en castizo), sin anhelar sangre. Y es que el tiempo apacigua el ardor guerrero y cualquier idealismo. O sea, que son carcamales desfasados imbuidos en sus obsoletas y decimonónicas ideas del romanticismo castrense y del patriotismo (es como lo que le dice Everett McGill a Clint Eastwood en “El Sargento de Hierro”: “Deberían meterle en una urna de cristal con un letrero que dijese: “Sólo Romper en Caso de Guerra””). Pero es que es “un hombre de poca fe” (pero la realidad –y el baño de multitudes que se dan los veteranos oficiales al desfilar- le demuestra lo equivocado que está… Y lo orgulloso que ha de estar de su padre). Y así, de alguna manera –con Susana y Almudena-, el círculo termina por cerrarse.

Un pelín trasnochado alegato anticomunista de la Guerra Fría, lleno de romanticismo alrededor de la estrella de seis puntas (al más puro estilo de “15 Bajo la Lona” o “Botón de Ancla”), romanticismo que mantienen vivo viejas glorias a costa de contar batallitas del abuelo Cebolleta. La veteranía guerrera que añora la batalla (y que para el ignorante bárbaro no es más que inteligible y arcaico discurso). Pero, poco a poco, la Hermandad de camaradas de su padre le comienza a interesar por el pasado de su padre… Y el hijo descarriado va volviendo al redil hispano a medida que Mayo (como no podía ser de otro modo) le va abriendo los ojos…Y el corazón. Lo bueno es que, aparte de la parte apologética de la guerra como mal necesario, no redundan en la idea de rojos y azules, llegando incluso a comentar que fue una “guerra entre hermanos”.

Están prácticamente todos: Julio Peña (“Alhucemas”), Alfredo Mayo (“Harka”, “Raza”, “¡A Mí La Legión!”), Tomás Blanco (“El Santuario No Se Rinde”, “Un Paso Al Frente”)…

En resumen, un film propagandístico, a mayor gloria de los Alféreces Provisionales (Oficiales y Caballeros), para celebrar como es debido los 25 años de paz, introduciendo –eso sí- de paso el conflicto intergeneracional entre los díscolos hijos nacidos durante la postguerra y sus padres ex combatientes (es un poco lo de siempre: El niño de papá progre y contestatario versus el padre conservador y fogueado con su sempiterna queja en la boca: “A ti te hubiera yo mandado al frente, para que te hicieran un hombre”). Son la generación del guateque y los cuba libres al ritmo del Dúo Dinámico (o lo que se terciara y permitiesen escuchar “los Grises”) frente a la Generación que ganó (o perdió) una guerra que a sus hijos les era tan ajena como lejana.

LO MEJOR:
Que el espíritu de Stallone y sus viejas glorias reunidas en “Los Mercenarios” no es novedad hollywoodiense del siglo XXI: Ahí estaban antes Alfredo Mayo y su tropa.

Es curioso que el discurso de Mayo al proyectar el film del “Método Ludovico” (ver “La Naranja Mecánica”, Stanley Kubrick, 1.971) al díscolo y descreído hijo de su amigo equipare Fascismo y Soviet… Todo ello enfrentado a la intolerable anarquía.

Ese toque de oración con el travelling sobre los cadáveres tapados con bastas mantas cuarteleras mientras los únicos tres Alféreces supervivientes (de un grupo de 8) rinden honores, es emocionante y conmovedora (pone la piel de gallina, la verdad).

LO PEOR:
El discurso típico y tópico de los “25 Años de Paz”: Que Ike hubiera visitado España y abrazado al general Franco 5 años antes del rodaje no es casual: El 36 demostró que la Cruzada contra el Bolchevismo que comenzó en España aún continuaba, cuarto de siglo después, incluso con más vehemencia (ya había pasado el fracaso de Bahía Cochinos y la crisis de los misiles).

