lunes, 17 de marzo de 2014

La LEGIÓN en KOSOVO: Como siempre, los primeros.


Soy valiente y leal legionario,
soy soldado de brava Legión.
¡Pesa en mi alma doliente calvario
que en el fuego busca redención!

Mi divisa, no conoce el miedo,
mi destino, tan sólo es sufrir;
mi bandera, luchar con denuedo
hasta conseguir vencer o morir.

Legionario, legionario
que te entregas a luchar
y al azar dejas tu suerte,
pues tu vida es un azar…

Legionario, legionario
de bravura sin igual,
si en la guerra hallas la muerte
tendrás siempre por sudario,
legionario,
la Bandera Nacional.
¡Legionarios a morir!
¡Legionarios a luchar!

Somos héroes incógnitos todos,
nadie aspire a saber quién soy yo.
¡Mil tragedias de diversos modos
el correr de la vida formó!

Cada uno será lo que quiera,
nada importa su vida anterior,
pero juntos formamos Bandera
que da a La Legión el más alto honor.

Una misión humanitaria pero con un componente importante de seguridad para restituir a la normalidad la vida de los kosovares”, así definía el jefe del contingente español, el Coronel Vicente Díaz de Villegas, el cometido de la AGT “Valenzuela”.


El Consejo de Ministros autorizaba el 26 de Febrero de 1999 la participación de un contingente de entidad máxima 1.200 efectivos en la Operación Joint Guardian, para el despliegue de una fuerza terrestre que permitiera la puesta en práctica de un posible acuerdo de paz para Kosovo. Las condiciones para desplegar esa fuerza multinacional no se produjeron hasta tres meses después.

La misión es difícil y exigirá toda vuestra experiencia, entrega y esfuerzo” General del Ejército del Aire Santiago Valderas Cañestro, JEMAD. Despedida de la Agrupación en la sede almeriense de la BRILEG, 21 de Junio de 1999).

La participación española en KFOR se materializó mediante la contribución a los Cuarteles Generales de KFOR y de la Brigada Multinacional Oeste, y la aportación de una Unidad tipo GRUPO TÁCTICO (un Batallón de Infantería reforzado), una Compañía de Ingenieros, un Núcleo de Operaciones Especiales, una Sección de Policía Militar, un Equipo de Cooperación Cívico-Militar y otras pequeñas Unidades integradas en las correspondientes multinacionales. Para el apoyo de las unidades integradas en KFOR, España mantuvo bajo mando y control nacional un Elemento de Apoyo Logístico Nacional (KNSE), desplegado en Petrovec[1] (Macedonia), con el grueso de la fuerza desplegado en Kosovo, concretamente en ISTOK (en esta localidad y su zona circundante -donde antes de la guerra vivían 65.000 personas- residían en ese momento unos 500 vecinos, aunque el goteo de refugiados albanokosovares que regresaban aumentaba cada día). En un principio se pensó asignar al contingente español la comarca de Klina, por ser uno de los principales nudos de comunicaciones de Kosovo. El área tendría un gran valor si estuviéramos inmersos en una guerra convencional. Pero no es el caso. En esta misión de paz lo importante es el control de la población en la comarca de Istok, lo que supone una gran responsabilidad para las tropas españolas porque, no lo olvidemos, es la única zona del sector italiano que tiene frontera con Serbia” (Col. Díaz de Villegas).


Varias unidades hispanas contribuyeron a ese primer contingente español, siendo la más numerosa y el núcleo de la KSPAGT la Brigada de la Legión (BRILEG) Rey Alfonso XIII que aportó la Agrupación Táctica en base a un Batallón de la VII Bandera del III Tercio Don Juan de Austria (670 militares[2]), la Unidad de Ingenieros en base a la compañía de Zapadores de la Legión[3] y una unidad de la Bandera de Operaciones Especiales de la Legión (21 Boinas Verdes que, repartidos en dos Patrullas, se ubicarían en Banja): Desde el día 10 de Marzo, el GT “Valenzuela” comenzó a formarse y a adiestrarse en la Base legionaria “Álvarez de Sotomayor” en Viator (Almería). Mientras tanto las unidades del Grupo Táctico se fueron concentrando, sometidas a un intenso programa de adiestramiento, con la incertidumbre sobre el momento de la partida, estando en permanente estado de disponibilidad para desplegar en cuanto las negociaciones tuviesen éxito y se diese la orden. Esto supuso largas jornadas de instrucción, fines de semana sin posibilidad de alejarse de Almería, aceleración de todos los preparativos. Para los legionarios, la misión comenzó mucho antes del propio despliegue en la Zona de Operaciones. Además del Grupo Táctico, otras unidades legionarias quedaron encuadradas en el contingente español que iba a desplegar en Kosovo. La Compañía de Zapadores de la Brigada de La Legión se integraría en el regimiento de Ingenieros Multinacional de Apoyo a la MNB W y una unidad de la, hoy tristemente disuelta, Bandera de operaciones Especiales de La Legión (XIX BOEL “Maderal Oleaga”) hacía lo propio en una unidad de fuerzas especiales combinada con italianos y portugueses. En cualquier caso, ambas unidades colaboraron estrechamente con el Grupo Táctico en la realización de sus misiones, sobre todo en lo que se refiere al desminado[4]. A ellos había que sumar el Elemento Nacional de Apoyo Logístico (NSE), situado en Petrovec, junto al aeropuerto de Skopje (Macedonia)[5] y 15 Guardias Civiles (además, en el HQ Multinacional de Pec trabajaban 36 oficiales y suboficiales españoles, en su mayoría pertenecientes al IV Tercio Alejandro Farnesio), así como seis Controladores Aéreos Tácticos. En total, 1.174 efectivos.

España confía en la Legión para las misiones internacionales. Un orgullo que se tiene que demostrar en tierras kosovares y recordar también que detrás de vosotros hay unas unidades, otros compañeros, que os apoyan en vuestro trabajo. Vais a una tierra donde el odio y el fanatismo religioso ha llevado a la desolación, la guerra y la muerte” (general Jefe de la Fuerza de Acción Rápida: Despedida al grueso del contingente español en el puerto de Almería).


"La historia de La Legión está hecha a la vez de grandes gestas, protagonizadas por héroes y por el cumplimiento del deber diario protagonizado por todos. Cuando se nos designó como núcleo principal y base del Batallón español en Kosovo, no pudimos ocultar el inmenso orgullo que sentimos al darnos la oportunidad de tener un pequeño apartado en esa historia, al tiempo que era evidente el reto tan importante que teníamos ante nosotros: abrir una misión en tierras extrañas y azotadas por la crueldad y el odio interétnico, en un país sumido en la peor guerra que pueda existir, la interna, la del vecino contra el vecino, por el simple hecho de no pensar igual o tener otra religión. La Legión no está acostumbrada a ver a nadie por delante (salvo el enemigo, claro), y ahora iba a ser igual. Comenzamos las fases de preparación, organización, adiestramiento y concentración con un convencimiento total de que cada ejercicio, cada teórica, cada conocimiento nuevo adquirido era de una importancia vital, que podía ser empleado en una situación real, quizás límite, y a muy corto plazo. Fueron días duros. El esfuerzo, la fatiga, el frío, la incertidumbre no eran sino elementos que cohesionaban más y más a la unidad que, por decirlo de alguna manera, se la veía crecer día a día, tanto en el aspecto operativo como en el moral, todo ello envuelto en ese espíritu legionario de predisposición y disponibilidad, tan evidente como difícil de explicar.

Desde el puerto de Almería, con la emoción de las despedidas, dejamos atrás a nuestros seres queridos, a nuestros compañeros, a nuestra Patria. En todos mis años de vida legionaria, nunca, nunca habían sonado las estrofas del Novio de la Muerte de esa manera y desde entonces puedo afirmar que es mentira que los hombres no lloran y que es muy hermoso el poder comprobar que a pesar del tiempo transcurrido, de los años, todavía nos queda capacidad para emocionarnos” (Tcol. García Valón)

Las unidades españolas integradas en KFOR I zarparon el 22 de Junio de los puertos de Almería y Valencia a bordo de los buques de desembarco anfibio del Grupo Delta “Galicia”, “Aragón”, “Pizarro” y “Hernán Cortés[6], con más de 100 vehículos y equipos (84 BMR, con 12 morteros montados, dos lanzamisiles TOW de alcance medio, diez lanzadores de misiles Milan de corto alcance, dos lanzagranadas LAG-40, 64 ametralladoras pesadas y 29 ligeras; 60 camiones y 40 todoterrenos) llegando a Tesalónica (Grecia) algunos días después, aunque desde el día 19 un equipo de reconocimiento (65 personas al mando del propio Col. Vicente Díaz de Villegas y Herrería, quien también ocuparía el puesto de Segundo Jefe de la Brigada Multinacional Oeste) había llegado en Hércules a Kosovo para ir preparando la llegada del grueso y recabar la información que permitiera realizar una entrada en zona de operaciones lo más segura y eficaz posible.


