martes, 24 de septiembre de 2013

UM QSAR: EL PRIMER DESPLIEGUE IRAQUÍ


Al (entonces) Comandante de la BRILAT. Manuel Badás y a los Boinas Verdes de la UOE. Sierra, Gundín, Cerviño y Cortés, con gratitud de quien orgullosamente compartió con ellos algunas de las más hermosas (el estrellado cielo nocturno de Iraq es incomparable) y peligrosas noches en Um Qsar.

Ya lo hemos olvidado, pero en Abril de 2003 un buque de nuestra Armada atracaba en el puerto de Um Qsar, comenzando de este modo nuestro despliegue en Iraq, mucho antes de asignarse como zona de operaciones hispana la célebre localidad de Diwaniyah.

Ésta es la historia de una breve pero notable estancia en aquel puerto…

La guerra de Iraq, entre el 20 de Marzo y el 1 de Mayo de 2003, fue llevada a cabo por una coalición de países encabezada por los Estados Unidos. Otros países estuvieron involucrados en la fase de ocupación posterior. Según el Presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, las razones para la invasión eran “desarmar a Irak de armas de destrucción masiva (ADM) -las cuales, nunca llegaron a encontrarse ni su existencia se llegó a demostrar-, poner fin al (supuesto) apoyo brindado por Saddam Hussein al terrorismo, y lograr la "libertad" del pueblo iraquí”.

La invasión de Iraq provocó una fractura política entre las grandes potencias, que se dividieron entre aquellas que se opusieron activamente a la invasión, como lo fueron Francia, Bélgica, Alemania, Rusia, China (además de otros países que mostraron una oposición pasiva), y aquellos que sí apoyaron públicamente a los Estados Unidos, como fue el caso de Gran Bretaña, ESPAÑA, Polonia, Portugal y demás naciones que integraron la coalición (Australia, Polonia y Dinamarca).

De este modo, el Buque Anfibio de la Armada Española L-51 “Galicia zarpaba ese mismo 20 de Marzo desde la base de Rota (Cádiz) y llegaba al puerto iraquí de Um Qasr –dentro de la operación “Sierra-Juliet”- el 9 de Abril, transportando a la UMIX (Unidad Mixta de la Armada y el Ejército de Tierra). La saturación de tráfico en ese puerto, el único de aguas profundas con que contaba Iraq, impidió que también pudieran atracar allí los demás buques de la flotilla española: La fragata “Reina Sofía” y el petrolero “Marqués de la Ensenada”, que tuvieron que dirigirse a otros puertos del Golfo.

Aunque el puerto había caído en manos aliadas el 24 de Marzo (siendo declarado “abierto y seguro”), para llegar a su destino, el Galicia tuvo que contar con el apoyo de un dragaminas, siguiendo un pasillo marítimo declarado seguro por la coalición anglo-estadounidense (un portavoz de la US Navy había asegurado que el barco iraquí Al Choruk, sospechoso de esparcir minas, había sido neutralizado cerca de Um Qasr, pero –para cuando el L-51 se disponía a fondear-aún seguía la búsqueda del remolcador Al Fath Al Mobin, que se sospechaba arrastraba alguna barcaza cargada de minas…

El Galicia” y la Reina Sofía” hicieron primeramente escala en Djibouti, un enclave estratégico entre el mar Rojo y el golfo de Adén, donde se les sumaron por vía aérea los 168 militares que completaban el contingente español, con un total de 899 efectivos. También recibieron, en dos aviones de transporte Ilyhusin fletados por Defensa, unas 20 toneladas de ayuda humanitaria y equipos y material necesario para cumplir su misión. Por su parte, el Marqués de la Ensenada” no hizo escala en Djibouti, sino en Muscat (Omán), donde reparó uno de sus motores auxiliares antes de unirse a los otros dos barcos para internarse con ellos en el golfo Pérsico.

Dada la premura con que se organizó la flotilla, en sólo 48 horas, también tuvieron que trasladarse a Djibouti ocho ingenieros y técnicos de tres empresas privadas españolas que instalaron a bordo del Galicia un sistema de telemedicina, que permitió dirigir desde Madrid el tratamiento de los pacientes ingresados en el buque hospital; un equipo de comunicaciones vía satélite y otro de aproximación de helicópteros en vuelos a baja cota.