Su (intento de) didactismo algo casposo e incluso infantil: Franco, el bueno, contra los soviets malos. De tan esquemático, el argumento resulta simplista (República demoníaca -¡que incluso permitió el divorcio!- versus Espíritu Nacional). La charla lúdico-didáctica (con imágenes de documental) que le dan al protagonista para explicarle el porqué de la contienda es de un maniqueísmo sólo comparable al que le hubiesen dado los del otro lado si llegan a ganar la guerra.

Las camisas ye-ye de las féminas, con vistosos floreados sesenteros, incluso en pleno Julio del 36.

Nota: 5,4 (no es, en modo alguno, de las peores y los protagonistas parecen más militares que de costumbre).

FICHA TÉCNICA:
Dirección: José Luis Merino.
País: España.
Año: 1.964.
Duración: 107 minutos.
Guión: José Luis Merino y Adolfo Mendiri.
Música: Salvador Ruiz de Luna.
Fotografía: Federico G. Larraya.
Protagonistas: Manuel Gil (Javier López), Maite Blasco (Almudena), Susana Canales (Susana), Julio Peña (Julio Mendoza), Alfredo Mayo (Vaquero), Barta Barri, Tomás Blanco (Capitán Jefe de la Academia), Ángela Bravo (Gladys), José María Caffarel (Comandante), Carlos Casaravilla (Comandante médico), Antonio Casas (Doctor Peláez), Ángel del Pozo (Aguirre), Beni Deus (Doctor Vidaurre), Carmen Esbrí (Pilar), Manuel Gas (Alférez), Antonio Jiménez Escribano (El Abuelo), Tota Alba (Ernestina Pons), Ángel Ter (Alférez Ortiz), Ángeles Macua (María José), María Mahor, Antonio Molino Rojo (Teniente), Juan Barberá (Otro teniente), Reina Montes (Elsa), Erasmo Pascual (Fotógrafo de El Retiro), José María Seoane (Señor Baraibar), Rosita Yarza (Señora de Baraibar), Ángel Jordán (Baraibar hijo), Pastor Serrador (Capellán), Manuel Zarzo (Jefe Miliciano) y Enrique Ávila (Asistente).

miércoles, 1 de mayo de 2013

DUELO de TITANES en la mar


Combate
DUELO DE TITANES: EL MINADOR VULCANO VERSUS EL DESTRUCTOR “JOSÉ LUIS DÍEZ”.

Con motivo de la concesión de la Medalla Militar Individual al Capitán de Fragata Don Fernando de Abarzuza y Oliva, Comandante del cañonero minador Vulcano, por el combate naval acaecido entre dicho navío y el destructor republicano José Luis Díez”, se le concede al minador y a toda su dotación el derecho al uso del Distintivo de la Medalla Militar Colectiva por O.C. de 26 de Abril de 1.939 (B.O. núm.130). Dicho distintivo fue utilizado desde entonces en la manga izquierda por todos los miembros de la dotación en conmemoración del combate, así como sobre la driza mayor del minador a modo de gallardete. El distintivo consiste en un círculo rojo orlado de laureles, portando entre aro y borde a ambos lados un león rampante, rematado en la parte superior con una torre; en la inferior un cartel con el lema “Al mérito en Campaña”. Dentro del círculo porta la inscripción “Vulcano” y la fecha “29-12-38”, En el modelo que ilustra este artículo bordado sobre un uniforme de Capitán de Navío, debajo del conjunto porta dos barras de repetición bordadas en hilo de oro indicador de que el poseedor también se le había concedido otras dos medallas colectivas más.

Medalla Vulcano
El Minador “Vulcano se encontraba en la noche del 29 al 30 de Diciembre de 1.938 de vigilancia en el estrecho de Gibraltar formando parte con los también minadores “Júpiter”, “Marte” y cañonero “Calvo Sotelo” de un dispositivo montado para evitar la huida de Gibraltar con rumbo a puerto enemigo del destructor republicano “José Luis Díez, cuya salida se consideraba inminente. En efecto a las 01 horas 08 minutos recibió el “Vulcano” señales de haberse puesto en movimiento el “José Luis Díez”, avistándolo momentos después iluminado por los proyectiles del “Calvo Sotelo” que guardaba la entrada de Algeciras. El “Vulcano”, inferior en velocidad al “José Luís Díez”, maniobró a cortar su derrota consiguiéndolo, llegando al abordaje entre ambos buques y causando averías con su fuego al “José Luis Díez” en la cámara de máquinas. Durante el abordaje el “José Luis Díez” hace nutrido fuego de artillería y de armas portátiles, causándole numerosos daños en su estructura, así como el lanzamiento de un torpedo que debido a la inclinación del buque, pasó por encima de la cubierta del minador. A consecuencia de las averías sufridas por el destructor este tuvo que varar en la Playa de los Catalanes, en el peñón de Gibraltar, para evitar su destrucción.