Otra página de la gloriosa Historia de la Legión comenzaba a escribirse[7], comentaba el capitán Fernando Melero y Claudio, integrado en el Equipo CIMIC del Grupo Táctico.

Desde el puerto de Salónica las unidades españolas hicieron un despliegue ejemplar hasta sus emplazamientos dentro de Kosovo. Lo más complicado de ese viaje no fueron las horas intempestivas para no colapsar las carreteras de Grecia y Macedonia, ni los puentes y las carreteras de Kosovo destruidas, sino el peligro de que hubiera minas o algún elemento hostil, serbio o del UÇK (el Ejército de Liberación de Kosovo), se hubiera autonombrado autoridad de paso y circulación. Vais a correr riesgos en la zona, sobre todo por minas y trampas instaladas en diferentes sitios, elementos incontrolados y francotiradores y, cómo no, los riesgos de la propia red viaria, que ha quedado en muy malas condiciones… Inconvenientes que habrá que superar para asegurar el mantenimiento de los derechos humanos y el regreso de los refugiados” (Coronel Díaz de Villegas). La operación fue meticulosamente planeada y ejecutada y tras dos intensas jornadas de continuos rodeos, reconocimientos y búsqueda de desvíos seguros, las unidades españolas se aposentaron en sus correspondientes campamentos.

Para el general Mauro del Vecchio, jefe de la brigada en la que se integran los soldados españoles, su llegada constituye un alivio. Los militares a sus órdenes, que hasta la llegada de los legionarios sumaban 2.800 (menos de la mitad de los previstos[8]), se habían mostrado insuficientes para cubrir un área de responsabilidad que abarca la quinta parte de la provincia y, sobre todo, impotentes para frenar las amenazas y actos de violencia contra la minoría serbia que todavía no ha tomado el camino del exilio: Hemos llegado en el momento oportuno. Obviamente, y no es una opinión exclusivamente mía, no existe la fuerza necesaria para garantizar, uno a uno, la protección de todos los individuos, pero dentro de nuestras posibilidades estamos desarrollando una labor muy importante. Nada más poner el pie en Kosovo nos pusimos a trabajar, incluso mientras nos instalábamos, cosa que no ha ocurrido en otros casos. Es cierto que siguen produciéndose incidentes en nuestra área, como en el resto de la región, sin embargo, han disminuido gracias a la presencia de las tropas española. También se desarrolla a buen ritmo la desmilitarización del UÇK, aunque nos gustaría que fuera más sistemática. La gente ya no va uniformada[9] y armada por las calles” (Coronel Díaz de Villegas: “Debemos Reescribir la Historia de esta Región”. “Revista Española de Defensa”, Julio-Agosto de 1999, página 10[10]).

El Tcol. García Valón recordaba así esta entrada en Kosovo (fuente: http://www.amigosdeltercertercio.com):

“Una vez llegados al puerto de Tesalónica y desembarcada la unidad se articularon las diferentes columnas y se inició la marcha hacia la Zona de Reunión, en Katlanovo cerca de Skopje (FYROM). Alcanzada ésta y tras un breve descanso proseguimos la marcha hasta que atravesamos la frontera de General Jankovic, ya en Kosovo. A partir de ese momento fueron desfilando delante de nuestros ojos todos aquellos lugares que conocíamos de antemano, del estudio de mapas y conferencias antes de salir de España. El largo desfiladero de entrada, los túneles en la carretera, los puentes, las cunetas minadas en todas las vías de acceso, las elevaciones del terreno y sobre todo…, la destrucción.

Largas columnas de humo señalaban los lugares donde antes coexistieron personas. La destrucción era total en casi todo el paisaje y a esto se unía el deambular de mucha gente, sin casa, sin destino fijo, y todavía con las huellas del sufrimiento y del horror reflejadas en sus rostros, que se volvían a nuestro paso con expresión de agradecimiento en sus saludos y gritos de ¡KFOR, NATO! Todos contestábamos a estas pobres gentes conscientes del trabajo que nos esperaba. El paso por la capital, Prístina, nos hizo ver el grado de destrucción en una ciudad importante y de cómo iban confluyendo hacia ella un sinfín de tractores con remolque donde se apiñaban familias enteras con las pertenencias que habían podido salvar de la represión de días anteriores.

Después de atravesar Klina (impresionantes los destrozos en puentes y carros de combate serbios), nos dirigimos hacia Istok, capital de la Opstina/Komuna (provincia) del mismo nombre, muy cerca de la frontera administrativa con Serbia, de unos 35.000 habitantes (el total de la Komuna) y que reúne unos condicionantes socio-políticos que le diferencian del resto de Kosovo. Patria chica de Ibrahim Rugova y feudo del LDK (85% de votantes antes de la guerra), sufrió una represión brutal por parte de los paramilitares serbios del tristemente célebre Arkan que estableció aquí su Cuartel General. El grado de destrucción en la Opstina era elevadísimo y el sufrimiento de sus gentes considerable. Rara era la familia/clan que no había perdido a nadie en la guerra”.

El contingente español (el noveno en cuanto a efectivos aportados a la KFOR) se encuadró en la Agrupación Oeste, bajo mando italiano, cuyo Cuartel General se encontraba en la localidad de Pec. Las fuerzas españolas desplegaron inicialmente en varias localidades: 670 legionarios repartidos entre el Cuartel General (ubicado en la antigua serrería de Radusha, en Istok), Zlokucane (en Zlokucane, por ejemplo, las etnias no se enfrentaron entre sí gracias al papel mediador que ejerce el párroco católico que dirige la comunidad”, confirmaba el Tcol. García Valón), Rakos[11] y Durakovac, todas en el área noroeste de Kosovo. 600 kilómetros cuadrados de territorio kosovar perteneciente a la comuna de Istok. Cuando llegamos aquí, pudimos comprobar que el control de la zona sería más rápido y efectivo si ubicábamos las cinco Compañías de la Bandera en lugares diferentes”, explicaba el Teniente Coronel José María García Valón, jefe del Grupo Táctico. De este modo, en forma romboidal se fueron desplegando las Compañías: La primera de fusileros en Rakos, la segunda, al oeste de Istok, en Durakovac, la tercera en Zlokucane[12].


Se decidió que la Plana Mayor, con la Compañía de Servicios (4ª), al mando del Capitán Javier Menéndez, la Compañía de Apoyo (5ª), con el recordado Pepe Mosquete al frente, la UINT, del Capitán Viqueira y la Sección de Transmisiones, al mando del Alférez López Marín, se asentarían en la serrería de Istok. La 1ª Compañía, a cargo del Capitán Carreras, lo haría, inicialmente, en la escuela de Rakos, la 2º Compañía, al mando del Capitán Luis Rubio, en la oficina de correos de Banja y la 3ª Compañía, del Capitán Francisco Javier Bartolomé, en un edificio derruido en Zlokucane, gracias a la ayuda proporcionada por el “factotum” del pueblo, un cura católico, Lush Sopi, con el que se establecería un contacto muy estrecho durante toda la misión. (Naturalmente, con la vuelta progresiva a la normalidad, alguna de las unidades tuvieron que cambiar de base; la 1a Compañía se trasladó a un almacén siempre en Rakos y la 2ª lo hizo a los restos de un hotel en Djurakovac). La unidad de la Guardia Civil se establecía con el resto del GT en la serrería de Istok, donde también se establecía el hospital” (Capitán Fernando Melero).