El Galicia contaba una dotación de 129 hombres y 23 mujeres. Además, en él viajaba un Estado Mayor integrado por 15 hombres, una Unidad Aérea, con 51 integrantes (entre ellos una mujer) y el Grupo Naval de Playa -del que forman parte 16 efectivos (1 mujer entre ellos)-. En su escala en Djibouti embarcaron otros 22 hombres y 3 mujeres, que formaban parte de la dotación. Del Tercio de Armada, se encontraban embarcados 135 hombres y 4 mujeres, formando parte de la Unidad Sanitaria del buque, otros 12 efectivos. La Unidad Mixta a bordo estaba integrada por 202 hombres y 9 mujeres, repartidos de la siguiente forma: 15 integrantes de Plana Mayor, 5 más en el Equipo de Apoyo al Mando; 26 integrantes de la Unidad de Transmisiones; 48 en la Unidad de Ingenieros (donde figuraba un Equipo de Desactivación de Explosivos) y 65 miembros de la Unidad Contra Amenazas NBQ. Además se integraba en esta Unidad Mixta el Escalón Médico Avanzado (EMAT): 23 oficiales médicos (un especialista en medicina general y cuatro en estabilización; un intensivista, un anestesista, un traumatólogo, un cirujano, un psicólogo, un odontólogo, un veterinario, un farmacéutico y diez ATS., aparte de suboficiales y soldados conductores de ambulancia y camilleros). Este Escalón Médico disponía de un quirófano, un módulo hospitalario con 40 camas, un equipo de cirugía, otro de odontología, uno de traumatología, uno de psicología, punto de estabilización, uno de veterinaria y un módulo de farmacia.

Hay muy pocos vestigios de lucha en la franja fronteriza que separa Abdaly de Um Qasr, la primera que cayó en manos aliadas tras el estallido de la guerra. El deterioro urbano y medioambiental es el resultado de muchos años de escasez e indolencia, no de los obuses británicos. Casas de adobe semiderruidas, camellos famélicos, perros vagabundos, un panorama de vertedero que emerge, multicolor, de la arena y se enreda con los matojos. Y sobre todo niños. Muchos niños. Llegan corriendo del campo cuando observan el paso de cualquier vehículo militar para saludar, entusiasmados, haciendo con una mano la «v» de la victoria, y pidiendo con la otra algo de comida o bebida. Todos tienen los ojos grandes y limpios, a diferencia de los adultos, que miran de lejos a los extranjeros con mirada hosca o de curiosidad roma. Pero ellos no. Todos saltan y sonríen. Ellas lucen túnicas floridas, y tienen el pelo largo y un aire montaraz que las hace más hermosas. Se acercan y quieren tocar el vehículo o frenarlo con sus cuerpos. Los conductores militares deben esmerar su pericia cuando atraviesan las poblaciones para no atropellar a ningún chiquillo... Pero no todo es candidez. De vez en cuando, surgen entre la bandada manos que arrojan piedras contra los transportes militares. Nos cruzamos, en la carretera, a dos todoterreno de televisión japonesa con los cristales rotos a pedradas. Al entrar en Um Qsar por la avenida principal, el infante de Marina que vigila por el techo descapotable esquiva una china y recibe la orden de protegerse dentro del humvee[1].

 En total, aquellos casi 700 efectivos se enfrentaban a las necesidades, prioridades y problemas de una población de 40.000 almas… Los militares españoles pusieron pie en tierra en el puerto de Um Qsar el mismo día que caía Bagdad. Y lo hicieron en virtud de la Resolución 1.472 aprobada por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas el día 28 de Marzo y en la que se instaba a la comunidad internacional a que prestase asistencia humanitaria inmediata al pueblo iraquí. Y eso fue lo que hicieron los militares españoles: PRESTAR AYUDA HUMANITARIA, no sólo repartiendo alimentos y medicinas entre la población civil; también prestaron asistencia sanitaria en el hospital de campaña que se instaló:

Varios médicos del “Galicia” trabajan a diario en el hospital local de Um Qasr, donde atienden enfermos crónicos y cada vez más heridos de guerra. Cuando el caso requiere una atención especial, se traslada al hospital del buque, que cuenta con dos quirófanos operativos durante todo el día: “No podemos quejarnos de los medios -afirma el doctor Luis Rodríguez Montero, jefe del equipo médico-, pero necesitaríamos además especialistas en tratamiento de heridas de fuego, quemaduras, dermatólogos y pediatras, porque la mayor parte de nuestros casos son niños”. Mientras hablamos, sus colaboradores ultiman con celeridad la evacuación por helicóptero de un niño iraquí a un hospital de Kuwait. Alí Zabián, 13 años, sufre una eventración grave, una ruptura del abdomen por metralla, y su caso requiere cirugía en un centro especializado. Otros dos pequeños iraquíes contemplan desde sus camas la operación. Son Alí y Ahmed, de 12 y 13 años respectivamente. No se sabe cómo fueron encontrados en Um Qasr, pero proceden de Basora y tienen la cara y las piernas quemadas por efecto del bombardeo y el incendio de sus hogares [2]… El futuro inmediato de la asistencia sanitaria era abrumador: Al creciente número de servicios en el hospital de la ciudad y en el buque se sumaba la atención del hospital de campaña instalado en el campo de prisioneros levantado en esta población por los norteamericanos (el mayor de Iraq). En su primera semana, el hospital de campaña del Ejército de Tierra, quedaba instalado junto a un campo de prisioneros situado a unos ocho kilómetros de la citada localidad comenzando el 16 de Abril a prestar atención sanitaria a los más de 7.000 iraquíes allí recluidos (no sólo prisioneros de guerra, sino también refugiados), que se encontraban bajo custodia de la Policía Militar estadounidense. El capitán de navío Enrique San José, comandante del “Galicia”, explicaba que la cincuentena que militares que trabajaban en ese hospital estaban protegidos por las tropas del US Army y no por los Infantes de Marina destinados a la protección del resto del contingente español.

Mientras tanto, la actuación de los militares españoles en el puerto y la población de Um Qasr era cada vez más organizada y se alejaba del caos de los primeros días, gracias sobre todo a la intervención coordinada con los líderes sociales y religiosos de la ciudad, especialmente el imán.

La atención hospitalaria no se llevaba a cabo directamente en el buque español, sino que una veintena de médicos acudían al hospital civil de la localidad, donde prácticamente no había facultativos porque habían huido. Allí atendían a los enfermos, principalmente niños, y sólo los que requerían de una intervención quirúrgica eran trasladados al barco y operados a bordo.

El mando británico[3] había pedido además a los españoles ayuda para reconstruir las escuelas -que ascendían a 30 colegios para una población pequeña pero formada, en un 40%, por niños en edad escolar-. El Equipo de Cooperación Cívico-Militar (CIMIC), que coordinaba el comandante Manuel Badas, se ocupaba del proyecto de rehabilitación de tres de ellas. Um Qasr no tenía material de construcción autóctono por lo que fue preciso importarlo de Kuwait… Pero antes hubo que conseguir los fondos y el equipamiento: Badas mantuvo un primer encuentro con dirigentes locales y representantes de UNICEF, agencia que se mostraba sumamente reticente a operar en Iraq mientras no mejorasen las condiciones de seguridad. “En una pequeña toma a tierra frente al hospital guardado por los británicos, la sorpresa: la curiosidad de las primeras bandadas de niños que se acercan a los dos vehículos españoles se torna en pelea por alzarse con algún pequeño botín: “No podemos bajar la guardia -comenta el conductor del humvee, un infante de Marina-. Al principio deseábamos dárselo todo a los niños, pero pronto advertimos que les hacíamos más daño porque eso sólo produce luego peleas entre ellos”. Fuera, persiste el decorado de manitas que nos saludan infatigables, algunas con el pulgar levantado, una seña que, cuentan, aprendieron de un oficial británico y que repiten ya con fruición[4]

En cuanto al reparto de ayuda humanitaria, ya no se reprodujeron los incidentes del primer día (donde el reparto devino en un auténtico caos que hizo peligrar incluso la integridad física de los militares hispanos[5]), llegando incluso los Infantes de Marina -en colaboración con el imán de la localidad- a repartir casa por casa alimentos a las familias más necesitadas. Sin embargo, el comandante del “Galicia” subrayaba que la ayuda humanitaria no era la principal necesidad de los habitantes de Um Qasr, sino que lo primero que requerían era “orden y ayuda sanitaria” y, a medio plazo, la reconstrucción de las escuelas, ya que de 35.000 habitantes, cerca de 10.000 son niños que ahora mismo están en la calle, sin nada que hacer. Con respecto al orden, los militares británicos controlaban la ciudad y el puerto nuevo y los españoles el puerto viejo, donde el “Galicia” era el único barco atracado.