El comandante del “Vulcano” demostró mucha habilidad, pericia marinera, espíritu de sacrificio y valor militar, al atacar a un buque de mayor poder ofensivo y enorme superioridad en velocidad, maniobrando a pesar de esta diferencia en velocidad con tal decisión y habilidad que acorraló al “José Luís Díez” y lo tuvo bajo su fuego el tiempo suficiente para causarle graves averías. La dotación del “Vulcano” demostró durante todo el combate gran disciplina, valor y serenidad, haciendo fuego con la misma tranquilidad y precisión que si se tratase de un ejercicio, a pesar de estar los barcos abordados y del fuego que recibía del navío republicano.

El 1 de Enero de 1.939 a la llegada del minador al puerto de Cádiz el Almirante Bastarreche siguiendo las órdenes recibidas del Gobierno de Salamanca impuso las insignias respectivas al comandante y a la tripulación del “Vulcano”, insignias que por cierto habían sido adquiridas por suscripción popular del Ayuntamiento de Cádiz. Curioso es también conocer que la dotación del minador fue condecorada con otra medalla colectiva, en este caso es la referida a la Orden de la Medahuia que les concedió el Jalifa de Marruecos por su competencia y heroísmo.

Minador Vulcano
Pero, en esta historia de combate naval y Laureada, lo verdaderamente reseñable es la singladura delJosé Luis Díez, llena de vicisitudes:





JOSÉ LUIS DIEZ.
Astillero: Sociedad Española de Construcción Naval (Cartagena).
Quilla en grada: 4 de Noviembre de 1.927.
Botadura: 25 de Agosto de 1.928.
Entrega a la Armada: 13 de Septiembre de 1.929.
Baja: 1 de Diciembre de 1.965.
Destino: Desguace.


Ya en fechas tan tempranas como el 4 de Abril de 1.932 estuvo a punto de perderse en un temporal en aguas de Ibiza, que le hizo varar en la isla.

En Julio de 1.936 estaba en dique seco en Cartagena, al mando del comandante Carré. En la tarde del 19, el comandante ordena desarmar a la dotación esperando poder unirse a la sublevación, pero fue detenido junto a sus oficiales por la tripulación. Puesto en servicio el 22 se dirigió a Alicante, donde fue elemento clave en el fracaso de la sublevación militar con su presencia en el puerto.

En Agosto de 1.936 pasó a Málaga, desde donde operó en el Estrecho. El 21de Septiembre parte hacia el Cantábrico con parte de la Flota republicana. Al regreso de la Flota al Mediterráneo en octubre quedó en el norte, con la misión de prestar servicios de escolta y control de tráfico. El 3 de Enero de 1.937 tuvo un encuentro sin consecuencias con una flotilla de bous nacionales. El 2 de Marzo se encuentra con el destructor nacional “Velasco”. Pocos días después, alegando problemas en las máquinas, entra en el puerto de Burdeos. Allí desertan el comandante y el jefe de máquinas. Las reparaciones terminan a finales de Marzo, y regresa a Santander, teniendo un encuentro en la ruta con el crucero auxiliar nacionalista “Ciudad de Palma”.