La llegada de la KFOR I coincidió con el regreso de los albano-kosovares y la huida acelerada de muchos serbios que vivían en Kosovo y que, normalmente, ocupaban puestos en la administración (alcaldes, jueces, etc.). Por ello la primera visión que se encontraron los componentes de la “Valenzuela” al llegar fue la de los saqueos y la destrucción de casas e iglesias serbias. Sobre la marcha hubo que reaccionar para evitar las represalias de la población albanokosovar que pretendía tomarse la justicia por su mano y hacerse con lo que los serbios abandonaban. Cientos de casas ardieron una vez robadas y muchas más no lo hicieron gracias a la intervención de la KFOR. El Tcol. Valón comentaba: “En este ambiente y con un aspecto de ciudad fantasma, con la mayoría de sus habitantes todavía refugiados en las montañas y grandes columnas de humo de las casas ardiendo como teas, con cadáveres de civiles, policías serbios, mujeres, con las pocas casas sin destruir trampeadas por los serbios en su retirada, en ese ambiente de muerte y desolación, el día 28 de Junio, a las 18 horas, el GT “Valenzuela” era recibido por representantes de la 133.ª Brigada de la UÇK, que operaba en la zona y entrando en Istok comenzaba a cumplir su misión". El hecho de que un representante del UÇK saliera a recibir al Tcol. Valón, cuando llegó a Istok, al frente de la VII bandera, tras cinco horas de viaje a través de Kosovo, constituía un buen presagio en el mantenimiento de dichas relaciones “diplomáticas”. No lo fue tanto que varias columnas de humo, procedentes de casas de serbios incendiadas, se elevaran al cielo mientras hacían su entrada en el pueblo los blindados españoles.

Lo que más me ha impresionado es cómo un país lleno de recursos trata de destruir lo poco que le queda”, se lamentaba Raquel Moreno González, alférez ATS.

La KFOR recibió, entre otras, estas misiones generales:

ΠFrenar las hostilidades de las fuerzas yugoslavas y serbias.
 Crear un entorno seguro y garantizar la seguridad pública.
Ž Desmilitarización del Ejército de Liberación de Kosovo y destrucción de armas.
 Asistencia en el retorno y reubicación de las personas desplazadas y refugiadas.
 Desminado, asistencia médica, apoyo en el establecimiento de instituciones civiles.
Especial atención a asegurar la libertad de movimientos de las etnias, a proporcionar seguridad a las minorías y a mantener el ambiente de seguridad dentro de su zona de responsabilidad.

Ésta no es una operación de resultados inmediatos. Hará falta prudencia y paciencia para llevarla a cabo” (Col. Díaz de Villegas).


Nunca habíamos visto tal grado de devastación, ni siquiera en Bosnia…. Pero, curiosamente, son pocas las instalaciones que presentan signos evidentes de combate”, aseguraba Valón. A mí Bosnia me marcó mucho. Me enseñó a ver la vida de otra manera y a valorar lo que tienes. Pero esto es distinto”, comentaba el legionario Juan López Anula. Las referencias a Bosnia son inevitables: La última llamada que el coronel Díaz de Villegas recibió antes de salir de España procedía de Stolac. Le llamaba el teniente Vicente Díaz de Villegas, su hijo.

Lo que se encontraron los legionarios fueron ciudades y pueblos fantasmas, con la mayoría de sus habitantes todavía refugiados en las montañas, enormes columnas de humo procedentes de casas quemadas, bien por los serbios en su retirada o por los propios albaneses con la finalidad de que los serbios, en su caso, no tuviesen a donde regresar, cadáveres de civiles y policías serbios, minorías étnicas amenazadas (si siempre se ha dicho que la represión serbia contra la población albanesa fue feroz, las posteriores represalias de éstos, con seguridad, no fueron menos horribles). En definitiva, un aspecto desolador. Las condiciones en las que empezaba la misión eran, pues, muy críticas. Inmediatamente, comenzaron las patrullas y los reconocimientos de las unidades del Grupo Táctico con la intención de conocer a la perfección las respectivas Zonas de Acción asignadas y ejercer el control de la zona, ocupando el vacío existente e impidiendo a los más extremistas albanokosovares, sobre todo los guerrilleros del UÇK, poder hacerse con el dominio de la situación. Entre los más destacados de entre ellos cabe citar al actual líder de la oposición en Kosovo, Ramush Haradinaj. Era fundamental, desde el primer momento, dejar bien claro quién detentaba la legalidad en la zona y hacer cumplir lo estipulado en el Acuerdo Técnico-Militar”, narraba el Cap. Melero. La mayoría de las calles -al llegar los legionarios- se encontraban todavía prácticamente vacías y continuamente se veían casas ardiendo. Con el tiempo se pudo comprobar que a la destrucción provocada por los serbios antes de abandonar Kosovo había que añadir la destrucción provocada por los propios kosovares quemando y destruyendo las casas que pertenecían a los serbios, con la finalidad de que si éstos volvían no tuviesen ninguna casa donde vivir. Así nos cuenta el Capitán Luis Rubio, jefe de la 2ª Compañía, su experiencia en la zona: "Cuando al fin llegamos al que iba a ser nuestro destacamento, ya era de noche. Rápidamente nos dimos cuenta del mucho trabajo por hacer. Había que añadir a nuestra tarea de poner un poco de orden en la zona, la de acondicionar la que se suponía iba a ser nuestra casa durante los próximos meses. Así, las primeras semanas fueron muy intensas, no había tiempo para nada, cuando no se estaba de misión, ya sea de guardia, de patrulla o montando un check-point, estábamos arreglando el destacamento, limpiando los termos o, sobre todo, la ardua tarea del mantenimiento de los BMR y el armamento.


Desde un principio se organizó la Compañía de la siguiente manera: Una Sección realizaba la patrulla del pueblo de Istok durante las 24 horas del día y defendía la iglesia ortodoxa de dicha localidad. Otra Sección patrullaba día y noche por toda la zona de acción de la Cía., defendiendo las 24 horas la iglesia de Ljubovo o bien montaba check-points aleatorios en los accesos al área de Asamblea de Vrela. Una tercera Sección daba seguridad al destacamento, que en muchas ocasiones había que alternar con misiones. Finalmente, otra Sección llevaba a cabo tareas de mantenimiento de BMR, armamento y transmisiones, además de trabajos de limpieza y mantenimiento en el destacamento. De esta manera, las semanas en Kosovo eran de sólo cuatro días. Nuestro domingo era la jornada de mantenimiento y se convertía en el único día que podíamos dormir toda la noche seguida. La estancia en Kosovo se puede dividir en tres etapas bien diferenciadas: Durante la primera, nuestro destacamento estaba situado en Banja. Era un lugar que reunía muy pocas condiciones tanto higiénicas como de seguridad. Durante la segunda etapa, nos trasladamos a un antiguo hotel de la zona, en el pueblo de Djurakovac. Aquí, tras unas semanas de trabajos para arreglar tanto la instalación eléctrica como otra serie de desperfectos, se consiguió tener toda clase de lujos, teniendo en cuenta el lugar donde estábamos: agua corriente las 24 horas del día, lavadora, 7 trabajadores contratados para realizar todas las tareas de limpieza, lavar la ropa y cocinar. Por último en una tercera etapa, y con un grupo de 165 kws, por fin podíamos cocinar en el destacamento.

En cuanto a las misiones cumplidas, también se pueden diferenciar tres fases bien distintas: En la primera de ellas, la misión fundamental era impedir los robos y sabotajes, así como conocer a los personajes más importantes de la zona mediante las patrullas y los controles en los accesos al área de la Asamblea de Vrela. En la segunda se realizaron registros en todas las casas de la zona con la correspondiente requisa de armamento. Se capturó mucho armamento pero, sobre todo, se consiguió concienciar a los habitantes de la zona de la prohibición de tener armas, algo habitual hasta entonces. En esta fase se procedió a cerrar todas las comisarías ilegales de la zona y a detener a quienes llevaban a cabo este tipo de actividades. En la tercera, la situación se tranquilizó bastante y empezó la temida rutina. Ya se oían menos disparos por la noche y cada vez se defendían más iglesias ortodoxas.

No podemos olvidar mencionar a la mascota de la compañía, el loro Ratko, que causaba sensación allá donde iba y al que había que cuidar mucho cuando llegó el crudo invierno, arropándole todas las noches con una manta encima de su jaula e, incluso, poniéndole un calefactor en las noches más frías".