Al mismo tiempo, se resaltaba la necesidad de que fuese la propia sociedad civil de Um Qasr la que se organizase cuanto antes y colaborara. También durante esta primera semana de despliegue tuvieron tarea los equipos NBQ y los desactivadores de minas, que siempre inspeccionaban previamente el terreno en el que iba a trabajar el contingente.

Al estar atracado en Um Qasr, el “Galicia” ya había resuelto todas sus necesidades de protección y abastecimiento, por lo que ya no era necesaria la presencia de la “Reina Sofía” y del “Marqués de la Ensenada” (que no llegaron a atracar en Iraq, quedando en aguas del Golfo Pérsico).

Y así, entre intervenciones médicas, reparto de ayuda humanitaria, labores de reconstrucción y patrullas transcurrió el tiempo, llegando al “The End”: El “Galicia” zarpaba el 21 de Junio, finalizando así su misión. El repliegue había comenzado previamente con el regreso de personal del EMAT, que partió hacia España desde Basora en un Boeing 707 de la Fuerza Aérea Española. No obstante, en la Zona de Operaciones se quedaron miembros del CIMIC, a la espera del regreso, 3 de Julio, del segundo grupo de niños iraquíes que han permanecido unas semanas en Granada. Además, una pequeña delegación militar integrada en las fuerzas británicas -que tenían asignada la zona sur de Iraq- se mantuvo en la zona, encargada del mantenimiento del material, hasta que se produjese la llegada del nuevo contingente español, que se pensaba desplegar en la provincia de Al Qadisiyah (centro-sur del país).

Durante su estancia en Irak, los médicos militares atendieron a más de 4.500 pacientes y realizaron 1.014 intervenciones quirúrgicas. El equipo de Cooperación Cívico-Militar repartió más de 52.200 litros de agua potable, 65.210 kilogramos de leche en polvo y maternizada, más de 24.000 de azúcar y 27.902 raciones de comidas y la UED desactivó más de 5.500 minas y granadas así como 7.500 proyectiles de diversos calibres.

Así finalizaba la singladura del BAA L-51 “Galicia”, que había llevado al buque hasta aquellas tierras mesopotámicas del Tigris y el Éufrates… Fueron 72 inolvidables días. Tras ellos, la alegría de una población que conoció por primera vez una entrega y generosidad sin límites. Pero, también, la tristeza y la amargura de ver cómo se retiraban aquéllos soldados que tanto les habían dado por tan poco (y, lo más importante, que tanto se habían aproximado a ellos, en comparación con sus fríos colegas británicos). Eso era –es siempre- parte de la idiosincrasia ibérica y es algo irremediable… Irremediable y muy de agradecer.


 

Y, para terminar, hablemos un poco del buque protagonista:

El GALICIA (L-51), es un buque de asalto anfibio tipo LPD (Landing Plataform Docks), cabeza de su clase (su “hermano” es el L-52 “Castilla”) perteneciente a la Armada Española, en la que sustituyó al transporte de ataque “Castilla” (L-21), y es el séptimo buque de la armada en portar dicho nombre[6].

Los buques de la clase Galicia son un proyecto conjunto entre los astilleros españoles Izar, actualmente Navantia, y de los Países Bajos para equipar a ambas marinas de los respectivos (L800) Rotterdam y Galicia en 1.997 y 1.998. Aunque diseñados de forma conjunta estos buques tienen grandes diferencias entre ellos, principalmente en el armamento, electrónica y sistema de propulsión, montando el buque español 2 plantas propulsoras, cada una con 2 motores diésel Caterpillar-BAZAN Bravo con un total de 22.000 CV acoplados a un engranaje reductor que mueve una línea de ejes con 2 hélices de paso variable de 5 palas y 4 metros de diámetro.