Acostumbrado a verlo atracado e inoperante en el muelle, los bilbaínos lo bautizaron con el sobrenombre de “Pepe el del Puerto”, contándose a propósito una serie de anécdotas hirientes. Se decía por ejemplo que una salva suya no destruyó al enemigo sino su propia chimenea, y aunque esto no se encuentra probado, si es cierto, en cambio que su defensa antiaérea redujo a un montón de chatarra, el 20 de Abril de 1.937, al caza del famoso piloto Felipe del Río, a quien se consideraba, por la serie de victorias que había cosechado como el “As de Euskadi”. Los artilleros del destructor, confundieron el avión que tripulaba el aviador santanderino con un caza alemán, apuntándose el derribo, por lo demás el único de la historia del barco…

José Luis Díez
Los malos humores que había desatado el “José Luis Díez” a causa de su pasividad fueron motivos de un desagradable incidente pocas semanas antes de la muerte del piloto de caza, cuando los bous armados “Bizkaya”, “Gipuzkoa”, “Navarra” y “Donostia”, que convoyaban hacia Bilbao al buque tramp “Galdames”, habilitado como correo, se enzarzaron en batalla con el crucero Canarias al que apoyaba el destructor Velasco. Los bous no consiguieron impedir la captura del “Galdames”, ya que fueron sometidos a un fuego atroz que provocó el hundimiento del “Navarra”. Mientras ocurría este combate el “José Luis Díez” estaba atracado -como de costumbre- aunque era urgido para ayudar a los bous. El destructor no zarpó…

Furioso por el drama que había pasado el Gobierno Autónomo vasco ordenó la requisa del destructor y el ingreso en prisión de los tripulantes, lo que tuvo lugar. Sin embargo las autoridades vascas a las que urgía la vuelta al servicio del “José Luis Díez”, estaban en condiciones de aportar los fogoneros y timoneles necesarios pero no una dotación completa de puente que conociese el manejo del buque. Por lo que todos los detenidos fueron sacados de la cárcel y reincorporados a sus puestos. También influyó la actitud del gobierno central, nada proclive a que un buque de guerra pasase al control de un gobierno autónomo. Que la experiencia sufrida no iba a estimular la mortecina combatividad del “Pepe del Puerto”, se vio poco después y más concretamente cuando el destructor “Císcar”, que navegaba a 20 millas del Cabo Machichaco, se topó de improviso con el crucero “Almirante Cervera”, que a 8.000 metros parecía en la posición ideal para situar sus proyectiles de 152mm sobre el destructor. La primera salva del crucero llegó corta con una dispersión entre proyectiles de 200 metros, pero en la dirección correcta. La segunda salva fue dos tiros cortos y uno largo, cayendo a 50 metros por estribor. Las salvas del crucero, a las que respondía el destructor con sus dos cañones de popa, continuaron a razón de una cada 10 segundos y siempre con el mismo resultado, dos cortos y un largo, mientras que la distancia aumentaba gracias a la mayor velocidad del “Císcar”. De pronto a 15.000 metros los tripulantes del “Císcar” advirtieron una columna de humo y creyeron que era el destructor “Velasco”, pero al poco identificaron al “José Luis Díez”, que fiel a su fama, cuando se apercibió de lo que ocurría viro hacia el noreste a toda máquina envuelto en nubes de humo negro. El “Císcar” acabó por ponerse fuera de tiro de su perseguido gracias a que el “Cervera” navegaba con siete calderas en lugar de las ocho de costumbre.

Al caer Bilbao en Junio del 37 los dos buques marcharon a Santander, en donde el ambiente no era alentador ya que Indalecio Prieto había nombrado comandante de marina a un antiguo capitán de fragata que era muy honrado pero era incapaz de desempeñar el mando que se le había confiado. El comandante decía “cuando me retiré un buen barco navegaba a 15 nudos. Ahora ustedes hablan de 35 nudos como si tal cosa. Me encuentro totalmente despistado“. En realidad la determinación de Prieto venía impuesta por la penuria de opciones, que se puso de relieve cuando se le dio el mando del “José Luis Díez” a un antiguo comandante del “Císcar”, famoso por sus borracheras, ya que aunque en el Estado Mayor se encontraban dos oficiales del Cuerpo General con conocimientos más que suficientes no se confiaba en ellos. Incluso se vio obligado a sustituir, con un teniente de navío ruso, a un comandante de submarino desertor. Por cierto que el primer día en el que salió al mar ese teniente le largó dos torpedos al crucero Almirante Cervera que no hicieron blanco.