Las unidades españolas comenzaron a cumplir esas misiones a la vez que acondicionaban sus propios destacamentos en los que no se disponía de los servicios mínimos (ni letrinas, ni seguridad perimetral, ni aparcamientos, ni cocinas...). A lo largo de los primeros ocho meses de presencia española en Kosovo (Junio 1999 – Enero 2000) los legionarios:

I.- Facilitaron el retorno de 800.000 desplazados de origen albanés, protegiendo a las minorías: En Junio el Grupo Táctico “Tizona” desplegaba una Sección de la VII Bandera en Durakovac para proteger el barrio –habitado por comunidad gitana- de agresiones de sus vecinos albanokosovares. “Desde entonces no se han producido más incidentes -aseguraba el teniente José Angulo-. La población recupera poco a poco la tranquilidad, pero pasará mucho tiempo antes de que se pueda hablar de una convivencia real”. El rencor tampoco respetaba a los más inocentes: Un BMR debía escoltar diariamente a los niños gitanos durante los dos kilómetros de recorrido que separaban su aldea del colegio en Zac. “Los profesores nos garantizaron que dentro de la escuela evitarían los incidentes, pero no se comprometieron a asegurar la integridad de los niños fuera de las aulas[13], aclaraba el Tte. Angulo.

El SPABAT realizaba la primera escolta a un convoy del ACNUR a finales de Junio, garantizando la seguridad de un grupo de serbios procedente de la localidad montenegrina de Kulina, que retornaban a Pec e Istok con el fin de comprobar el estado de sus hogares y sondear el ambiente con sus antiguos vecinos (la realidad les dejó claro que aún era pronto para regresar). Igualmente, los legionarios escoltaron otro convoy a finales de Julio, esta vez de refugiados albanokosovares que, procedentes del AOR francés, retornaba a Crkolez.

Igualmente, Una de las primeras acciones del Grupo Táctico fue la evacuación, a petición de los representantes de ACNUR, de un grupo de 172 gitanos desde una aldea cercana a Istok hasta Montenegro. Además de los medios de transporte, el GT proporcionó la seguridad al convoy y apoyo logístico sanitario y de alimentación (sin duda, como tituló un periódico nacional en aquellos días, La Legión salvó a estos gitanos de una muerte segura). Fue el inicio de una relación muy fructífera con casi todas las organizaciones Internacionales y No Gubernamentales que trabajaron en nuestra Zona y que valoraron, de forma unánime, nuestro trabajo”, recordaba el Capitán Melero.


CERCANÍA es la palabra que mejor define nuestra misión. El objetivo es familiarizar a la población con los uniformes españoles, facilitar su complicidad y adhesión. Nos hemos ganado la confianza de todas las etnias y hemos establecido un flujo de información y de relaciones envidiable –recalcaba el Cte. Bayo-. Las minorías se sienten seguras y todos los ciudadanos acuden directamente a nosotros. Conocemos sus problemas, sus dificultades…”. Se llegaron a poner en marcha patrullas nocturnas a pie con la cobertura de un blindado, pero “en el silencio nocturno los BMR son como elefantes en una cacharrería y la discreción es un aliado imprescindible para sorprender a los delincuentes”, se lamentaba el Jefe de Operaciones de la GT.

De día, los gitanos comenzaban a trabajar de nuevo sus campos, moviéndose con libertad dentro –eso sí- de los estrictos límites de sus aldeas. “Al principio –comentaba el Tte. Angulo- permanecían apiñados, inmóviles a la sombra de un árbol y sin perder de vista nuestro blindado”. De noche, las cosas cambiaban un poco: Medio centenar de personas se refugiaban en tres viviendas a tan sólo unos metros de la patrulla para que la vigilancia de la Sección fuera más efectiva. “No podemos poner un legionario en cada casa. La solución está en reunir durante la noche en un solo espacio a los ciudadanos más amenazados”.

Cuando llegamos a la zona -explicaba el Comandante Eugenio Bayo, jefe de Operaciones del GT “Valenzuela”- había 15 serbios en Crkolez y Suvo Grlo. Hoy son ya 200”. Eso sí, el coste era la 1ª Compañía de la Legión desplegada 24 horas para anular cualquier conato de violencia. “Hemos conseguido que, por lo menos, no se maten entre ellos”, señalaba el Teniente Coronel Pedro García Valón. Un primer paso, todavía insuficiente: El 13 de Octubre, 18 familias serbias tuvieron que renunciar a sumarse a la comunidad de Crkolez ante el rechazo frontal de más de 700 albanokosovares que se manifestaron por las calles del pueblo.


Además de en Zac y Crkolez, las secciones legionarias montaban guardia permanente para proteger a la minoría bosnia en Vitomirica o para vigilar lugares emblemáticos de la cultura serbia: Nueve iglesias ortodoxas y el pequeño monasterio de Goriok, cerca de Istok. “La madre Altuna (la superiora de Goriok) casi formaba parte de nuestro contingente, que salvó al monasterio de las llamas”, recordaría mucho después el general Luis Alejandre Sintes[14].

Las columnas de humo son constantes en la zona. Un vistazo al cielo nos alerta, una vez más, de que una vivienda está ardiendo”, afirmaba el Alférez Paris, jefe de una Sección de 4 BMR desplegada en Istok. Nos hemos visto forzados a emplear un “arma” y una “munición” para cuyo caso no estábamos adiestrados: La nariz y el olfato”. Los suboficiales que actuaban como jefes de patrulla se habían convertido en auténticos especialistas en la localización de incendios. Estas unidades de cuatro efectivos, tipo pelotón, trabajaban con rapidez y efectividad a la caza de los pirómanos. Pero con precaución: Cuando localizaban el origen del fuego, la aproximación al área se hacía en fila india con el armamento montado, poniendo el pie en el mismo sitio donde lo colocaba el guía del grupo ante la posibilidad de que la zona estuviera minada o existieran francotiradores.

Pero, como comentaban los legionarios, el restablecimiento de la normalidad iba a ser arduo y laborioso: Al principio no había nadie en las calles, pero nuestra presencia y el entorno de seguridad que hemos proporcionado fueron un aliciente para acelerar el regreso de los desplazados y la salida de los ciudadanos de sus escondites… Sin embargo, este repoblamiento acelerado ha motivado una nueva oleada de violencia –secuestros, asesinatos, extorsiones, destrucción de viviendas…-, esta vez contra serbios y gitanos, acusados de colaborar en la limpieza étnica”. El incidente más grave se producía el 22 de Julio, cuando una patrulla de la “Valenzuela” era tiroteada mientras estaba prestando seguridad a una comunidad gitana. El ataque fue repelido y cinco personas fueron detenidas, todas ellas albanokosovares. Tres días más tarde, otra patrulla española era recibida con fuego de kalashnikov desde una casa cuando acudió en defensa de la aldea de Mojstir, atacada por unos desconocidos (presumiblemente miembros del UÇK).

Esta es la narración de lo sucedido por el oficial al mando:

"Hoy a la Sección le han correspondido las misiones de seguridad del destacamento de Istok, es decir, seguridad del monasterio de Gorioc y patrullas tanto diurnas como nocturnas de modo esporádico para controlar las zonas aledañas y evitar así posibles acciones hostiles, además de un pelotón de reacción. Ya hemos realizado unos cuantos convoyes evacuando gente a la que iban a dar matarile, damos protección a pueblos enteros, a familias, a personas aisladas para evitar esto mismo, estamos familiarizados con la situación, vemos diariamente todo tipo de atrocidades cometidas por uno y otro bando pero lo que es difícil de asimilar es el olor a muerte, muerte por todos lados, se respira mal se mete hasta el celebro ese olor tan desagradable a descomposición mezclado con el humo.

La aldea de Sinaj está ardiendo de nuevo, yo no sé qué quemarán ahora sí ya está todo quemado, habrá que realizar una patrulla por si acaso, se da la orden al Pelotón de reacción, esta aldea que se encuentra próxima al destacamento, forma junto con Mojstir y Susica las tres a las que más veces hemos tenido que acudir estos días, todas están situadas al Sur de los montes de Mokra Gora, donde dicen al huir, es posible, son como una fortaleza natural y al otro lado está serbia donde se encontrarían protegidos. El observatorio del monasterio informa de ráfagas en dirección Este entre Sinaje y Mojstir, rápidamente la Tercera Sección ordena salir al Pelotón de reacción con la PLM de la Sección de seguridad, estamos listos para salir, dada la magnitud de las ráfagas, sale un BMR más.


Salimos apresuradamente, el Espíritu de Acudir al Fuego está muy presente, ya veremos con qué nos encontramos esta vez, todas las precauciones son pocas, así que hay que ir con todos los sentidos puestos. Los legionarios, cada uno en su puesto, sin decir nada, todos saben lo que tienen que hacer y lo hacen bien, las órdenes son claras y concisas, se oye a los jefes de Pelotón dando órdenes, la radio no para de sonar, entramos en Sinaje entre el humo, todos atentos cada uno con su sector, no se mueve ni un alma, las manos están aferradas a las armas, en cualquier momento se puede desencadenar algo y a nosotros no nos pillará desprevenidos. Suenan nuevamente ráfagas, ahora estamos más cerca y distinguimos, sin dudar, el sonido inconfundible del AK-47, hay bastante tomate y esta vez no se nos escaparán.