Fueron diseñados para transportar un batallón de infantería de 400 soldados con todos sus pertrechos. Además cuentan con botiquín, quirófano y laboratorio, así como arsenal para munición naval de todo tipo, incluido espacio para 30 torpedos. Asimismo pueden transportar 33 carros de combate o 170 vehículos blindados para personal o seis lanchas de desembarco ligeras o cuatro pesadas de tipo LCM-1E.

El Galicia (L-51) ha realizado misiones humanitarias en Centroamérica tras las inundaciones causadas por el huracán Mitch entre Noviembre de 1998 y Enero de 1999, Albania, la citada Iraq entre Marzo y Julio de 2003 e Indonesia tras el tsunami de 2005. En el transcurso de esta misión, falleció el sargento primero buceador Justo Jesús Picallo mientras limpiaba el casco del buque. Entre Diciembre de 2002 y Enero de 2003, participó en las tareas de limpieza de la contaminación causada por el hundimiento del “Prestige”. También participó en labores de transporte de personal y material en la KFOR en Kosovo y entre Septiembre y noviembre de 2006, participó en la operación “Libre Hidalgo” de apoyo a la misión de Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz en El Líbano.

El 18 de Agosto de 2010, zarpó de su base con rumbo a aguas de Somalia, para incorporarse a la Operación “Atalanta” de la Unión Europea de lucha contra la piratería, en el transcurso de la cual, el 22 de Septiembre de 2010, apresó un buque nodriza tipo ballenero y dos esquifes, que habían partido de Hobyo, uno de los principales focos de la piratería somalí. El 5 de Diciembre de 2010 retornó a su base, tras un periplo de más de 24.000 millas náuticas.

El 19 de Agosto de 2011 zarpó desde su base de Rota con rumbo a Somalia para participar de nuevo en la operación Atalanta. El 10 de Septiembre de 2011, logró apresar un esquife con 7 piratas a bordo, que retenían como rehén la súbdita francesa Evelyne Colombo, secuestrada el 8 de Septiembre a bordo del catamarán “Tribal Kat”. La rehén, tras ser liberada, fue recogida por un helicóptero de la fragata francesa “Sourcouf” (F-711), de la clase La Fayette. El “Galicia”, regresó a su base en Rota tras 125 días de travesía el 21 de Diciembre de 2011. ¯¯¯¯¯¯¯¯¯¯¯¯¯¯¯¯¯¯¯¯¯¯¯¯¯¯¯¯¯¯¯¯¯¯¯¯

CARACTERÍSTICAS:
Astillero: Bazán (Ferrol).
Clase: Galicia.
Tipo: LPD (Landing Plataform Docks).
Autorizado: 1991         Iniciado: Mayo de 1996             Botado: 21 de Julio de 1997       Asignado: 29 de Abril de 1998.
Desplazamiento: 13.815 T.
Eslora: 160 m.
Manga: 25 m.
Puntal: 16,8 m (a cubierta principal).
Calado: 5,9 m.
Sensores:
IFF AN/TPX-54 (V) Mk-XII.
Sistema ESM ALDEBARAN básico Mk-3.300.
Sistema TACAN AN/SRN-15ª.
Radar:
Aire/Superficie: TRS 3D/16.
Navegación: 2 radares de superficie y navegación Kelvin Hughes Type 1.007 (banda I) + Radar de control de helicópteros (banda F) KH 1.007.
Armamento: 2 Ametralladoras Oerlikon de 20 mm (posibilidad de 4).
Guerra Electrónica (Contramedidas):
Señuelos: 4 FMC SRBOC Mk 36; bengalas infrarrojas y lanzadores de chaff SRBOC MK-36.
ECM/ESM (electronic countermeasures/electronic surveillance measures): Indra SLQ-380 Aldebarán interceptador / perturbador e Interceptador de comunicaciones Indra Regulus Mk 9000.
Propulsión: 4 motores (2 plantas) diésel Bazán Bravo-Caterpillar 3.612 y un motor eléctrico (1.500 CV), todos ellos acoplados a un engranaje reductor que mueve una línea de ejes + 2 hélices de paso variable de 5 palas y 4 metros de diámetro. 1 hélice empujadora de proa de unos 1.800 CV aprox. (empuje transversal).
Potencia: 2 x 23.500 HP (turbinas) + 2 x 6.000 HP (diésel).
Planta eléctrica: Planta eléctrica de 7 MW, con 4 generadores diésel de 1.520 Kw y uno de emergencia de 715 Kw.
Velocidad: 20 nudos.
Autonomía: 6.000 millas náuticas a 12 nudos.
Dotación: 185 tripulantes.
Tropas: 12 contingente aéreo + 600 soldados.
Capacidad: 1.010 m2 de garaje. 33 carros de combate M60A3 o 170 vehículos blindados. 6 lanchas de desembarco ligeras o 4 lanchas de desembarco pesadas LCM-1E.
Aeronaves: 4 helicópteros pesados Sikorsky SH-3 “Sea King” o 6 helicópteros medios NH-90 o AB-212.
Equipamiento aeronaves: 2 puntos de apontaje a popa.
Otros:
4 ascensores de carga + 3 rampas de acceso material + 2 grúas de carga (25 y 2,5 Tm.). En total más de 3500 m2 de superficie de carga incluyendo pañoles, cubierta de vuelo y hangar.