Díez embarrancado
En su nueva base el “José Luis Díez” continuaba con sus mismos hábitos. Cierta noche había zarpado de Santander con rumbo norte en línea de fila los dos destructores, cuando súbitamente a 3.000 metros avistaron al crucero “Almirante Cervera” con lo que quedó en buena posición para ser torpedeado por el “José Luis Díez”, al que no había visto, pero el destructor viró a estribor y desapareció en la oscuridad cobardemente desaprovechando la oportunidad que se le ofrecía.

La caída de Santander y el embotellamiento de lo que quedaba de la flota republicana en Gijón fueron dos acontecimientos de corte agorero.

En el puerto asturiano, desertado por los submarinos C-2 y C-4 que se habían marchado a Francia, continuaban el submarino C-6, el torpedero nº 3 y los destructores “José Luis Díez” y “Císcar”. La defensa antiaérea era ridícula y los aviones bombardeaban constantemente. Un día las baterías de acumuladores del C-6 quedaron destruidas con lo que el submarino ya no podía sumergirse. En otra ocasión, los tripulantes del “José Luis Díez” presa del pánico se escondieron en un refugio, siendo los hombres del “Císcar” los que tuvieron que servir la pieza abandonada.

El Musel era una especie de ratonera, capaz de afectar los nervios de los más templados y no digamos de una tripulación como la del José Luis Díez, que hacía más de un año que tenía como norma escurrir el bulto. Por eso cierta noche que los dos destructores habían salido a alta mar echando a pique dos pesqueros enemigos de cuyo cargamento de atún se apropiaron entre los puentes de mando se entabló este dialogo:

-(Comandante del “Díez” a comandante del “Císcar”): Dadas las averías recibidas ayer y la seguridad de ser hundidos propongo irnos a Falmouth.
-(Comandante del “Císcar” a comandante del “Díez”): Las órdenes son de volver a Gijón.
-En Gijón seremos hundidos.
-Pero habremos cumplido las órdenes recibidas.
-Me voy a Inglaterra.
-Buen viaje.
(El “Císcar” fue hundido por la aviación alemana en el Musel).

En Falmouth desertaron, entre otros, el comandante, el jefe de máquinas y el oficial de derrota. El “José Luis Díez” fue trasladado por Fernando Navarso al puerto francés de Le Havre y entregado allí a Juan Antonio Castro Izaguirre, un guipuzcoano recién habilitado de capitán de fragata y quien por curiosa paradoja, mandaba el “Císcar” en las dos ocasiones en que fue dejado solo frente al crucero “Almirante Cervera”. El “José Luis Díez” tenía varia averías, siendo la principal de ellas la que afectaba a la caldera número 1 que con sus tubos quemados y retorcidos era necesario reentubar. Eso suponía una seria y obligada obra, toda vez que se había perdido contacto con la zona que controlaba la República en la zona Norte. El barco no tenía más remedio que contornear la península y buscar el Mediterráneo a través del estrecho de Gibraltar.

El nuevo comandante se trasladó a Barcelona donde el Ministro de Defensa le expuso su plan: “Usted no pasará el estrecho. Cuando se encuentre listo convoyando dos barcos que se hallan en Burdeos y en los que habrá armas municiones y hombres se dirigirá a Santoña, en cuyo penal hay 12.000 gudaris vascos que se levantarán en cuanto se oigan sus cañones. Con la ayuda de su destructor les será fácil dominar la guarnición de Santander y apoderarse de todos los vehículos disponibles y se dirigirán a Bilbao para tomarlo. Usted navegará hasta allí y bombardeara la ciudad si fuera necesario. En ese momento yo le enviaré la Aviación y habremos creado de nuevo el frente norte”. En su estancia en la capital catalana Castro recibió una carta del Almirante Moreno invitándole a pasar al otro bando. También fue abordado por una mujer joven que Castro cree que es Natalia Larios, esposa del duque de Montemauro, muerto a bordo del crucero “Baleares”, pero que según otras fuentes, se trataba de la bailarina italiana Mina. Por toda respuesta Castro exige una cantidad determinada de dinero así como pasaporte para trasladarse a Argentina. Lo hizo no porque hubiese pensado desertar, sino porque confiaba a sus enemigos e impedía el que éstos, mediante el soborno tratasen de sabotear al destructor. La posibilidad del sabotaje no era descartable, ya que la propia tripulación española se encontraba descontenta de su situación. Por otra parte el jefe de la base de Le Havre era profranquista.