El Pelotón que avanza por el sur informa que ha encontrado a un albano-kosovar que viene huyendo de Mojstir donde dice que hay una buena montada. Sin problemas, se informa a la Tercera Sección, y ponemos rumbo urgentemente hacia allí, cada vez los oímos más cerca y se nos hace difícil averiguar el número de fusiles que pueden estar disparando, están al otro lado del espolón que tenemos delante, justo en Mojstir, hay que rodear el espolón y caer sobre ellos desde puntos dominantes para cogerlos en contrapendiente, mientras el Pelotón de TOW avanza por el suroeste de Mojstir y nos protege desde los BMR. El equipo de Milán que nos acompaña deberá tomar alturas del W. ligeramente retrasado para apoyar nuestra progresión, ya están dadas las órdenes, se ha informado al mando y procedemos. Sabemos que todo el puesto de mando está pendiente de nosotros ahora mismo, están escuchando las ráfagas y preocupados lógicamente, no es lo mismo estar viendo lo que tienes delante y actuar en consecuencia que escuchar por radio la situación. En el mismo lindero del bosque, en cuerpo a tierra, observamos algo que nos deja a todos atónitos, vemos cómo un grupo de personas vestidas de civil tiene retenidas a un grupo de mujeres y niños junto a dos grandes casas gritando y amenazándoles con sus armas a la vez que realizan disparos al aire intimidándolas, los críos no paran de llorar y las mujeres reflejan el horror en sus caras, a unos doscientos metros de este punto, observamos a un muchacho de unos doce años que huye desesperadamente de los disparos que efectúa otra persona que se encuentra forcejeando con el que después sabríamos que es su padre y que en el momento en que el serbio lo tenía en el suelo para pegarle un tiro, sin saber cómo, se abalanzó sobre él, y con las fuerzas que da la desesperación evitó su muerte y probablemente la de su familia.

Ante el panorama que teníamos delante y, tras evaluar la situación, había que ponerse en marcha de inmediato, al legionario no hay quién lo pare y mucho menos en esos momentos en que la adrenalina nos sale por las orejas ¡qué bueno es el Legionario! Si en todo momento se tiene presente el Espíritu de Disciplina, en ese momento se podía respirar. En el momento en el que nos disponíamos a informar por radio al mando de lo que teníamos delante, sentimos esos moscardones que nos zumbaban tan cerca ¡nos están disparando desde la izquierda! ¡Desde las piedras grandes!. Recibíamos fuego desde una posición al noroeste de la aldea, automáticamente, todavía no había terminado de ordenar fuego, cuando ya se estaba respondiendo a éste, en el mismo momento el grupo que estaba con las mujeres comenzó también a hacer fuego sobre nosotros.


Fue un momento de gran tensión en el que sólo se escuchaban disparos por todos lados, un intenso fuego cruzado. Estaban bien protegidos por suerte para ellos, las mujeres y los niños se refugiaron a la carrera dentro de la casa más próxima, la radio estaba que hervía, Vizcaíno se aproximó por el suroeste y al escuchar los motores, lo de siempre, a correr. No podían haber escogido mejor itinerario de repliegue, y si no lo escogieron no les pudo salir mejor, al amparo de un talud protegido por unos brezos altos comenzaron a correr cómo conejos pensando lo que se les podía venir encima, habían escuchado hablar de la Legión y ahora los tenían delante.

Al ver que huían, y para evitar que en su huida cometiesen cualquier barbaridad, aprovechamos la contrapendiente y bajamos a la carrera, el espectáculo era increíble, los legionarios desplegados en guerrilla salían del bosque a toda velocidad, la cara de ferocidad de los mismos, los fusiles a punto haciendo fuego cuando era necesario, las órdenes de los jefes de Pelotón y de los Cabos y, cómo no, esa manera tan nuestra de rajar que seguro que asusta a cualquiera, algo que, quieras o no, el que lo ve venir le tiene que dar algo por el cuerpo.

Cuando estábamos a unos metros de alcanzar el talud, algo pasó, desde detrás de los brezos salió lo que parecía una piedra, pero desde la que se desprendía un trocito, grité cuerpo a tierra y alguien gritó granada, creo que la mayoría dimos el barrigazo de nuestra vida y al instante, a unos quince metros de nosotros, hizo explosión el regalito que el muy canalla nos enviaba, aprovechando el momento para desaparecer".

Tampoco eran las primeras ocasiones en que las tropas españolas se veían obligadas a repeler una agresión (“una defensa propia sin restricción”, tal y como indicaban las Reglas de Enfrentamiento promulgadas por la Alianza): El 10 de Julio, miembros de la Guardia Civil recibieron disparos de pistola mientras identificaban a los conductores de unos autobuses en Zlokucane, y el día 13 una patrulla legionaria era atacada con fuego de fusilería mientras recogía información en la cárcel de Istok (en el primer caso fueron detenidas cuatro personas y en el segundo otras cuatro fueron también arrestadas).


Y el 5 de Noviembre, el propio Díaz de Villegas reprochaba al director del recién inaugurado instituto de Istok el haber convertido dicha apertura en una soflama anti-serbia, algo demasiado frecuente no sólo en esta localidad (cuyo barrio serbio fue reducido a escombros prácticamente en su totalidad), sino en todo Kosovo: “La reconstrucción económica y de infraestructuras no es la labor más urgente. La prioridad –subrayaba el Coronel- es la reconstrucción de mentalidades”.


Al final, los que deben volver son los serbios y albaneses inocentes. Independientemente de los fanatismos, lo que hay son acciones cobardes, porque no es de humanos, por ejemplo, apalear a un anciano y luego descerrajarle un tiro en la nuca. Por no hablar de lo que han sufrido las mujeres y los niños. Debemos contribuir a reescribir la historia de este país. Decirle a las nuevas generaciones que una vez hubo una guerra, que fue un horror, pero sin hablar de buenos y malos, y explicarles que sólo hay un camino: EL PERDÓN y LA RECONCILIACIÓN[15].

II.- Requisaron más de 3.000 fusiles, 600 subfusiles, seis millones de cartuchos, 140 morteros y 396 proyectiles, 200 ametralladoras, media tonelada de explosivos y más de 1.000 minas. “Persiste la cultura del arma –explicaba el Tcol. Valón-. Cada familia cuelga un kalashnikov a la entrada de su casa de la misma manera que en España el televisor tiene un lugar reservado en el salón. En un primer momento se apeló a la buena voluntad de los vecinos, pero nadie se desprendía de su fusil motu proprio, como tampoco cede nadie su nevera. Al principio, cada noche era un verbena”. Así que se decidió rastrear casa por casa, requisando la Legión el 40% de todo el armamento confiscado en la Zona. “Llegamos a encontrar hasta una antigua tanqueta italiana de la II Guerra Mundial, escondida en un granero”, recordaba el Comandante Bayo, quien añadía “Es imposible saber cuántas armas permanecen todavía enterradas en zulos en previsión de un nuevo estallido del conflicto, pero sí podemos afirmar que las que quedan se encuentran bajo tierra, inutilizadas y nadie se toma la molestia de desenvolverlas, engrasarlas y limpiarlas para cometer una locura”. El éxito de la operación lo constataba la vertiginosa reducción de la delincuencia, tanto en Istok como en Durakovac: Las patrullas diarias y el control efectuado durante los cuatro primeros meses de misión sobre 14.000 vehículos y 33.000 personas culminó con el arresto de 124 individuos. Sólo en Octubre, los trabajos de investigación y las denuncias tramitadas por el GT en estrecha colaboración con la Guardia Civil concluyeron en la clausura de dos comisarías clandestinas en Istok y Vrela[16], la detención de una banda armada integrada por un anciano de 70 años y sus tres hijos y el encarcelamiento de dos personas vinculadas a una unidad especial del UÇK, dedicada a la extorsión y el asesinato.