Parafraseando al periodista e historiador italiano Indro Montanelli: “LO QUE HACE GRANDE LA HISTORIA DE ESPAÑA NO ES QUE HAYA SIDO HECHA POR HOMBRES DIFERENTES A NOSOTROS, SINO QUE HAYA SIDO HECHA POR HOMBRES COMO NOSOTROS”… Y si España fue una vez grande fue, entre otras cosas (o precisamente) por SU ARMADA.



[1] Francisco de Andrés: “Los Niños de Um Qsar”. “ABC”, 20 de Abril de 2003.
[2] Francisco de Andrés: “Los Niños de Um Qsar”. “ABC”, 20 de Abril de 2003.
[3] El puerto había quedado en manos del Decimoséptimo Regimiento Marítimo y Portuario británico.
[4] Francisco de Andrés: “Los Niños de Um Qsar”. “ABC”, 20 de Abril de 2003.
[5] El 11 se comenzaba a repartir la ayuda humanitaria, pero se tuvo que suspender la operación al producirse aglomeraciones y tumultos. Las previsiones eran repartir 3.000 raciones de comida de la ayuda que llevó el buque y 5.000 litros de agua. Para ello, dos camiones del Ejército de Tierra se desplegaron en la zona acompañados por Infantes de Marina. Los iraquíes se arremolinaron en torno a los vehículos, ansiosos por hacerse con raciones de comida. El contralmirante explicó que esa primera entrega se hizo directamente a la población, pero que las siguientes se pensaban canalizar a través de la autoridad local que estaba intentando constituir el Ejército británico. La ayuda fue recibida por algunas personas al grito de “¡Bush sí, Sadam no!”. Sin embargo la aglomeración fue creciendo y, ante el incontrolable tumulto que se produjo en torno a los camiones, donde la gente forcejeaba por conseguir comida y agua, los militares españoles se vieron obligados a interrumpir el reparto y regresar al puerto sin poder completar su misión: “He decidido retirar a mis hombres ante el cariz que tomaban los acontecimientos y para evitar males mayores. Continuaremos con el reparto a través de la autoridad local”, indicó el contralmirante Moreno Susanna, jefe de la expedición española.