El 20 de Agosto de 1.938, tras el intencionado simulacro de deserción del fogonero José Sánchez y del preferente, José Seigido, que abandonaron el buque al grito de “¡No queremos ir a Rusia!”, para hacer creer que ese era el rumbo del “José Luis Díez” el destructor zarpó con el pretexto de hacer unas pruebas (en las de mar, celebradas unos días antes había navegado a 35 nudos, pasando por estribor al trasatlántico “Normandie” y doblándole por la proa). Una vez en mar abierto se dio orden de poner rumbo Oeste.

El “José Luis Díez” se trasformó como un destructor inglés pintándose dos bandas negras en la chimenea trasera, mientras que en las amuras se le pinto el numeral D-19. Fueron izados un pabellón de comodoro y el de la Cruz de San Jorge. En cuanto a la artillería el cañón de 76 mm, fue emplazado en la torre número 3 con la apariencia de ser uno de 120mm y se instalaron dos ametralladoras de 40mm que habían llegado a Le Havre en el doble fondo de unos camiones Otras dos ametralladoras de origen italiano ocuparon el puesto dejado por el cañón de 76mm y un nuevo puesto en la popa.

La navegación transcurrió con toda normalidad aunque procuraban alejarse de los mercantes. A primeras horas del 24 de Agosto se celebró el encuentro con el buque nodriza “Saturno” que esperaba al destructor. No obstante por causa del tiempo las naves continuaron hasta Cabo Cantín donde al día siguiente fondearon. Empezó el trasvase de combustible, tarea difícil puesto que el Saturno no era un petrolero sino un simple mercante al que se le había limpiado para la ocasión uno de sus tanques.

El bombeo se hizo bajo condiciones expectantes, tanto por problemas de orden técnico como por el de ser descubiertos por el enemigo. Los temores se confirmaron cuando avistaron un pesquero que fue a mirar que pasaba. El pesquero era el “San Fernando” con matrícula de Vigo. El destructor se acercó a 500 metros cuando el pesquero enarbolando la bandera bicolor fue sorprendido por el “José Luis Díez” que cambió la bandera inglesa por la tricolor. ¡No usen la radio y prepárense para abandonar el buque! En total 12 hombres fueron tomados a bordo y mientras el segundo del “José Luis Díez” se hallaba en el pesquero abriendo los grifos de fondo para hundir el pesquero apareció el pesquero Con que fue también apresado. Los dos pesqueros fueron hundidos por el Saturno con su proa pues tardaban mucho en hundirse. Tras este incidente continuó la navegación para acercarse al estrecho de Gibraltar aproando hacia él. Su primer plan consistía en bombardear la refinería de Las Palmas y aprovechar que los barcos que custodiaban el estrecho irían a su búsqueda para tratar de franquearlo. Sin embargo por razones técnicas tuvo que abandonar este plan.
El 26 de Agosto de 1.938 el “José Luis Díez” se acerca envuelto por las sombras al estrecho. A las 22:35 se avista el Cabo Espartel, navegando a 27 nudos no navegando a mes velocidad para no producir humo ya que por causa de un defecto de todos los destructores de su serie, los ventiladores no suministraban suficiente aire para la combustión a gran velocidad.

 

A las 00:45h se cruza con un trasatlántico al que escolta un cañonero con las luces apagadas. La unidad enemiga se sitúa a 200 metros y vira para ponerse en el mismo rumbo que el “José Luis Díez” y le dispara seis granadas trazadoras.