Debemos mantener una presencia activa permanente en la zona –explicaba el Alférez Matías Gutiérrez Paris, al referirse a los controles de 8 horas que se montaban en las carreteras-. Al montar un check-point[17] no pretendemos interferir de manera sistemática en la circulación, si bien es cierto que damos el alto a cualquier vehículo sospechoso: Aquéllos en los que se desplazan individuos que, uniformados o no, sean susceptibles de pertenecer al UÇK. La medida también afecta a los coches que transitan sin matrículas o con placas de Albania. En cualquier caso, realizamos un registro exhaustivo del vehículo. Si encontramos armamento, lo requisamos y sus portadores son entregados a la Guardia Civil”. Sobre estas detenciones existía una excepción, la de los oficiales superiores del UÇK, reconocidos por la KFOR y autorizados –junto a tres de sus escoltas- a llevar pistolas y armas largas no automáticas (todos disponían de una acreditación que les permitía libertad de movimientos).

Hay que tener en cuenta que, hasta que la misión de Naciones Unidas en Kosovo (UNMIK) se puso a punto, la KFOR actuaba como autoridad civil en Kosovo. Así se establecieron check-points y se realizaron registros con el resultado de requisar un gran número de armas, siendo la labor conjunta de la UINT (Unidad de Inteligencia) y de la Guardia Civil fundamental”, según el capitán Melero.

III.- Distribuyeron más de 150 toneladas de Ayuda humanitaria (por ejemplo, el 14 de Diciembre se repartían 150 cajones de material escolar y ropa infantil –donados por los familiares de los legionarios- en la escuela de Begovi Lukavac). Se distribuyeron Equipos Cívico-Militares por toda la región y que, en el caso de la Brigada italiana, estuvieron compuestos hasta finales de Junio exclusivamente por militares españoles pertenecientes a la Brigada de Infantería Ligera Urgel IV de San Clemente de Sasebas (Gerona). Cada Equipo estaba subdividido en cinco células, más una de Sanidad, constituidas a nivel Batallón. La correspondiente al contingente español se encontraba ubicada en Istok y operaba como la 5ª Sección del GT “Valenzuela”, compuesta por cuatro miembros pertenecientes al Cuartel General de la BRILEG. “Esta Unidad se constituye sólo en tiempos de guerra o en caso de misiones internacionales –explicaba el Comandante Juan Martín Cabrero, jefe de la célula-. El principal cometido es demostrar a la gente que queremos ayudarles a crear de nuevo las infraestructuras de un sistema social y normalizar su vida”. Uno de los principales retos que afrontaron fue la puesta en marcha de las tres oficinas de correos y teléfonos existentes en la comarca, así como las escuelas.


Debían transmitir confianza, reactivar la vida y, sobre todo, evitar enfrentamientos”, explicaba el ex Jefe del Estado Mayor del Ejército, el general Alejandre. La EMPATÍA DE NUESTRO EJÉRCITO CON LA POBLACIÓN LOCAL podía considerarse como el mayor logro español en esta misión. Son muchas las características de nuestras tropas que han contribuido a forjar esta buena relación: un carácter no prepotente, una experiencia histórica que nos acerca a sus problemas y el sabernos meter en la piel del otro. Un oficial lo explicaba perfectamente: “Las múltiples raíces de nuestra cultura nos permiten adaptarnos mejor a las inquietudes locales. Lo llevamos en la sangre. No es algo que pueda enseñarse antes de ir de misión, hay que vivirlo desde pequeño”.

IV.- Se llevaron a cabo muchos proyectos en beneficio de la población local, entre otros la construcción de una escuela en Suvo Grlo (localidad que, junto con Crkolez, constituían los dos asentamiento serbios en la ZO hispana), la equipación de dos colegios en Kalikane y Sinaje (capaces de albergar a 400 estudiantes), iluminación de varias localidades, suministro de agua en el pueblo de Kos, reparación de puentes, retirada de misiles y proyectiles no explosionados, vigilancia de iglesias, monumentos y lugares culturales serbios que podían ser destruidos, etc.

A estas misiones se añadió una desagradable tarea no prevista, la cual desbordó todas las previsiones del contingente español: El levantamiento de cadáveres que aparecían diseminados a diario por aldeas y campos. Mención aparte merecían las 31 fosas comunes con los restos de 748 personas encontrados en el sector de la Brigada italiana, cuatro de ellas ubicadas en la comarca de Istok. El levantamiento de los cuerpos fue asumido por la Guardia Civil, misión en la que también participaban los legionarios para la localización de los cadáveres y los médicos del EMAT como forenses. “Son crímenes ejecutados por una u otra etnia, aunque las víctimas más recientes son los serbios –explicaba el Teniente Valentín Villamayor, jefe de la Unidad de la Benemérita, cuya mayoría de componentes provenía del GAR-. En nuestra área de responsabilidad nos guiamos por el sistema jurídico español, ya que Kosovo carece de instituciones judiciales. Los delitos más comunes son los propios de una situación posbélica. Cuando un refugiado vuelve a su casa y la encuentra quemada, emplea todos los recursos necesarios para levantarla y rehacer su vida. Los robos y saqueos son los propios de una delincuencia de subsistencia, pero cuando se trata de venganzas personales que derivan en el asesinato o en el incendio de las casas y comercios, los arrestos se hacen en toda regla y se inicia una investigación. Si se comprueba la culpabilidad de individuo, se traslada al detenido a la unidad central de la Policía Militar de Pec, gestionada por los carabinieri italianos”.

En el levantamiento de cadáveres también estaban trabajando como forenses los médicos del EMAT Centro, “aunque nos limitamos a certificar las causas de la muerte y no realizamos autopsias”, matizaba el Comandante Manuel Guiote, jefe de la Unidad[18].

Entre los sucesos, destacar que tres legionarios de la Primera Compañía VII Bandera resultaban heridos el 29 de Septiembre cerca de Rakos en accidente de tráfico cuando daban protección a la iglesia ortodoxa de Velika: El cabo primero Tomás Jesús Llera Muñoz tiene traumatismo cráneo-facial severo con fractura de mandíbula y maxilar, según le ha sido diagnosticado en el Escalón Médico Avanzado, a donde fue trasladado inmediatamente. Además del Cabo 1º resultaron heridos leves otros dos legionarios que acompañaban a Llera en el BMR en que viajaban, que volcó al ceder el terreno sobre el que circulaban.


Esa primera agrupación estuvo desplegada en Kosovo hasta el 20 de Enero de 2000, cuando fue relevada por el Grupo Táctico “Ortiz de Zárate” (basado en la III Bandera de la BRIPAC[19]). Pero el trabajo más duro ya estaba hecho: Los sólidos cimientos ya estaban asentados por los pioneros del chapiri. Ellos dejaron la huella que a otros correspondía seguir: “Continuar la labor es fácil. Lo difícil es partir de cero”, aseguraba un oficial… Y así, 8 meses después, los legionarios y soldados de la Agrupación española encuadrados en la KSPAGT I regresaron a casa satisfechos de haber sido fieles a su Credo y a lo que el General Jefe de la Fuerza de Acción Rápida les había dicho al salir del puerto de Almería: “España confía en la Legión para las misiones internacionales. Un orgullo que se tiene que demostrar en tierras kosovares”.

THANK YOU SPAIN” se leía en un cartel, junto al dibujo de la bandera de España, colocado en la salida Sur de Istok. La frase lo resumía todo. La Legión –como luego la BRIPAC, la BRILAT o la Brigada de Cazadores de Montaña u otras muchas Unidades- ayudó a estabilizar esta zona de Europa, una labor imprescindible para los expertos militares que consideran que “cualquier punto desestabilizado, repercute a corto o mediano plazo en otras sociedades”. Porque los legionarios hacían bueno aquel dicho de “LO IMPOSIBLE LO HACEMOS DE INMEDIATO. PARA LOS MILAGROS... TARDAMOS UN POCO MÁS” (aquello de “Lo difícil lo hacemos de inmediato. Lo imposible tardamos un poquito más” se les quedaba corto a los CL). Y en Kosovo lo habían vuelto a demostrar. Porque nuestra Legión es mucha Legión.


LO QUE HACE FALTA ES QUE TODOS REGRESEN A SU TIERRA, Y PARA ESO ESTÁ AQUÍ LA LEGIÓN (Col. Díaz de Villegas).



Caminante, son tus huellas
el camino y nada más.
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar” (Antonio Machado).