Así es cómo narraba lo sucedido la corresponsal del diario “El País”: Los soldados españoles se dejaron la piel. Contenían como una muralla humana a los cientos de iraquíes que trataban de alcanzar una botella de agua y un paquete de comida. Los retenían durante un rato. Pero de nuevo empujaban los iraquíes. Ganaban éstos terreno a los soldados. Hombres y mujeres. Ancianos y niños. Una muchedumbre que trataba de obtener agua y comida. Manos alzadas hacia el agua. Hacia los soldados. Forcejeos. Un gran tumulto. Hubo buena voluntad. Pero se hizo mal. Como los anteriores repartos: caos. Aunque en esta ocasión el pillaje pudo evitarse. Sólo 20 horas después de que el buque anfibio Galicia atracara en el puerto iraquí de Um Qasr, el Ejército español comenzó ayer el reparto de ayuda traída de España. Pero se quedó a medias. Tuvo que abandonar. Durante algo menos de 60 minutos los infantes de Marina del Primer Batallón de la Armada con base en San Fernando (Cádiz) lucharon para tratar de que la entrega de las raciones especiales de comida para musulmanes traídas desde España fuera digna. Pero no lo lograron. Aunque ellos aseguraban que hubieran resistido. Pero recibieron órdenes de retirarse ante el color que estaban adquiriendo los acontecimientos. "¡Dile al capitán Picallo que aquí hay dos tipos dando mucha murga!", gritaba un sargento a otro pidiendo refuerzos. El de la murga era un listo. Como muchos de los espabilados iraquíes que ayer pasaron hasta cinco veces por el camión en el que se daba ayuda a cada iraquí. El problema es que no había fila. No había listas. Sólo había gente, una muchedumbre queriendo obtener algo. Lo que fuera, y que fuera reconocible para ellos. Por eso tiraban, nada más abrir el paquete, las tabletas potabilizadoras de agua y las pastillas para encender fuego. Desde dos camiones del Ejército, cuatro soldados entregaban la botella de agua y la ración de campaña a quienes poco a poco iban dejando pasar sus compañeros de filas. Se elegía a la gente al azar. No había otra manera. Los infantes de Marina habían creado un círculo humano con el que protegían los vehículos cargados con el reparto. Pasión Portillo, 21 años, natural de Villamartín (Cádiz), rescataba a niños de los brazos de sus familiares, que los ofrecían a la soldado para acercarlos hasta la ayuda. Con el fusil de asalto cruzado sobre el pecho, manejaba niños a toda velocidad. "¡Aquí, Pasión!", le gritaba otro soldado para que Portillo fuera a hacerse cargo de otro pequeño, esmirriado. "¡Se nos van a echar por tres frentes!", advertía un teniente. "¿Cómo organizas esto? Dime tú cómo organizas esto", preguntaba un oficial a otro. Con cara de circunstancias, un oficial de Marina se excusaba: "Llegamos ayer"”… (Yolanda Monge: “Caótico Reparto de Ayuda en el Puerto de Um Qsar”. “El País”, 11 de Abril de 2003).

A consecuencia del tumulto cinco militares tuvieron que ser atendidos por los médicos. Nada grave: Algunos por arañazos en los brazos, incluso uno con un cristal que portaba una persona mientras el militar trataba de mantener la fila ordenada. Otra persona roció con un producto a otro soldado. Nada nocivo. Se trataba simplemente de un producto convencional de higiene personal.