A las 01:16 a cinco millas y media de Tarifa el destructor avista al crucero “Canarias” a 4.000 metros por la amura de babor y con su mismo rumbo. Castro ordena abrir fuego contra el crucero pero un cascote de la segunda salva incendia una jarra de pólvora den la pieza número dos. Los 90 kgs que contenía explotan matando a todos los sirvientes menos al cabo del cañón que es arrojado al mar por la onda expansiva, siendo recogido por un mercante italiano. El hombre se identifica como pescador gibraltareño asegurando que su barca fue abordada y hundida. Los italianos le creen y lanzan una llamada de socorro en dirección a la colonia para que envíen alguien a por él. Esta llamada es interceptada por un buque franquista y se hace entregar al náufrago que será fusilado poco después en Cádiz.

Apenas disipado el fogonazo de la explosión en el puente del “José Luis Díez” se observa como un destructor enemigo trata de alcanzarles con sus cañones de popa. Las baterías de Ceuta disparan proyectiles iluminantes y el crucero “Canarias” sigue lanzando salvas de cuatro piezas cada 10 segundos. La situación a bordo es dramática. El machete de circuitos de fuego del cañón número 2 está fuera de uso por lo que se pasa a control manual. El buque que navega a proa del “José Luis Díez” lanza al agua un flotador luminoso y vira a estribor. El “José Luis Díez” vira a estribor para escapar del haz luminoso pero en ese momento encaja un proyectil de 203mm a la altura de la pieza número 1, a babor, y casi en la línea de flotación. En pocos segundos el destructor pierde velocidad, se hunde de proa y cae a la vez de banda, mientras que, con la barra a estribor, describe un gran giro apuntando a Gibraltar, rumbo que prosigue mientras que el enemigo continúa hacia el Mediterráneo y el crucero Canarias continúa el fuego, posiblemente sobre uno de los cañoneros o minadores propios al que -por inadvertencia- debe tomar por el “Díez”.

A bordo del destructor hay una vía de agua en el sollado, así como una serie de heridos entre los que figura el segundo comandante y el comisario político... A las 03:15 el destructor gobernado con máquinas y timón pues no obedecen los mandos regulares entra en Gibraltar atracando en el muelle del Almirantazgo. Las averías son grandes ya que la explosión del proyectil puso en comunicación el tanque de petróleo número 1 con el mar y como las bombas de combustible estuvieron picando de ese tanque, a los mecheros les llegó el agua en vez de petróleo y se apagaron. El sollado de fogoneros fue destrozado pereciendo en él los 24 pescadores prisioneros, así como su guardia y un tripulante enfermo. Hay numerosos heridos entre ellos 17 de los 18 ocupantes del puente. Los fallecidos son colocados en hamacas cosidas y con un proyectil en los pies son llevados por un destructor inglés a alta mar, sepultándolos bajo las olas, cerca de Punta Europa entre las reglamentarias descargas de fusilería.

Aunque sacar al “José Luis Díez” de Gibraltar donde es un huésped indeseado, parece tarea más difícil que la de atravesar el estrecho, el gobierno republicano decide alistarlo dentro de los tiempos mínimos concedidos por la colonia. El ingeniero Lago, que ya se ocupó del destructor durante su estancia en Le Havre, llega a Gibraltar y se trae de Argel dos barcazas una enorme cadena de ancla y un puñado de obreros cargados con planchas y equipos de soldadura autónoma. Las barcazas son colocadas en los costados del destructor y luego hundidas. De esta manera la cadena en forma de ocho es pasada por debajo de la quilla y amarrada a las barcazas que son reflotadas, consiguiendo levantar al destructor, permitiendo así operar sobre la brecha cerrándola.

Mientras Lago continúa la reparación, Castro Izaguirre va a Barcelona para entrevistarse con el Jefe de Estado Mayor de la Escuadra Republicana, decidiéndose que ésta saldrá a recoger al destructor, al cabo de Palos cuando abandone Gibraltar. No obtiene pese a sus ruegos que dos destructores se acerquen a Punta Europa para librarle de los minadores que montan guardia. Así la cosas, todo va quedando a punto y en su lugar. Incluso el combustible que los ingleses sólo autorizan el embarque de 100Tm, cantidad insuficiente para llegar a Almería, pero que gracias a una sonda preparada se convertirá en 320Tm.