LA LEGIÓN, siempre abriendo camino…



[1] Y un destacamento del mismo en Katlanovo, a siete kilómetros de Petrovec.
[2] Elías Corral Sáez, legionario de primera y conductor de BMR, adscrito al pelotón de misiles contra-carro Milán, se enteró de que debía marcharse a Kosovo cinco días antes de que zarpara el barco desde el puerto de Almería. A él no le correspondía venir, ya que no pertenecía a la VII Bandera de la Legión sino a la VIII, pero a última hora lo reclamaron porque había plazas vacantes. “La verdad es que me alegré, porque la máxima ilusión de cualquier miembro de la Legión es participar en una misión como ésta”.
[3] La Cía. de Zapadores (67 efectivos) quedaría ubicada en Vitomirica, cerca de Klina, en las mismas instalaciones que ocupaba el Batallón de Ingenieros italiano. La Unidad estaba compuesta por un equipo de reconocimiento, una sección mecanizada de zapadores, un pelotón de máquinas, una sección de apoyo y un equipo de técnicos especialistas en la desactivación de explosivos: El mayor esfuerzo del Equipo TEDAX se centra en los artilugios trampeados que, por regla general, fueron colocados por los serbios en sus propias casas y comercios o en las de los albano-kosovares para evitar que fueran ocupados por los refugiados a su regreso. (…) Los artefactos que hemos localizado y desactivado son bastante rudimentarios. Resulta más sencillo neutralizar estos artefactos porque suelen ser eléctricos. Están compuestos por tres elementos básicos: Batería, dispositivo de iniciación y el explosivo en sí. Eso significa que cortar el cable de la batería es suficiente para neutralizarlo. Si fuera electrónico, el empleo de la “tijera” sería inútil, porque el artilugio se activaría igualmente mediante un relé y, finalmente, explotaría. Sobre todas estas clases de artefactos de fabricación casera tenemos suficientes referencias. En realidad, se trata de material empleado habitualmente por la mafia albanesa para intimidar a sus víctimas” (Sargento TEDAX Enrique Fuentes, En José Luis Expósito: “Tranquilidad y Pulso de Hierro”. “Revista Española de Defensa” No 139, Septiembre de 1999, páginas 65 y 66).
[4] Fernando Melero y Claudio. Revista “La Legión” No 508 (2009), página 3.
[5] El KNSE (333 efectivos), compuesto por las unidades logísticas AALOG 21 de Sevilla y UALOG XXII de Granada, así como por el equipo médico del EMAT de Zaragoza, permanecería en ZO únicamente cuatro meses, siendo relevados en Noviembre. De este Escalón Logístico dependía en buena medida la efectividad del contingente. En Petrovec quedaría basado: El Puesto de Mando Logístico, la Plana Mayor y de Servicios, la terminal aérea y el centro de suministros y distribución del material.
[6] De regreso a España, los buques harían escala en Durrës para embarcar parte del material y del contingente que levantó el campamento de refugiados de Hamallaj).
[7] Revista “Fuerzas de Defensa y Seguridad” (Septiembre de 2009).
[8] La Brigada Multinacional Oeste debía (teóricamente) estar compuesta por 5.250 efectivos italianos y 300 portugueses, a los que ahora se unían los españoles.
[9] El 21 de Junio comenzó oficialmente la desmilitarización del UÇK. Una semana después, los guerrilleros del Ejército de Liberación tenían prohibido lucir su uniforme militar y portar cualquier tipo de armas fuera de las zonas de reunión establecidas por la KFOR para su concentración. En la comarca de Istok existía un área asamblearia bajo responsabilidad española en la localidad de Vrela, donde se concentraba la 133ª Brigada del UÇK, formada por cerca de medio millar de hombres. El Tcol. García Valón había llegado a un acuerdo de colaboración con su comandante en jefe para filiar con nombres y apellidos a cada uno de sus componentes: “Es la única zona de reunión del UÇK en Kosovo donde se ha tomado una medida de este tipo”.
[10] Una de las muchas misiones que desarrolló el GT “Valenzuela” fue la de verificar la total retirada del Ejército y Policía yugoslava, esta última en cualquiera de sus formas. Con este fin, y como consecuencia de la detección de patrullas serbias de carácter paramilitar (con las que se llegó al intercambio de disparos en la zona de Mokra Gora, a unos 4 km. al norte de Istok donde se ubicaba el puesto de mando del Grupo Táctico), el día 1 de Agosto se llevó a cabo una operación de helitransporte. Dicha acción fue seguida de un reconocimiento de los principales senderos y caminos de la zona. La zona peinada estaba muy próxima -en su origen- a la frontera con Serbia, con una altitud media de 1.250 m., muy compartimentada y escarpada (y cubierta por una imponente masa de altos pinos y, el fondo de los valles, estaba horadado por el efecto de las lluvias, dejando a la vista grandes piedras). Se le asignó la misión a la 1ª Compañía de Fusileros, que se organizó en tres patrullas, una al mando del Tte. Romero, progresando al este, otra bajo las órdenes del Tte. Alonso de Liévana al oeste y, otra al mando del Sgto. Calderón marchando por el intervalo. En esta última se situó el Capitán Carreras, Jefe de la Compañía, actuando como puesto de mando (PC) móvil de la operación. Con unas condiciones meteorológicas inmejorables se partió del helipuerto de Rakos, sede del destacamento de la Compañía, a bordo de un helicóptero de transporte pesado CH47 Chinook. Como zona desembarco fue elegido un collado a un kilómetro al norte del vértice Stropacka (1.589 m.). Una vez allí y tras un ordenado y rápido desembarco, las patrullas iniciaron el reconocimiento a lo largo de los tres ejes de progresión marcados en dirección norte-sur. Una línea de coordinación fue establecida para mejorar el control y la coordinación del avance de las patrullas. Una vez articulados los tres grupos, se inició el avance simultáneo por los ejes. Dicho avance fue lento, debido, primero, al alto grado de atención y cuidado que se ponía en él, dada la probabilidad de encuentro con patrullas provenientes del otro lado de la frontera o cualquier tipo de trampa que hubieran podido colocar, y segundo, lo abrupto del terreno que forzaba a ralentizar la marcha y prestar especial atención a donde se ponían los pies. Los puntos finales fueron distintos para las tres patrullas, siendo éstos, pequeñas aldeas al pie de la montaña. En ellos aguardaban los BMR de la Sección de apoyo que trasladaron a las patrullas al destacamento de Rakos, donde les esperaba un merecido descanso a unos y una imprescindible guardia a otros.
[11] En el cuartel de Rakos, ubicado en una antigua escuela (en Zlokucane era una oficina de correos), no había teléfono. La lejanía de la familia era lo que peor llevan los legionarios. Mucho peor que la falta de comida caliente, electricidad o agua durante los primeros días. El dormir en sacos y en tiendas de campaña… O el retraso en la llegada de las letrinas, que obliga a salir al campo, con el Cetme a cuestas, para satisfacer las necesidades más perentorias. En cambio, la distancia era más dura.
[12] La 3ª Compañía fue encargada de cubrir la zona sur del despliegue del GT, estableciendo el Puesto de mando en la localidad de Zlokucane. La población existente era predominante de origen albanés, habiendo huido de la zona toda la población serbia antes de la llegada de las fuerzas propias. Sin embargo, había algunas minorías (de etnia gitana, bosniaca y albaneses católicos) que animaron la misión por los conflictos que su presencia en la zona provocaba. En el contexto físico y humano antes descrito, la Compañía se encontró una situación inestable de posguerra, con un vacío de poder en todas las instituciones locales, sin policía, con una organización guerrillera (UÇK) campando por sus respetos, y un gran nivel de destrucción y necesidad entre los habitantes de la zona. Además, en un principio hubo que luchar contra las venganzas y resentimientos provocados por la guerra, todo ello agravado por la gran cantidad de armamento descontrolado existente en la zona. La necesidad derivó en actos de saqueo y bandidaje. Todos estos factores configuraban un entorno ideal para la actuación de las mafias albanesas, que intentaron, sin éxito, actuar en la zona española.
Como elementos peculiares en la zona cubierta por la 3ª Compañía cabe destacar: La presencia de una población de etnia gitana (poblado de Zac), compuesta por unas 170 personas, con un alto porcentaje infantil y que se encontraba amenazada por extremistas albaneses que les acusaban de haber colaborado con los serbios en la campaña de limpieza étnica realizada en la zona. La existencia de una amplia población de religión católica, concentrada en la parte sur de la zona de acción y que también sufrió agresiones aisladas por parte de extremistas musulmanes. La ubicación en la zona de tres ermitas ortodoxas, permanentemente amenazadas por constituir para los musulmanes albaneses un símbolo del nacionalismo serbio. La actuación de bandas organizadas dedicadas al saqueo y la extorsión, cuya actuación resultaba especialmente sencilla debido al hábitat rural disperso predominante en el área. Para la ejecución de las misiones de patrullaje y protección permanente de puntos sensibles se llevaron a cabo, entre otras, las siguientes acciones: Establecimiento de check-points. Registros de casas y confiscación de armamento; controles ocultos y apostaderos y escolta de autoridades y minorías. Asimismo, la colaboración con ONG proporcionándoles apoyos en información y medios, el reparto de ayuda en algunas ocasiones y la asistencia médico-sanitaria a la población local, fueron actividades permanentes a lo largo de toda la misión.