Además, los médicos de la dotación del buque empezaron a atender a la población. Pero si el reparto de ayuda estuvo marcado por tumultos y aglomeraciones, la atención sanitaria quedó vinculada a la historia de Hani, una pequeña: Pasadas las doce del mediodía un hombre -posiblemente un tío- se presentó en el buque con una niña “muy pequeña, preciosa, de algo más de dos años que traía la cabeza vendada”, narraba el comandante cirujano del buque Adolfo Carabot. Era la primera víctima civil que atendía el contingente español. Las dificultades de entenderse por el idioma hizo que algunos detalles en torno a la pequeña no quedasen muy claros para los médicos, pero lo primero era su salud y a ello se dedicaron. La pequeña sufría “heridas producidas aproximadamente hace diez o quince días”, evaluaba el facultativo. Al parecer, esas heridas se las produjo al derrumbarse, por efecto de un misil, su casa, les explicó el adulto que la trasladó. “La madre no apareció -relataba el comandante- y la niña lloraba y repetía el lenguaje universal de “mamá”, “mamá” y la persona que le acompañaba señalaba hacia el cielo. Cuando le quitamos el vendaje vimos unos terribles cortes, enormes, muy profundos en la parte superior de la cabeza, que la traía afeitada”. Estas heridas habían sido previamente tratadas, e incluso suturadas. Tenía cinco o seis, tres en el centro de la cabeza muy profundas. El problema mayor la representaban dos cuya cicatrización no era buena, por lo que procedieron a su curación. Tras vendarle la cabeza dieron al acompañante una medicación para la pequeña y el material de cura (un paquete de gasas y un bote de betadine) para los próximos tres días: “Hemos quedado con ellos -explicaba el comandante-. Esperamos verlos más adelante y a la pequeña con las heridas perfectamente cicatrizadas”. El hombre se fue con la niña expresando su agradecimiento y ésta, cuenta emocionado el médico, “no sabe usted cómo se agarraba a los caramelos que la dimos”…. La niña se recuperó satisfactoriamente.
[6] Œ El primer Galicia fue un navío de línea artillado con 70 cañones, botado en 1730. Fue capturado por la flota del almirante Vernon en Cartagena de Indias el 5 Abril de 1741 y hundido por estos mismos 5 días más tarde, tras el ataque de Vernon a Cartagena de Indias.
 El segundo Galicia fue un navío de línea artillado con 70 cañones, botado en 1750 y desguazado en Cádiz en .797.
Ž El tercer Galicia fue un cañonero torpedero que prestó servicio desde 1891 y pertenecía a una serie de 6 buques similares aprobados en el programa naval de Rodríguez Arias. Participó en la Guerra Hispano-Americana, prestando servicio en La Habana. Tras la contienda, fue vendido a Venezuela, donde prestó servicio con el nombre de ARV Bolívar.
 El cuarto Galicia fue un remolcador, construido en N.V. van der Kuy & van der Ree´s Scheepsweft en Rotterdam con el nombre de Z.A.R.1. Ex Saint Clement inglés, fue adquirido el 18 de Febrero de 1.922 por 9.000 libras esterlinas y recibió el nombre provisional de R-5, hasta que fue renombrado Galicia. Estaba propulsado por máquina alternativa de triple expansión y caldera de carbón. Fue artillado durante la Guerra Civil española, en la que participó en el bando sublevado, y en el curso de la cual tomó parte en el hundimiento del submarino B-6, acción por la que su comandante, Federico Sánchez-Barcáiztegui, recibió la Cruz Laureada de San Fernando. Posteriormente, cambió su nombre por el numeral RR-11, y fue destinado en Ferrol al tren naval. Fue dado de baja en 1967.
 El quinto Galicia fue un crucero ligero de la clase Cervera, nombrado originalmente “Príncipe Alfonso”. Tras proclamarse la Segunda República Española en abril de 1931, fue renombrado “Libertad”, y con este nombre participó en la Guerra Civil en el bando gubernamental. Tras finalizar la contienda, fue renombrado “Galicia”.
El sexto Galicia fue un buque de asalto anfibio tipo LSD, ex USS San Marco, botado y asignado en 1.945 y cedido por la Armada de los Estados Unidos a la Armada Española en 1971. Fue dado de baja en 1987 y desguazado en 1989.
El séptimo Galicia es el buque de asalto anfibio tipo LPD L-51 al que hemos dedicado este artículo.

1 comentario:

  1. No quisiera que mis comentarios fueran tomados de forma desconsiderada. pero en un Foro de CULTURA, de la Defensa, se debería extremar la bondad dialéctica de algunas declaraciones. Hablar de ATS, cuando esa profesión hace mas de veinte años que se denomina ENFERMERÍA demuestra una básica cultura general de las profesiones sanitarias. Decir que un número determinado de médicos visitaban a los enfermos en el hospital de UM QSAR, obviando a todo un equipo multidisplinar, formado por médicos, enfermeros, sanitarios, etc... es simplificar y resaltar el magnífico trabajo realizado por todo un colectivo en general. Finalizar que los "médicos militares" atendieron a un número determinado de pacientes, sigue siendo una falta, cuando menos, de delicadeza. No quiero alargarme en las "críticas", por supuesto realizadas desde el mas elevado respeto hacia el autor del artículo y con espíritu constructivo, pero creo que era necesario, sabiendo que además este Foro, intenta imagino, dar a conocer la Cultura de la Defensa y flaco favor haríamos si estas cosas las pasáramos por alto.
    Le quedo agradecido y pido disculpas si alguien se pudiera sentir ofendido.
    Manuel Cano Leal, enfermero militar participante de dicha misión.

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