Para el plan de salida, Castro decide navegar pegado a tierra ya que así piensa que la batería de Punta Carnero por miedo a hacer blanco sobre Gibraltar no abrirá fuego. Ha confeccionado dos granadas submarinas, amarradas a un flotador para evitar que un barco se ponga detrás atacándole con los cañones de proa. Otra precaución consiste en traer de Londres dos estaciones portátiles de radio para el caso de que el día que zarpe sea un día con niebla. En esa circunstancia el ingeniero Lago se situaría en lo alto de Punta Europa e informaría al puente del “José Luis Díez” de lo que viera.

El 30 de Diciembre a la una en punto el “José Luis Díez” se hace a la mar con las luces apagadas. Cuando franquea el rompeolas dos bengalas son arrojadas desde el Peñón, más concretamente del Club de Regatas, estallando en lo alto.

El destructor en zafarrancho de combate rebasa al buque de guerra francés “Le Basque” y se dirige pegado a tierra a Punta Europa, según el plan establecido. Un reflector de Punta Carnero le ilumina por completo. El José Luis Díez vira y el reflector ilumina por error al minador “Vulcano”, al tiempo que desde el destructor se descubre otro minador, el “Neptuno”. Castro Izagurre toma la decisión de abrir fuego contra el “Vulcano” y abordar al “Neptuno”.

Díez tocado en Gibraltar
Las dos piezas de proa abren fuego a 1.000 metros de distancia impactando con dos proyectiles. La distancia disminuye y el José Luis Díez vira a babor para pasar entre el minador Vulcano y tierra, pero no había espacio suficiente por lo que abordó al Vulcano por el medio del buque. Se continuaba haciendo fuego incluso con las ametralladoras de 40mm. El destructor continúa adelante abriéndole una brecha al “Vulcano” en el costado del ancla y arrancándole una barca salvavidas. El destructor continúa hacia el norte para protegerse de la batería de Punta Carnero y al virar al oeste recibe dos impactos de 88mm del minador “Neptuno”. Un impacto destruye la ametralladora del centro matando a sus sirvientes. El otro entró por la sala de máquinas cortando cinco tuberías de vapor. Castro Izaguirre decide varar el buque en la Playa de los Catalanes. La varada fue tan suave que el segundo ni se dio cuenta.

El regreso del destructor a Gibraltar señala un endurecimiento de las autoridades británicas. El segundo gobernador, un general de brigada, sube a bordo a las 04:00 con una orden por escrito de arriar la bandera y ocupar el buque con una guardia armada. Los supervivientes son trasladados como prisioneros por dos remolcadores a la cárcel militar del Peñón, en la que se les deja sin cenar y se les da por camas unas colchonetas extendidas sobre el suelo. Los marineros acaban siendo repatriados, pero no sin que antes el superintendente de las barracas de detención ponga su firma al pie de un documento en el Castor Izaguirre declara que vuelve a España no libremente, sino como acatamiento ante la amenaza de emplear ya fuerza, ya que su deseo es volver pero con el buque.

El 25 de Enero de 1.939 el destructor fue devuelto por los ingleses en Algeciras a la Escuadra española de la que hace ya mucho tiempo fue dado de baja por desguace. En cuanto a Castro Izaguirre, que al estallar la guerra estaba recién diplomado en la Escuela Naval, huyó a Francia. Luego durante la II Guerra Mundial combatió con una nave gaullista en el Pacífico. Por sus acciones consiguió condecoraciones y ascensos retirándose de la Armada francesa en vísperas de su ascenso a contralmirante ya que este empleo no lo podía alcanzar en razón de su origen extranjero. Castro Aguirre vivió una situación paradójica desde 1.978 ya que no se le reconocían sus derechos como militar de la República porque no ha lugar ya que es francés.