La ejecución de todas las misiones encomendadas anteriormente, conllevó un continuo contacto con la población civil, cuya simpatía se ganaron los legionarios gracias a su carácter y generosidad. Especialmente estrecha fue la relación con la población gitana de Zac, debido a la continua permanencia de una patrulla de la Compañía dándoles seguridad. En más de una ocasión hubo que responder al fuego de hostigamiento realizado por albanokosovares en busca de venganza. “Las 24 horas de presencia en el poblado convirtieron al mismo en una especie de centro de instrucción, cuyos reclutas eran los abundantes niños presentes en la aldea, que tras 7 meses, saludaban con el codo hacia atrás, braceaban con el puño por encima del gorrillo, y hacían orden cerrado a la perfección”, comentaba el oficial al mando. Tantos meses de misiones continuas fueron acompañados de gran cantidad de anécdotas, siendo quizás, la más destacada, la protagonizada por el Pelotón del Sgto.1º Gracián: Éste recibió la misión de escoltar con su vehículo a un testigo y un acusado a determinada población, para lo cual debían vadear un río. En dicho vadeo, el BMR perdió rueda y se hundió. El testigo y el acusado no salían de su asombro cuando por las troneras del vehículo veían subir el nivel del agua, uniéndose en la desgracia y echando una mano a la hora de achicar el agua. Desde ese momento, el vehículo fue bautizado con el nombre de “Titanic”.
[13] Dentro de la zona de acción asignada a la 3ª Compañía se encontraba un núcleo de población de etnia gitana en una localidad llamada Zac. Esta población se encontraba amenazada por elementos extremistas albano-kosovares que les acusaban de colaboracionismo con los serbios en la campaña de limpieza étnica llevada a cabo en la zona. Por esas fechas se produjeron dos incidentes que agravaron sensiblemente la situación; el secuestro del marido y el hermano de una de las habitantes del poblado y el asesinato de un matrimonio de edad avanzada en su propia casa. Estos hechos llevaron al mando a tomar decisión de dar seguridad permanente a los habitantes de etnia gitana de Zac, estableciéndose la seguridad mediante la presencia 24 horas de un Pelotón reforzado en el lugar. Los encargados de repartir la ayuda humanitaria a la zona se negaban a hacerlo a la población gitana, hecho que se denunció repetidas veces y que se solucionó llevando la ayuda a pie de obra. A veces, cuando tardaba en llegar, era frecuente ver a los legionarios compartir su comida y sus raciones con los niños y ancianos del lugar, quedándose en ocasiones sin comer. Esta generosidad era comprendida y agradecida por los gitanos, que respondían compartiendo con los legionarios lo poco que tenían. Era frecuente ver en la tienda del Cuerpo de Guardia café turco, té y repostería de circunstancias, confeccionada por los habitantes del pueblo. Tantas horas de convivencia y el carácter abierto y generoso de nuestra tropa, provocó que la población, sobre todo la infantil, tomara un especial cariño a los legionarios. A muchos les conocían por sus nombres, y cuando alguno faltaba a lista (ya por permiso o por otra circunstancia), enseguida preguntaban por él. Los legionarios del turno de descanso se constituían en improvisados instructores de reclutas, que no eran otros sino los numerosos niños del poblado, que incluyeron entre sus juegos el orden cerrado (con y sin "armas") y el de combate. Eran como un pequeño ejército, que colaboraban incluso en la seguridad, alertando a la patrulla de la llegada de algún vehículo, reconociendo a sus ocupantes, etc. También se les escoltaba en su camino hasta el colegio del pueblo, y había que tener cuidado, ya que en cuanto uno se descuidaba, se encontraba a un racimo de niños enganchados del BMR, escaqueándose de la caminata diaria… Fueron muchos momentos, que quedaron grabados en la mente y los corazones de los legionarios, y también en la de los habitantes de Zac, a cuyos ojos asomaron las lágrimas en los días del relevo. Porque hay varias maneras de cumplir la misión, y los legionarios escogieron la mejor: preservaron la vida de todos los habitantes de Zac, ganándose, a la vez, sus corazones.
[14]El Imparcial”, 18 de Septiembre de 2009. El monasterio de San Nicolás, más conocido por monasterio de Gorioc, se encuentra situado al nordeste del pueblo de Istok, sobre un suave espolón que domina toda la zona de Grab y la zona este de Istok, en la falda de las impresionantes montañas de Mokra Gora, que hacen de frontera natural entre la región de Kosovo y Serbia. Esta situación privilegiada determinó que allí se asentara una Sección del Ejército serbio con medios mecanizados y morteros desde donde batían toda la zona. Se trata de un monasterio ortodoxo cuyos orígenes datan de los siglos XII o XIII de una belleza singular tanto por su estilo como por sus frescos e iconos de diversas épocas allí guardados. El Pope, persona que con una mirada lo decía todo, de una sabiduría y una lucidez exquisita, justo, agradecido y con el inmenso mérito de gobernar a su tropa perfectamente. Este era el típico pope ortodoxo o, por lo menos como nos imaginamos a un pope: Barba blanca larguísima, pelo también largo, sus humildes hábitos recogidos por un cinturón de cuero y tocado con su gorro negro con una gran cruz. Bastante mayor pero sin poder precisar la edad y delicado de salud. Muchas anécdotas se produjeron en tanto tiempo que allí estuvo la “Valenzuela”, además de una gran cantidad de visitas pues todo el que por aquellas tierras aparecía tenía que pasar por el monasterio. Esto lo agradecían una barbaridad las monjas, que se sentían completamente aisladas -puesto que sólo podían contar con los legionarios y una radio con la que enlazaban con Serbia-. Momentos muy buenos y momentos muy amargos los allí pasados por los legionarios: Los amargos venían de la mano de los refugiados que lo habían perdido todo y que hacían cola para subir al observatorio, pedirle al legionario de turno sus prismáticos y decir con lágrimas en los ojos “aquélla era mi casa”; o aquellos otros que eran evacuados al vecino Montenegro. A todos les habían hablado de los legionarios españoles, de que se preocupaban por ellos... Pero el recuerdo más hondo era el del cariño de las monjas que empezaron a llorar y a encerrarse en sus aposentos el mismo día que se enteraron que relevaban a los legionarios. Esos ciudadanos que con pocos medios trataban de dispensar a los legionarios para que no les faltase su café, sus pastelitos, su queso y, cómo no, su rakija cuando no la escondía el Pope para que la monja Teodora no se lo bebiese.
[15] Coronel Díaz de Villegas: “Debemos Reescribir la Historia de esta Región”. “Revista Española de Defensa”, Julio-Agosto de 1999, página 10.
[16] El 21 de Octubre, el GT ejecutó la operación “Alhucemas 2”, simultánea en las “Comisarías” (por supuesto ilegales) de Istok, Djurakovac y Vrela con la finalidad de desarticular las “policías” de dichas localidades, procediendo al precinto de los locales y la detención de sus miembros. Del registro, requisa de documentación e interrogatorio a los detenidos se obtuvo una valiosa información que se explotó a lo largo de la misión, destacando el descubrimiento de una lista de personas amenazadas de muerte por el UÇK. No obstante, ya, con anterioridad (mediados de Julio) se había desarrollado una operación similar simultáneamente en Istok, Rakos, Banja y Durakovac. En cada localidad participaron 40 legionarios con tres BMR, reforzados por la Guardia Civil, lo que supuso la detención de seis individuos y la incautación de gran cantidad de equipo de transmisiones y armamento.
[17] Estos check-points, a diferencia de los controles italianos, siempre eran móviles y en fechas aleatorias.
[18] El EMAT, como unidad de Sanidad de acción rápida, modular y aero-transportable, contaba con un hospital de campaña de veinte camas y cuatro equipos (quirúrgico, odontológico, veterinario y farmacéutico) instalados en el acuartelamiento de Istok, así como otros cuatro de estabilización sobre BMR activados en cada destacamento y uno en reserva.
[19] Al mando del Coronel Alfredo Cardona Torres.

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